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La olvidada Edad de la Madera

La olvidada Edad de la Madera

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel López Cano, Investigador predoctoral en Evolución Humana, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)

Reconstrucción hiperrealista de un hombre de Neandertal (_Homo neanderthalensis_), elaborada por el artista Matteo De Stefano para el MUSE (Museo de las Ciencias de Trento, Italia). Wikimedia commons/Matteo De Stefano/MUSE, CC BY-SA

No sé por qué a veces, yo el primero, tendemos a pensar que las personas que nos precedieron eran más primitivas que nosotros, los iluminados que aprendimos a dominar el fuego. Hace poco volví a esta reflexión al leer con atención un artículo científico publicado en la revista Science Advances sobre madera trabajada por neandertales entre los estratos travertinos de Abric Romaní en Capellades, Barcelona.

Solo por dar un poco de contexto antes de meter las manos en el barro, a la par de que los estudios que publica ScienceAdvances han de ser excelentes, también han de ser “rompedores”.

Más allá de lo visible

“Rompedor” hoy, científicamente hablando, no es precisamente que los neandertales con los que tuvimos descendencia, que poblaron Eurasia en situaciones climáticas adversas y diversas, que tallaban la piedra con una precisión prácticamente milimétrica y que generaron mundos simbólicos, tuvieran entre su abanico cultural herramientas de madera. Lo “rompedor” es que en un abrigo barcelonés, estudiado durante más de 40 años, se hayan preservado 597 restos de madera a lo largo de 16 niveles arqueológicos correspondientes a 20.000 años de secuencia temporal, que nos permiten abrir una ventana un poco más grande a la vida cotidiana de nuestros parientes extintos. Lo “rompedor” es que nos llegara, no que la trabajaran.

Tal vez hay que volver a darle una vuelta a por qué solo hablamos de la Edad de Piedra y no de la Edad de Madera.

En una mano la piedra en la otra el palo

En el reino animal no humano, cuervos, orangutanes, monos capuchinos y, por supuesto, chimpancés hacen uso de herramientas de madera. Principalmente, con objetivos alimenticios. Esto ya no nos sorprende o parece “rompedor”, al fin y al cabo está al alcance de sus capacidades cognitivas, manos y picos. Es por esta y otras razones que mis colegas conjeturan, a veces gracias a restos como los de Abric Romaní, que la constante de la evolución humana se podría resumir de la siguiente forma: “en una mano la piedra y en la otra el palo” (dependientes ambos de qué usar según lo que la situación requiera).

Y esta podría ser una realidad desde el nodo chimpancé-humano, pasando por Lucy y otros australopitecos, que luego acompañaría a los primeros Homo erectus que salieron de África y, solo sería seguir la línea de puntos hasta el cucharón con que en muchos hogares hoy removemos una olla de puchero.

Tal vez esta sea una imagen que no está aún muy impresa en nuestra retina, ¿se puede deber a la visión simplista, con ciertos matices de condescendencia y paternalismo con la que a veces observamos al pasado desde nuestra tribuna del presente?

Lo cierto es que los registros etnográficos sostienen que las herramientas de madera son una piedra angular en la vida de las sociedades humanas de cazadores-recolectores, y el registro arqueológico empieza a darles la razón cada vez más atrás en el tiempo.

De Zambia a la Toscana

En la hoy húmeda Zambia (Kalambo Falls) se conservan los restos más antiguos de construcción mediante ensamblaje de maderas, de hace unos 476 000 años. Dos troncos trabajados y entrelazados con una muesca en forma de “U” para encajar en ángulo recto.

Hace 300 mil años, los preneandertales que cazaron caballos salvajes en Centroeuropa (Schöningen) dejaron el mayor registro de madera trabajada hasta la fecha: 187 artefactos, entre los que llaman la atención al menos 10 lanzas, las conservadas completas miden entre 1.8 y 2.5 metros, y 7 proyectiles más manejables para presas medianas y pequeñas. Y ya más cerca en el tiempo, hace 170 mil años, en un rincón de la Toscana (Poggetti Vecchi), un grupo de neandertales escogió, manufacturó y quemó madera de boj por su dureza para excavar y recolectar raíces.

La vida que no fosiliza

Nuestros antepasados no ignoraban la madera por segregación utilitaria, la respuesta simple es que esta apenas fosiliza y que con el paso del tiempo se pudre, descompone y finalmente desaparece, por lo que rara vez podemos valorar qué uso hacían de ella. Literalmente nuestra tarea es mirar y analizar el pasado mediante una lupa azarosa y caprichosa. De ahí el valor de que en un abrigo rocoso, habitado a veces de forma esporádica y otras durante periodos estacionales más largos por grupos de neandertales, aparezcan restos de madera que nos cuentan múltiples historias posibles.

Por ejemplo, la historia sobre cómo organizaron pilas de leña para alimentar el fuego de sus hogares, o de cómo la usaron para separar y proteger sus lugares de descanso. También un mayor detalle de su realidad doméstica a través de bandejas, una maza para procesar la caza, un punzón con el que agujerear las pieles o una vez más palos con los que excavar el suelo en busca de tubérculos. Incluso se conserva la impresión en el suelo de 2 posibles picas, más propias de la caza por proximidad de empuje con un inevitable contacto cercano con “la cena”.

Entre el protagonismo habitual de la piedra y el silencio de la madera, el yacimiento de Abric Romaní nos recuerda, como pocos en el mundo, que tal vez no era solo la Edad de Piedra y que, al igual que hoy, la tecnología de neandertales y otros homininos era también perecedera.

The Conversation

Miguel López Cano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La olvidada Edad de la Madera – https://theconversation.com/la-olvidada-edad-de-la-madera-294324

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