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Los Carnavales de Cádiz: la fiesta libre que siempre se quiso controlar

Los Carnavales de Cádiz: la fiesta libre que siempre se quiso controlar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Ramos Santana, Catedrático Emérito de Historia Contemporánea. Director de la Cátedra de Carnaval, UCA, Universidad de Cádiz

Comparsa ‘Recordando a Chevalier’ de San Fernando del año 1978. La Voz del Sur/Archivo Histórico Provincial de Cádiz

Un año más, el carnaval está aquí. Y un año más, uno de los más famosos de España, el de Cádiz, puebla los titulares y los reportajes, con noticias sobre sus comparsas y sus chirigotas.

Pero ¿cuál es la historia de esta fiesta? ¿De dónde nace y por qué se arraiga a esta ciudad andaluza de una forma que no hace en muchas otras localidades?

Orígenes del Carnaval de Cádiz

Por las referencias documentales conocidas hasta ahora, podemos deducir que el Carnaval de Cádiz se remonta, al menos, al siglo XVI. Su interpretación actual y sus características urbanas, diferentes a los carnavales rurales de otros lugares, se forjaron con la llegada de comerciantes ligures (del norte de Italia) que se desplazaron hacia occidente tras la caída de Constantinopla en manos de los turcos.

Así, en todo el ámbito de la bahía de Cádiz se fue formando, principalmente, una importante colonia de genoveses. Y estos, junto a la actividad económica, trajeron sus tradiciones y costumbres festivas.

Aunque las máscaras estaban prohibidas por real orden de 1523, el carnaval continuó celebrándose. Ya a finales del siglo XVI, encontramos documentos que hablan de la popularidad de la fiesta de Carnestolendas en Cádiz, como testimonian, en 1591, el historiador Agustín de Horozco, o sendas ordenanzas episcopales del entonces obispo de la ciudad, Antonio Zapata, de 1591 y 1596.

Tal fuerza tenía la celebración popular que propició que la propia iglesia gaditana emitiera dispensas sobre las obligaciones religiosos de sus feligreses en los días de Carnaval, como ocurrió en 1632. Y en 1652 se retrasó la salida de la Flota de Indias, porque los trabajadores de las atarazanas reales habían suspendido la reparación de los buques por estar celebrando el carnaval.

Ilustración de un baile de máscaras francés.
Baile de máscaras francés del siglo XIX.
NYPL

Pese a que en el siglo XVIII se reiteraron las prohibiciones, los tres días de carnaval siguieron celebrándose y las referencias documentales se multiplican. Soslayando la prohibición, el municipio obtenía beneficios por el arrendamiento del Teatro Principal para los bailes de máscaras y los relatos de viajeros informan de las manifestaciones populares.

Tras la aparición de los primeros periódicos, encontramos referencias al carnaval. Así ocurre con la Gaceta de Cádiz, que en febrero de 1763 informaba sobre los preparativos de las fiestas. O con La pensadora gaditana que, pese a su crítica moral, cuenta cómo se preparaban las cuadrillas para el carnaval callejero.

Ni las guerras con Inglaterra o Francia, que comportaron bloqueos a finales del XVIII, ni el largo asedio napoleónico de principios del siglo XIX, lograron entorpecer las celebraciones carnavalescas en Cádiz. Así lo cuenta, entre otros, el que fuera ministro y diputado gaditano Antonio Alcalá Galiano.

Si no podemos con él…

Pese a reiterados intentos de supresión, el Carnaval terminó triunfando. En la segunda mitad del siglo XIX el Ayuntamiento, ya que no podía reprimirlo, acabó asumiendo la fiesta como propia de la ciudad, incluyéndola en su programa festivo y en sus presupuestos. Desde el año 1862, siendo alcalde de Cádiz Juan Valverde, la corporación municipal se convirtió en la responsable de los eventos carnavalescos: se adornaban las calles, se organizaron desfiles, se establecieron diferentes puntos en los que centralizar la diversión, etc.

Dentro de esta corriente festiva destacaban las comparsas. Estas eran grupos de amigos que, vestidos de forma ridícula, y con letras satíricas y críticas, cantaban por las calles poniendo en solfa al sistema establecido. Sus críticas y su popularidad provocaron la intervención del poder político municipal. En el año 1884, siendo alcalde Eduardo Genovés, se estableció el control y censura de las agrupaciones carnavalescas.

Junto al control de las murgas y de la calle, a finales del siglo XIX y principios del XX se programó un refinamiento de las fiestas. Se convocaron entonces concursos de agrupaciones, como modo de controlar las letras, y se centró la fiesta en determinadas plazas para facilitar la vigilancia de la calle, organizando desfiles y cabalgatas y potenciando los adornos callejeros. En esta labor destacó Antonio Accame, mientras que autores como Antonio Rodríguez “El tío de la tiza”, Manuel López Cañamaque, José Suárez y otros muchos triunfaban con sus agrupaciones.

Caseta Japonesa. 1911, creada por Antonio Accame.
Caseta japonesa creada por Antonio Accame, 1911.
Colección de fotografías de Ramón Muñoz Blanco. Museo de Cádiz

Muerte y resurrección del Carnaval de Cádiz

En 1937 los golpistas suspendieron, por “las circunstancias”, el carnaval, una prohibición que se extendió a toda España en 1940.

Pese a la proscripción, en Cádiz, en los días de la fiesta se reunían los añorantes en tabernas y colmados para, a puerta cerrada, cantar las viejas coplas. La presión popular –y alguna que otra recomendación de gentes de bien– permitieron que desde 1949 se iniciara una tímida recuperación. Esto implicó, por otra parte, ocultar el nombre: se las llamó “Fiestas Típicas Gaditanas”. Así pervivieron durante unos años, hasta que en 1967 se las cambió incluso de fecha, trasladándolas a mayo, lo que suponía una adulteración del sentido del carnaval.

Cartel del Carnaval de Cádiz 2025
Cartel del Carnaval de Cádiz 2025, ‘Tan carnavaleramente puro’, del artista gaditano Fernando Devesa.
Ayuntamiento de Cádiz

La muerte del dictador y la paulatina recuperación de la democracia en España propiciaron también la restauración del carnaval en sus fechas tradicionales. Y, desde 1977, la más popular y genuina fiesta gaditana volvió a recobrar todo el esplendor que la caracterizaba.

En la actualidad, el Carnaval en Cádiz tiene como característica fundamental las coplas, una manifestación popular en la que lo primordial es la letra que, acompañada de la gesticulación, transmite un mensaje satírico, paródico, sobre asuntos de actualidad. La necesidad de actualizar cada año letra –y música– ha fomentado una creatividad que se desborda por las calles de la ciudad.

The Conversation

Alberto Ramos Santana no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los Carnavales de Cádiz: la fiesta libre que siempre se quiso controlar – https://theconversation.com/los-carnavales-de-cadiz-la-fiesta-libre-que-siempre-se-quiso-controlar-251162

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