Source: The Conversation – (in Spanish) – By África Yolanda Gómez Pérez, Investigadora predoctoral en Neuropsicología, Universidad de Málaga
Cuando tratamos de entender el mundo que nos rodea, tendemos a buscar explicaciones en la ciencia. ¿Está ese hecho comprobado científicamente? Así intentamos dar solidez a nuestros argumentos y guiarnos sobre lo que conocemos sobre nuestro entorno y cómo nos relacionamos con él. Pero ¿qué convierte algo en evidencia científica?
Todo empieza con el método científico
Por definición, la evidencia científica es aquella que resulta de la observación objetiva, sistemática y repetida en idénticas condiciones de un fenómeno, apoyando o refutando una hipótesis determinada. Siendo así, podría pensarse que cualquier persona de a pie podría producir evidencia científica si cumple estas condiciones.
Sin embargo, para asegurar que la comprobación de una hipótesis sea válida, es necesario que las observaciones y los experimentos se realicen siempre de la misma forma. Aquí entra en juego el método científico, que establece los pasos o criterios a seguir para asegurar rigurosidad en la experimentación. Conocerlo –y respetarlo– es el primer requisito para poder realizar investigaciones que resulten en evidencia científica.
El método científico guía a los investigadores incluso antes de empezar a planificar un estudio o experimento. Para poder seguirlo, es esencial tener un conocimiento profundo de los últimos avances en el área en la que se trabaja. Conocer y comprender qué se ha investigado hasta el momento y cómo se ha hecho es lo que permite identificar una brecha en la investigación. Esta brecha puede ser una necesidad, un problema sin resolver, una pregunta sin respuesta.
Hora de formular la hipótesis
Una vez identificado el objeto de estudio, es posible formular una hipótesis, que no es más que una suposición tentativa sobre la explicación de ese problema sin resolver. Las hipótesis deben ser concisas y directas. Además, es imprescindible que una hipótesis sea falsable, es decir, se debe poder comprobar si es falsa.
Por lo tanto, al plantear una investigación para comprobar si una hipótesis es acertada o no, lo primero es tener el conocimiento teórico sobre el área de estudio, sí. Pero también son necesarios conocimientos técnicos: es esencial conocer y saber emplear las técnicas disponibles de recogida y análisis de datos que permitan comprobar la hipótesis propuesta. Solo entonces puede llevarse a cabo un experimento riguroso que responda a la pregunta de investigación.
La importancia de la comunidad científica
Es evidente que cumplir con las exigencias del método científico puede ser una tarea ardua. Por eso, tener un equipo de investigación con el que colaborar resulta un recurso extremadamente valioso. Un buen equipo no solo aligera la carga de trabajo, sino que puede ser la clave para enriquecer el estudio y asegurar su calidad y objetividad.
La publicación de los resultados es otro paso esencial. Pero no puede publicarse cualquier resultado: todos los trabajos son revisados por otros científicos para asegurar la calidad de la investigación. Este paso se llama revisión por pares y no sería posible sin la colaboración de la comunidad científica.
De la misma forma, la interacción con el trabajo de otros investigadores es la que promueve el avance científico. Y aquí un aspecto especialmente importante es la replicación de estudios previos. Replicar una investigación consiste, básicamente, en repetirla bajo las mismas condiciones pero con datos diferentes, para comprobar si los resultados obtenidos son los mismos.
Que una investigación sea replicada aporta credibilidad a sus resultados y conclusiones. En otras palabras, es la forma en la que la evidencia científica se asienta y gana robustez.
La crisis de replicación
A pesar de poder ser replicada, estar constantemente en tela de juicio es parte de la esencia de la evidencia científica. Si nuevos avances la contradicen, lo que previamente se asumió como cierto debe revisarse.
Esto se convierte en un problema cuando investigaciones que han sustentado la base teórica en un campo de estudio durante años no pueden ser replicadas. Si esto ocurre de forma sistemática, su credibilidad cae en picado.
Aunque se trata de un problema que puede encontrarse en muchas de las ramas de la ciencia, ha generado especial preocupación en áreas como la medicina, la psicología y la neurociencia. Algunos estudios han encontrado que solo aproximadamente la mitad de las investigaciones publicadas podría replicarse.
Hay numerosos factores que pueden afectar a la replicabilidad de una investigación, desde sesgos no controlados hasta errores o, incluso, malas prácticas intencionadas. Para evitar esto, un punto de partida fundamental es guiarse por los principios de integridad en la investigación y códigos de buenas prácticas científicas internacionales.
Pero ¿hay algo más que podamos hacer para asegurar el rigor en la investigación?
La propuesta de la ciencia abierta
La llamada crisis de replicación ha promovido lo que se conoce como la metaciencia. Esta analiza cómo se hace la ciencia, los métodos que se utilizan y las prácticas que se llevan a cabo, con el objetivo de identificar dónde están los puntos débiles y poder mejorar la calidad de las investigaciones.
La ciencia abierta, que se fundamenta en la transparencia y la accesibilidad de los datos de investigación, es la propuesta que surge de toda esta crisis. Impulsada por iniciativas como el Center for Open Science (COS) y su plataforma Open Science Framework (OSF), apuesta por prácticas como los prerregistros, que permiten hacer un seguimiento de las investigaciones desde su planificación hasta la publicación de los resultados. Además, esta perspectiva pone el foco en la publicación en abierto, es decir, accesible de forma gratuita.
Así, haciendo la ciencia accesible, transparente y colaborativa, la evidencia científica parece ser menos un concepto etéreo e inalcanzable, algo de lo que solo puedan participar unos cuantos elegidos. Cualquier persona con curiosidad y rigor metodológico puede participar de ella y, de esa forma, contribuir a ese escurridizo esfuerzo de la humanidad por comprender el mundo que habitamos.
![]()
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. Qué es la ‘crisis de replicación’ de la ciencia y cómo solucionarla – https://theconversation.com/que-es-la-crisis-de-replicacion-de-la-ciencia-y-como-solucionarla-270096

