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Con los incendios en aumento, una comunicación del riesgo honesta y rigurosa es más importante que nunca

Con los incendios en aumento, una comunicación del riesgo honesta y rigurosa es más importante que nunca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Resco de Dios, Catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global, Universitat de Lleida

El fuego avanza hacia viviendas rurales durante el incendio de la Vall d’Uixó (Castellón), 25 de julio de 2026. SMontagud/Shutterstock

El problema de los incendios forestales va en aumento. Hemos visto cómo, durante las últimas décadas, se ha apostado contundentemente por la extinción, por lo menos en algunas comunidades, mientras que se dejaban de lado los factores estructurales. Esto condujo a una reducción en el área quemada a corto plazo, pero esa tendencia se ha revertido durante la última década.

Hemos pasado de menos de 20 000 hectáreas en 2019 hasta cerca de 300 000 en la actualidad. No solo está aumentando el área quemada, sino que también lo está haciendo la intensidad de las llamas. Los grandes incendios son cada vez mayores y su virulencia, particularmente por la noche, favorece campañas de incendios cada vez más complejas, largas y duras.

Las causas estructurales son diversas. En primer lugar, disponemos de grandes acumulaciones de combustible en el territorio. Esto es, el fuego apenas encuentra zonas con baja carga de combustible en cuanto empieza a arder, lo que deja a los bomberos con un margen de actuación cada vez más estrecho.

El combustible, además, está cada vez más seco y durante más tiempo, y la creciente inestabilidad atmosférica propicia un comportamiento cada vez más errático del fuego. A esto se le suma una mayor exposición de la población: cada vez más personas viven en la periferia de los montes.

Ante este escenario, cobra importancia la gestión del riesgo de incendios y el establecimiento de una comunicación basada en la razón, la lógica y en la evidencia para disminuir ese riesgo.

Cómo se gestiona un incendio y cómo se previene

Las estrategias actuales para la gestión de incendios forestales combinan apagar, confinar, pastorear y dejar quemar el fuego. Cuando las probabilidades de éxito en un área son escasas, podemos sacrificar esa zona, confinando el incendio dentro de esa “pirocuenca” e intentando impedir que salte a zonas adyacentes.

En otras ocasiones, conduciremos el incendio, como si fuera ganado, para gestionar el combustible. Y en los peores casos, solo queda evacuar y dejar quemar, pues el incendio puede avanzar a velocidades pavorosas, y mejor que no nos encuentre en su camino.

La prevención busca aportar oportunidades a la extinción. Para ello, debemos gestionar un mínimo del 5 % de la superficie forestal cada año, a distintas escalas, de modo que se tesela el paisaje y se crean zonas amplias donde el incendio encuentra poco combustible, “pasa hambre”, y entonces se puede apagar o gestionar. En ausencia de esta gestión, los riesgos de los incendios crecen desproporcionadamente.




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Los riesgos de los nuevos incendios

Los incendios suponen un riesgo creciente para la población y para los dispositivos de extinción. Aparte de los fallecidos por el fuego, se estima que más de 2 000 personas murieron prematuramente en la Península durante la temporada de 2025 por la contaminación derivada del humo. A ello cabe sumar las afectaciones a sectores como el transporte, con cortes de carreteras y ferrocarriles, el turismo y, obviamente, el mundo agrícola y rural.

Por ello, debemos esforzarnos en comprender el riesgo que suponen los incendios. Cuando adquirimos o alquilamos una casa, por ejemplo, estamos adquiriendo también un riesgo. Por tanto, debemos buscar información sobre cómo autoprotegernos y tomar las medidas adecuadas.




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Los movimientos populistas de “solo el pueblo salva al pueblo” pueden acabar en desgracia si no están bien organizados. Necesitamos vías efectivas y seguras, articuladas a través de las administraciones, para canalizar los esfuerzos de los voluntarios.

También necesitamos programas de formación a la ciudadanía, para que puedan canalizar sus esfuerzos voluntarios de manera eficiente a través de entidades como las Agrupaciones de Defensa Forestal, u organizaciones de agricultores que tienen mucho músculo con su maquinaria.

Los incendios no piden carné político ni miran la cuenta bancaria antes de quemar. Pero, como en todo, las personas que cuentan con más recursos pueden prepararse mejor, y pueden también recuperarse más fácilmente si se queman sus propiedades. Sin embargo, no siempre se preparan y, en muchas ocasiones, debemos sacrificar recursos públicos para proteger intereses privados cuando estos últimos no han tomado las medidas preventivas exigibles por ley.

Además, debemos considerar la prevención de incendios no solo como una inversión, sino como una cuestión de interés nacional. Las Administraciones deben tomar las medidas oportunas para disminuir riesgos, o facilitar que se tomen esas medidas, basadas en las evidencias y no en la ideología.

El papel de la ciencia

Una comunicación deficiente sobre incendios puede derivar en la proliferación de bulos y ecomitos que agravan aún más el problema.

Los bulos más recurrentes son aquellos que simplifican el complejo problema de los incendios forestales en un simple factor que actúa como chivo expiatorio. Estamos hablando, por ejemplo, de la idea de que los árboles autóctonos son ignífugos, de que la causa está en las plantaciones de pino o eucalipto, de que existen intereses especulativos o inmobiliarios o de que el problema se reduce a unos incendiarios.




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La comunicación del riesgo debe ser honesta, aun cuando pueda resultar políticamente incorrecta. Sabemos, por ejemplo, que algunos aspectos del Pacto Verde, como la expansión de las áreas protegidas o de las instalaciones fotovoltaicas, pueden aumentar el riesgo de incendios si no se toman las medidas de reducción del riesgo adecuadas. Esto no quiere decir que se deba proteger menos, ni que se deba abandonar la transición energética, sino que la prevención de incendios debe constituir un eje central en la planificación.

Mejorar la comunicación pasa por mejorar la información al ciudadano, y por la responsabilidad individual. También pasa por mejorar la inteligencia y la planificación en la gestión de los incendios forestales, y por aumentar la seguridad jurídica de los responsables de gestionar incendios.


Este artículo forma parte de una serie dedicada a comprender mejor los riesgos, las crisis y las emergencias, y el papel clave de la comunicación para afrontarlos. Es fruto de la colaboración con la Cátedra Universitat de Barcelona-Diputació de Barcelona sobre Comunicación clara aplicada a las Administraciones Públicas.


The Conversation

Víctor Resco de Dios recibe fondos de MICINN.

– ref. Con los incendios en aumento, una comunicación del riesgo honesta y rigurosa es más importante que nunca – https://theconversation.com/con-los-incendios-en-aumento-una-comunicacion-del-riesgo-honesta-y-rigurosa-es-mas-importante-que-nunca-295368

Original source: https://submissions.mil-osi.com/2026/11/04/con-los-incendios-en-aumento-una-comunicacion-del-riesgo-honesta-y-rigurosa-es-mas-importante-que-nunca-295368/