Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Carmen Llasat Botija, Catedrática de Física de la Atmósfera, Departamento de Física Aplicada, Universitat de Barcelona

En las pasadas semanas, la dana bautizada como “Adam” provocó a su paso un temporal de tormentas y lluvias intensas que afectó principalmente al este y sur de España. Las precipitaciones obligaron a activar el Plan ante el Riesgo de Inundaciones en Andalucía y el Plan Especial de Emergencias por Inundaciones de Cataluña (INUNCAT) y a emitir diferentes alertas a través del sistema Es-Alert.
La situación no es nueva. De hecho, las inundaciones forman parte del panorama climático mediterráneo, pero las lluvias son cada vez más fuertes y duraderas. En este contexto, los sistemas de alerta temprana representan un instrumento fundamental para proteger a la población, pero la comunicación de los riesgos va más allá. Porque de nada sirve alertar si las personas no tienen claro cómo deben responder.
Los sistemas de alerta temprana salvan vidas
El 7 de noviembre de 2022, en el contexto de la cumbre de líderes mundiales en la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (la COP27), el secretario general de la ONU lanzó el plan de acción de la iniciativa Alertas Tempranas para Todos (Early Warning for All, EW4All): “Hago un llamado para que todos los habitantes de la Tierra cuenten con sistemas de alerta temprana en un plazo de cinco años, con la prioridad de apoyar primero a los más vulnerables”.
En aquel momento el plan ya había recibido el apoyo de una declaración conjunta firmada por cincuenta países y una inversión inicial de 3 100 millones de dólares, que posteriormente se complementaría con fondos dedicados a la adaptación. Su objetivo era conseguir que todas las personas del planeta estuviesen protegidas por sistemas de alerta temprana frente a fenómenos meteorológicos, hidrológicos y climáticos peligrosos para finales de 2027.
La iniciativa nacía de la advertencia de la Organización Meteorológica Mundial de que, si bien las catástrofes relacionadas con el clima se habían quintuplicado en 50 años, el número de víctimas estaba disminuyendo gracias a la mejora de los sistemas de alerta.
Primeras iniciativas en Europa y España
En Europa, esta llamada no era totalmente nueva. En el año 2001 la Comisión Europea había creado el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea (MPCU) para mejorar la cooperación, preparación y respuesta ante catástrofes.
Seis años después, en 2007, la red de servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales de Europa, EUMETNET, lanzó internacionalmente MeteoAlarm, que permitía (y sigue permitiendo) consultar los avisos de peligro emitidos por numerosos servicios meteorológicos nacionales europeos mediante un sistema armonizado de colores, el mismo que utilizan tanto la Agencia Estatal de Meteorología española (AEMET) como el Servei Meteorològic de Catalunya (SMC) y el resto de los servicios autonómicos.
De hecho, en España, la Ley de Protección Civil de 1985 ya contemplaba la creación de una Red de Alarma Nacional. Y también en los 80 el Instituto Nacional de Meteorología había desarrollado ya un incipiente sistema de avisos, PREVIMET, que evolucionaría hasta dar lugar en 2006 al sistema de avisos Meteoalerta.
Los avisos meteorológicos y las alertas de protección civil son sistemas diferentes, pero están muy vinculados a la hora de informar a la población de riesgos relacionados con fenómenos meteorológicos.
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La comunicación en los sistemas de alerta temprana
Entonces, ¿cual es la novedad del EW4All en Europa? Puede resumirse en cuatro pilares.
El sistema EW4All plantea una estrategia que va más allá de los avisos y las alertas y que toma forma dándole un papel relevante a la comunicación. Además, tiene la ventaja que se puede aplicar desde la escala global, con la participación de organismos como la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), a la escala municipal.
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El primer pilar se basa en el conocimiento del riesgo de desastres. Es la parte más científica, en la que se incluyen los avances en la mejora de los modelos de predicción de fenómenos hidrometeorológicos adversos y de sus impactos. Incluye también la garantía del acceso a datos científicos, información y conocimientos fiables y comprensibles sobre los riesgos. La necesidad de una buena comunicación entre expertos que permita avanzar de una forma eficiente y rigurosa es aquí clave, como también lo es abordar el riesgo de desastres desde una perspectiva holística que engarce todas sus dimensiones.
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El segundo pilar está constituido por la detección, observación, seguimiento, análisis y previsión de peligros hidrometeorológicos. Si el anterior estaba más vinculado con la investigación y desarrollo, este se centra en la operatividad, ya que ha de asegurar sistemas de vigilancia y pronóstico fiables para anticipar los riesgos y su evolución. Entrarían aquí tanto los avisos como las alertas. La comunicación y coordinación entre organismos vinculados como pueden ser servicios meteorológicos, hidrológicos y de protección civil, así como la gobernanza de las situaciones de crisis, forma parte mayoritariamente de este pilar.
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El tercer pilar se focaliza en la difusión y comunicación de alertas. Se basa en implementar un enfoque centrado en las personas para que los avisos lleguen de forma oportuna, clara y útil a toda la población en riesgo. Los medios, el cuándo, el cómo y el qué de los mensajes son aquí claves. En 2018 nació la directiva europea que establecía los requisitos para las alertas públicas mediante comunicaciones móviles, como sería el caso de Es-Alert. Un difícil equilibrio teniendo en cuenta que la predicción de situaciones extremas está siempre impregnada de incertidumbre.
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- El cuarto y último pilar es clave para que todo lo anterior tenga éxito. Se trata de la preparación y capacidad de respuesta. Hay que asegurar que las comunidades y las autoridades sepan cómo actuar tras recibir una alerta para salvar vidas y reducir daños, sin olvidar a aquellas personas más vulnerables.
Mitigar las inundaciones, adaptarse a su aumento, requiere un cambio de percepción, una respuesta proactiva de la población. La comunicación entre el conocimiento experto, los procesos de creación comunitaria y la ciencia ciudadana desempeña aquí un papel decisivo. Una buena capacidad de respuesta y una correcta percepción pueden salvar muchas vidas.
Este artículo forma parte de una serie dedicada a comprender mejor los riesgos, las crisis y las emergencias, y el papel clave de la comunicación para afrontarlos. Es fruto de la colaboración con la Cátedra Universitat de Barcelona-Diputació de Barcelona sobre Comunicación clara aplicada a las Administraciones Públicas.
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María del Carmen Llasat Botija recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación.
– ref. La comunicación de los riesgos de inundaciones: más allá de los sistemas de alerta para proteger a la población – https://theconversation.com/la-comunicacion-de-los-riesgos-de-inundaciones-mas-alla-de-los-sistemas-de-alerta-para-proteger-a-la-poblacion-295266
