Post

¿Qué saca nuestro lado más oscuro? El papel del anonimato, el caos y la falta de transparencia

¿Qué saca nuestro lado más oscuro? El papel del anonimato, el caos y la falta de transparencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Pineda Sánchez, Profesor de Psicología área de Psicología Social, Universidad Miguel Hernández

Imagine que encuentra una cartera con 200 euros. Nadie le observa y parece imposible que alguien pueda saber qué hizo con ella. ¿Se quedaría con el dinero?

Si nosotros conociéramos su personalidad, ¿podríamos anticipar su decisión? Esta pregunta resume bastante bien uno de los problemas clásicos de la psicología de la personalidad: hasta qué punto conocer cómo es una persona nos permite predecir cómo se comportará.

Todos tenemos un lado oscuro

El narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía forman la llamada tríada oscura de la personalidad. Posteriormente, se incorporó el sadismo cotidiano, dando lugar a la tétrada oscura.

Aunque están relacionados, no describen exactamente lo mismo. De manera muy resumida, el narcisismo se caracteriza por una visión exageradamente positiva de uno mismo y una importante necesidad de reconocimiento. El maquiavelismo implica una forma estratégica y manipuladora de relacionarse con los demás. La psicopatía incluye características como la insensibilidad emocional, la dureza emocional o la impulsividad. Y, por último, el sadismo cotidiano añade un elemento especialmente relevante: obtener satisfacción provocando sufrimiento o malestar a otras personas.

Cuando estudiamos estos rasgos en población general, no estamos necesariamente identificando “psicópatas”, “narcisistas” o “sádicos”. Estamos midiendo dimensiones de personalidad en las que todos podemos situarnos en mayor o menor grado.

Numerosas investigaciones los han relacionado con comportamientos como la agresión, la manipulación o distintas conductas antisociales. Esto significa que conocer la personalidad nos proporciona información útil sobre la probabilidad de determinados comportamientos. ¿Nos permite eso saber con certeza qué hará una persona?

La misma persona, otra situación

Volvamos a la cartera. Supongamos que quien la encuentra presenta una elevada tendencia a anteponer sus intereses a los de los demás y a utilizar estrategias manipulativas para conseguir sus objetivos. Ahora añadamos una cámara de seguridad que apunta directamente hacia ella. O hagamos que esté acompañada por alguien cuya opinión valora mucho. O indiquemos claramente en la cartera que pertenece a un vecino al que conoce. Su personalidad sigue siendo la misma y, sin embargo, es razonable pensar que la probabilidad de quedarse con el dinero puede haber cambiado. Lo que hemos modificado es la situación.

Durante décadas, la psicología ha discutido cuánto de nuestro comportamiento se debe a características relativamente estables de la persona y cuánto a las circunstancias. Sin embargo, resulta mucho más productivo estudiar cómo interactúan ambos elementos.

Así, hay situaciones muy reguladas, en las que las normas son claras y existe poco margen de actuación; aquí, las diferencias individuales pueden tener menos oportunidades de manifestarse. En cambio, otros contextos son ambiguos, ofrecen distintas alternativas o proporcionan oportunidades para obtener beneficios. En esos casos, determinados rasgos pueden adquirir mucha más importancia.

Esta idea está relacionada con lo que conocemos como activación de rasgos: determinadas características de una situación hacen más relevante un rasgo y facilitan que pueda expresarse en el comportamiento.

El caldo de cultivo importa

Imaginemos dos empresas. En una de ellas, las decisiones importantes quedan registradas, existen mecanismos de supervisión, los criterios para asignar recompensas son transparentes y resulta difícil obtener beneficios engañando a otras personas.

En la segunda, las responsabilidades son ambiguas, existe una intensa competición por conseguir recompensas, la supervisión es escasa y apropiarse del mérito de un compañero puede proporcionar importantes beneficios con pocas probabilidades de sufrir consecuencias.

Una persona con una elevada tendencia a manipular a los demás podría trabajar en cualquiera de las dos organizaciones. Sin embargo, las oportunidades para que esa característica se traduzca en un comportamiento concreto son diferentes.

Internet cambia las reglas del juego

Los entornos digitales constituyen otro buen ejemplo. Internet ha modificado profundamente las condiciones en las que nos relacionamos. Podemos interactuar a distancia, acceder fácilmente a personas a las que de otra manera nunca conoceríamos y, en determinadas circunstancias, reducir algunas de las consecuencias inmediatas de nuestras acciones.

Además, cuando insultamos, humillamos o engañamos a alguien a través de una pantalla, no siempre observamos directamente su reacción emocional. Nada de esto significa que internet convierta a las personas en agresores. Pero sí modifica algunas características de la situación.

La relación entre personalidad oscura y comportamiento digital ha recibido por ello bastante atención; sobre todo, en lo relativo al papel del sadismo cotidiano en determinadas formas de agresión online. Si este rasgo implica obtener satisfacción provocando malestar a otras personas, determinados entornos digitales pueden ofrecer oportunidades especialmente adecuadas para expresarlo.

Los resultados de diferentes investigaciones apuntan en esa dirección. En un estudio con 1 988 participantes, el sadismo fue el rasgo oscuro que mostró una relación más relevante con la perpetración de conductas sexuales abusivas online.

Otra investigación con 795 participantes encontró que psicopatía y sadismo eran los rasgos más relacionados con el uso problemático sexual de internet y el consumo de pornografía violenta. En este último caso, el sadismo mostró la asociación más fuerte.

Los dos estudios muestran correlación, es decir, no permiten afirmar que estos rasgos causen esas conductas ni tampoco que el consumo de determinados contenidos transforme la personalidad. Lo que señalan es algo más prudente, pero relevante: determinadas características personales parecen relacionarse de manera consistente con algunas formas de comportamiento, cuando el contexto es favorable.

Justificación y desconexión moral

Incluso combinando personalidad y situación, todavía nos falta parte de la explicación. Supongamos que un trabajador descubre que puede atribuirse parte del trabajo realizado por un compañero. Hacerlo aumentaría sus posibilidades de conseguir un ascenso y la probabilidad de ser descubierto es pequeña. Su decisión puede depender de su personalidad y de las oportunidades que ofrece la situación, pero también tendrá que justificarla ante sí mismo.

Puede pensar que “todo el mundo hace lo mismo”, que “si no lo hago yo, lo hará otro”, que en realidad él también ha contribuido al trabajo o, incluso, que su compañero merece lo que está ocurriendo. Este tipo de razonamientos nos acerca a otro concepto importante: la desconexión moral.

Las personas solemos disponer de estándares acerca de lo que consideramos correcto e incorrecto. Sin embargo, también podemos reinterpretar determinadas acciones para minimizar sus consecuencias, desplazar nuestra responsabilidad, culpar a quien resulta perjudicado o encontrar una justificación aparentemente aceptable para nuestra conducta.

La investigación comienza a mostrar que estos procesos pueden ser relevantes para comprender la relación entre personalidad oscura y comportamiento antisocial. Por ejemplo, en el ámbito de la agresión online se han encontrado relaciones entre psicopatía y sadismo, desconexión moral y perpetración.

Esto no demuestra que exista una secuencia causal universal en la que determinados rasgos conduzcan a la desconexión moral y esta, inevitablemente, al comportamiento antisocial. Pero sí nos obliga a plantear una explicación más completa.

¿Podemos predecir entonces quién se comportará mal?

Hasta cierto punto, sí. La personalidad proporciona información útil sobre tendencias de comportamiento. Si añadimos información sobre las circunstancias y sobre los procesos mediante los que una persona interpreta una decisión, nuestra capacidad para comprender y predecir su comportamiento puede mejorar.

En la misma línea, si queremos prevenir comportamientos perjudiciales, centrarnos exclusivamente en identificar a las supuestas “personas oscuras” puede ser una estrategia bastante limitada. También podemos actuar sobre las situaciones para modificar las probabilidades de que aparezca una determinada conducta.

En una organización, podemos aumentar la transparencia, clarificar responsabilidades, establecer controles o reducir las oportunidades de obtener beneficios perjudicando a otros. En los entornos digitales, podemos introducir mecanismos que reduzcan el anonimato en determinadas interacciones, aumenten la responsabilidad sobre las propias acciones o faciliten la detección de comportamientos abusivos.

Así, para comprender el lado oscuro del comportamiento humano no basta con plantearnos quién es más narcisista, maquiavélico, psicopático o sádico. La pregunta realmente interesante es otra: ¿qué personas, en qué situaciones y mediante qué procesos mentales terminan tomando determinadas decisiones?

The Conversation

David Pineda Sánchez ha recibido fondos de la Conselleria de Educación, Universidades y Empleo de la Comunidad Valenciana.

– ref. ¿Qué saca nuestro lado más oscuro? El papel del anonimato, el caos y la falta de transparencia – https://theconversation.com/que-saca-nuestro-lado-mas-oscuro-el-papel-del-anonimato-el-caos-y-la-falta-de-transparencia-293452

Original source: https://submissions.mil-osi.com/2026/11/04/que-saca-nuestro-lado-mas-oscuro-el-papel-del-anonimato-el-caos-y-la-falta-de-transparencia-293452/