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Ni se ve, ni se huele, ni se nota: la amenaza silenciosa del radón

Ni se ve, ni se huele, ni se nota: la amenaza silenciosa del radón

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diana Rodríguez Rodríguez, Profesora Titular de Universidad, Universidad de Castilla-La Mancha

Francesco Scatena/Shutterstock

Puede que nunca haya oído hablar de él. No se ve, no se huele y no provoca ningún síntoma inmediato. Sin embargo, el radón es responsable de una parte importante de la exposición de la población a la radiación natural y está reconocido como la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco. A pesar de ello, continúa siendo uno de los contaminantes más desconocidos del aire que respiramos dentro de nuestras propias casas.

No es casualidad que el Día Europeo del Radón se celebre el 7 de noviembre, fecha de nacimiento de Marie Curie. La científica que abrió el camino al estudio de la radiactividad sirve hoy de inspiración para seguir haciendo visible un riesgo que permanece oculto en muchos espacios interiores.

Este gas radiactivo se produce de forma natural en el subsuelo como consecuencia de la desintegración del uranio presente en el suelo. Aunque está presente en todo el planeta, no todas las zonas tienen el mismo riesgo. Las concentraciones suelen ser más elevadas en terrenos con determinadas características geológicas, especialmente aquellos ricos en materiales graníticos o volcánicos.

¿Qué es exactamente el radón?

El radón es un gas radiactivo de origen natural que se genera en rocas y suelos como resultado de la desintegración del uranio. Puede entrar en los edificios a través de grietas, huecos alrededor de las tuberías y otras pequeñas aberturas que comunican el interior con el terreno. Una vez dentro, su concentración depende de numerosos factores, entre ellos las características geológicas de la zona, el tipo de construcción y, sobre todo, la ventilación. Aunque en el exterior se diluye rápidamente, en espacios cerrados puede acumularse y alcanzar concentraciones potencialmente perjudiciales para la salud.

El riesgo para la salud se debe principalmente a los productos radiactivos que se generan durante la desintegración del radón. Entre ellos destacan el polonio-218 (²¹⁸Po) y el polonio-214 (²¹⁴Po), que se forman a partir del radón-222 y emiten radiación alfa, un tipo de radiación altamente ionizante. Estos productos de desintegración pueden adherirse a los aerosoles presentes en el aire y depositarse en las vías respiratorias al ser inhalados. Una vez allí, la radiación emitida puede dañar el ADN de las células pulmonares y aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón aumenta aproximadamente un 16 % por cada incremento de 100 Bq/m³ (becquerelios por metro cúbico, la unidad de medida que expresa la concentración de radiactividad en el aire) en la concentración media de radón a largo plazo. Por este motivo, está reconocido como la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco y la primera entre las personas no fumadoras.

Principales mecanismos biológicos que conectan la exposición al radón con el desarrollo del cáncer de pulmón
La figura resume los principales mecanismos biológicos que conectan la exposición al radón con el desarrollo del cáncer de pulmón.
Rathebe PC, Kholopo M. Radon-Induced Radiation Biomarkers: A Scoping Review from Exposure Dosimetry to Early Biological Effects on the Lung. International Journal of Molecular Sciences. 2026; 27(10):4391

¿Es un problema solo de sótanos y plantas bajas?

Como apuntábamos más arriba, el radón suele asociarse a regiones de elevado potencial geológico, especialmente aquellas con abundancia de materiales graníticos, como ocurre en amplias zonas del noroeste peninsular. Sin embargo, su presencia no debe ignorarse en otras provincias consideradas de riesgo moderado o bajo.

Mapa del radón en interiores en España
Mapa del radón en interiores en España. Cada celda incorpora los resultados de un total de 9 211 mediciones de radón.
C. Sainz Fernández et al., Spanish experience on the design of radon surveys based on the use of geogenic information. Journal of Environmental Radioactivity, 166, Part 2, (2017) 390-397

En una vivienda situada en una cuarta planta de la ciudad de Toledo, una provincia que no se encuentra entre las de mayor potencial de radón de España, monitorizamos de forma continua las concentraciones de este gas durante los inviernos de 2025 y 2026. La concentración media registrada fue de 68,3 Bq/m³, inferior al nivel de referencia recomendado por la OMS, establecido en 100 Bq/m³. Sin embargo, el 14,3 % de las mediciones superó ese valor y, de forma puntual, se registraron concentraciones superiores a 300 Bq/m³, nivel de referencia fijado por la normativa europea y española.

Estos resultados muestran que las concentraciones de radón pueden variar notablemente a lo largo del tiempo, incluso en viviendas donde los valores medios se mantienen por debajo de los niveles de referencia.

También ponen de manifiesto que la presencia de este gas radiactvo en interiores no depende únicamente del lugar donde se encuentra una vivienda. La ventilación, las características del edificio y los hábitos de sus ocupantes también condicionan las concentraciones que finalmente se acumulan en el aire que respiramos.

La ventilación marca la diferencia

Las concentraciones de radón estuvieron estrechamente relacionadas con la ventilación de los espacios interiores. Para analizar esta relación utilizamos las concentraciones de CO₂ como indicador indirecto de la renovación del aire, ya que las personas lo exhalamos continuamente al respirar y este gas tiende a acumularse en espacios poco ventilados.

Observamos que, cuando aumentaban las concentraciones de CO₂, también lo hacían las de radón. Asimismo, las estancias con menor renovación de aire presentaban niveles significativamente más elevados de este gas radiactivo. Estos datos ponen de manifiesto que una ventilación adecuada constituye una de las medidas más eficaces para reducir la acumulación de radón en interiores.

El desafío de los edificios eficientes

En las últimas décadas, la eficiencia energética de los edificios ha mejorado notablemente gracias a un mejor aislamiento térmico y a una envolvente cada vez más estanca. Esto permite reducir el consumo de energía y aumentar el confort, pero también plantea un reto que a menudo pasa desapercibido: garantizar una adecuada renovación del aire.

Cuando un edificio es más hermético, el aire interior se renueva con mayor dificultad si no cuenta con sistemas de ventilación adecuados, lo que puede favorecer la acumulación de CO₂ y radón.

Nuestros resultados ponen de manifiesto la importancia de una ventilación adecuada para mantener una buena calidad del aire interior. La eficiencia energética y la salud no deberían considerarse objetivos independientes. Un edificio sostenible debe ser capaz de reducir su consumo energético sin comprometer la calidad del aire que respiran sus ocupantes.




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¿Qué podemos hacer?

El primer paso para reducir la exposición al radón es conocer su presencia. Como ocurre con muchos riesgos ambientales, resulta difícil actuar frente a aquello que no se mide. Por eso, cuando exista sospecha de concentraciones elevadas o la vivienda se encuentre en una zona con potencial de radón, es recomendable realizar medidas.

Una vez identificado el problema, existen diversas estrategias para minimizar la acumulación de este gas en los espacios interiores. Entre las más eficaces destacan las siguientes:

  • Mantener una ventilación adecuada.

  • Realizar mediciones cuando existan dudas sobre la posible presencia de radón.

  • Sellar grietas y puntos de entrada potenciales cuando sea necesario.

  • Incorporar sistemas de ventilación mecánica controlada en edificios muy herméticos.

  • Considerar el radón dentro de las estrategias de calidad del aire interior y salud ambiental.

Un contaminante invisible que merece visibilidad

El radón nos recuerda que algunos de los riesgos ambientales más importantes son precisamente aquellos que no podemos percibir. No provoca molestias inmediatas ni genera señales de alerta evidentes, pero la exposición prolongada puede tener consecuencias importantes para la salud.

La calidad del aire no depende solo de lo que sucede en el exterior, también está determinada por el aire que respiramos en nuestras viviendas, centros educativos y lugares de trabajo. Medir el radón y controlar su acumulación es un paso fundamental hacia edificios más saludables, seguros y sostenibles.

The Conversation

Diana Rodríguez Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Ni se ve, ni se huele, ni se nota: la amenaza silenciosa del radón – https://theconversation.com/ni-se-ve-ni-se-huele-ni-se-nota-la-amenaza-silenciosa-del-radon-295088

Original source: https://submissions.mil-osi.com/2026/11/05/ni-se-ve-ni-se-huele-ni-se-nota-la-amenaza-silenciosa-del-radon-295088/