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El PCCh no se duerme en los laureles; sabe que puede mejorar y tiene el valor de hacerlo

El PCCh no se duerme en los laureles; sabe que puede mejorar y tiene el valor de hacerlo

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

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Por Mauricio Castellanos

El Partido Comunista de China (PCCh) ha logrado grandes éxitos desde su fundación. La lista es larga, y cada vez que se repite despierta la misma admiración, pero si hacemos el intento de reducirla podríamos dejarla, en el plano internacional, en que ha recuperado la grandeza para China y la ha regresado a un lugar en el que ya estuvo y en el cual tiene derecho a estar de nuevo, que es el centro del escenario mundial, y en el nacional, en que ha erradicado la pobreza y, de este modo, ha garantizado una vida de bienestar y felicidad para su pueblo.

No obstante, la tarea está lejos de ser terminada, no solo porque la misma evolución del país crea nuevos desafíos, sino porque los cambios que se registran en ese mismo escenario global, algunos de ellos generados de manera intencional por países que creen que sembrando el caos podrán contener a China, obligan a que el Partido también se adapte y evolucione constantemente.

El PCCh tiene más de 100 millones de miembros y gobierna a un país que, en un área de 9,6 millones de kilómetros cuadrados, alberga a más de 1.400 millones de personas de 56 grupos étnicos. Satisfacer las necesidades de una población tan numerosa y disímil mientras se avanza en la modernización del país haciendo frente al juego sucio de algunos competidores requiere multiplicarse, cubrir diversas áreas, delegar funciones y confiar en la honestidad y el compromiso de cada uno de los miembros del Partido, pero en particular de los cuadros, que, en sus respectivos niveles, tienen la enorme responsabilidad de traducir en acción y en resultados las disposiciones del liderazgo central, que es el que más claro tiene el rumbo a seguir.

Liderar requiere, ante todo, honestidad, sinceridad, y el primero ante quien uno debe sincerarse es ante sí mismo. El primer paso para corregir un error es reconocerlo, y la capacidad de hacer una autocrítica y aceptar que se deben hacer ajustes define el talante de un líder, de un partido, de un Gobierno.

Cuando en sus anteriores sesiones plenarias, el Comité Central del PCCh se enfocó en asuntos como la reforma, la innovación y el crecimiento económico, fue porque tenía claro que esos asuntos revestían urgencia, y que la situación del país hacía imperativo atenderlos en dicho momento. Pero eso no quiere decir que el tema de la corrupción, no menos importante, no haya estado en el radar, como lo demuestra el hecho de que no bien había terminado el XVIII Congreso Nacional del PCCh, el secretario general Xi Jinping lanzó, más que una campaña, una guerra frontal contra ella.

Dicha guerra, que no diferencia entre “tigres” y “moscas”, ha resultado en una depuración a niveles a los que el pueblo y el Partido mismo no estaban acostumbrados. Pero no se trata solo de erradicar la corrupción; Xi ha entendido que lograr la revitalización de la nación china y culminar exitosamente la construcción integral de un país socialista moderno requiere de un grado de compromiso y entrega, a nivel de liderazgo, al que muchos tampoco están acostumbrados, y por eso, ahora que todos los otros asuntos prioritarios están cubiertos y marchan “viento en popa”, con el respaldo del Comité Central dedicó la quinta sesión plenaria a diseñar e implementar un sistema de normas que garantiza que los cuadros no se atrevan siquiera a incurrir en actos de corrupción, y si decidieran hacerlo, simplemente no lo logren, y también que lleve a que cada funcionario, desde los de base hasta los generales del ejército y hasta los mismos integrantes del Comité Central, desempeñe su labor a cabalidad, cumpliendo a plenitud las regulaciones y honrando su compromiso con el Partido y con el pueblo.

Sí, haciéndose eco de la advertencia del secretario general Xi de que “la corrupción es la mayor amenaza para el Partido y combatirla representa el tipo más exhaustivo de autorreforma”, se adoptó la “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre ciertas cuestiones importantes relativas al impulso perseverante del disciplinamiento integral y riguroso del Partido”. Al admitir que necesita purificarse aún más, el PCCh actúa con madurez y valentía para corregir sus defectos.

Como dijimos antes, más allá de erradicar la corrupción, la estrategia debe también fortalecer la convicción en los ideales y reforzar el compromiso de los funcionarios con la causa socialista, de modo que al ejercer sus funciones todos avancen, y orienten al pueblo, en la misma dirección. La lealtad es clave, los “funcionarios de dos caras”, aquellos que demuestran lealtad cuando están siendo observados pero cuando no, bajan los brazos o incluso llegan a traicionar al Partido y al pueblo en busca de su beneficio propio, no tienen cabida en el Gobierno ni en el Partido. Y por si hubiera alguna duda, la recién concluida sesión plenaria ratificó la expulsión de 33 miembros del Comité Central, incluidos dos antiguos miembros del Buró Político del Comité Central del PCCh. Aquí aplica a la perfección un refrán muy popular en el mundo hispanoamericano: “Lo que no sirve, que no estorbe”.

Solo siendo leales y observando estrictamente la disciplina y las leyes podrán los funcionarios cumplir su labor de forma satisfactoria; solo con un compromiso inquebrantable con la causa socialista podrá el Partido corresponder a la confianza que el pueblo depositó en él y cumplir su misión.

Con las decisiones tomadas en su quinta sesión plenaria, el XX Comité Central del PCCh le dice al país y al mundo que su compromiso con los valores fundacionales es sagrado, y que la inacción, la mediocridad, la deslealtad y la corrupción no podrán impedir la gran revitalización de la nación china.

Es verdad, en la nueva era los funcionarios no pueden tener dos caras, solo una: la cara del Partido, que es la misma cara del pueblo. 

El autor es máster en Política Internacional de la Universidad de Fudan (Shanghai) y se ha desempeñado como periodista en diferentes medios oficiales chinos.

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