Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Romero Martinez, Profesor Titular de Toxicologia. Facultad de Veterinaria, Universidad Complutense de Madrid

Tras finalizar la I Guerra Mundial, donde se utilizó por primera vez el gas mostaza (iperita), han sido múltiples los conflictos bélicos en los que se han recurrido a agentes químicos como armas. La preocupación por el uso de armas químicas ha crecido significativamente en todo el mundo por su bajo coste de producción e indiscriminada letalidad, a lo que se suma la falta de tratamientos y antídotos efectivos.
El uso de este tipo de armas viola el derecho internacional humanitario, pero sobre todo pone en evidencia la carencia de los sistemas sanitarios para manejar tales emergencias. La Convención sobre Armas Químicas (CAQ) constituye el tratado internacional que prohíbe el desarrollo, producción, almacenamiento, transferencia y empleo de armas químicas, y ha sido adoptada por la mayoría de los países. Sin embargo, la implementación y cumplimiento efectivo de sus compromisos sigue planteando un desafío, que la falta de antídotos adecuados complica aún más.
Efectos tóxicos de los agentes químicos de guerra tipo iperita
La exposición a iperita provoca, tras un período de latencia inicial, la aparición de lesiones dolorosas y potencialmente mortales en las áreas más sensibles del cuerpo, como el tracto respiratorio, los ojos y ciertas zonas de la piel. Debido a su naturaleza lipofílica (afín a las grasas), los agentes se absorben fácilmente y por ello producen efectos sistémicos que afectan a múltiples órganos.
Entre sus mecanismos de acción destacan la formación de iones sulfonio, que dañan el ADN y otras biomoléculas, promoviendo el estrés oxidativo y la muerte celular. Sin embargo, la persistencia de estos agentes como amenaza se debe a su capacidad para causar daño a largo plazo, incapacitando a los combatientes y civiles expuestos. Pese a los avances en la descontaminación, aún no existen tratamientos completamente efectivos para contrarrestar sus efectos.
La melatonina como “bala mágica”
La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) trabaja para vigilar y desmantelar arsenales químicos. Pero el temor a que grupos terroristas adquieran y usen estas armas aumenta la urgencia de desarrollar antídotos eficaces.
En este sentido, investigaciones de los últimos años han evidenciado que la melatonina puede ser efectiva frente a una amplia variedad de patologías: cáncer, alteraciones gastrointestinales, enfermedades cardiovasculares, procesos neurodegenerativos y patologías autoinmunes e infecciosas. Este potencial terapéutico tan versátil se debe a su capacidad para regular múltiples procesos bioquímicos en el organismo.
La melatonina, conocida más habitualmente por regular el ciclo sueño-vigilia, es un potente antioxidante con baja toxicidad y con gran facilidad para atravesar las barreras biológicas, lo que la posiciona como una posible opción terapéutica frente a estas armas químicas. A través de la transferencia de átomos de hidrógeno y/o formación de aductos radicales, la melatonina puede neutralizar especies reactivas de oxígeno y nitrógeno.
Además de neutralizar los daños por oxidación de las estructuras celulares, la capacidad para modular la respuesta inmuno-inflamatoria de la melatonina podría ser crucial para mitigar las graves lesiones en mucosas y estructuras internas tisulares provocadas por la exposición a estos agentes químicos.
Melatonina: ¿cuál es su verdadero potencial?
La melatonina ejerce directamente (molécula a molécula) la detoxificación de los radicales libres. El resto de las acciones de su extensa biología funcional se canaliza a través de vías de señalización que actúan mediante dos receptores específicos (MT1 y MT2), ampliamente distribuidos en diversos tejidos.
Dado su origen natural y excelente tolerabilidad, numerosas evidencias indican que su administración adyuvante en combinación con otros fármacos podría no solo proteger frente a la toxicidad de los agentes químicos de guerra, sino también mejorar el estado de salud de los pacientes en determinadas condiciones y, con ello, reducir los efectos secundarios de la terapia química habitual. Los datos experimentales apuntan, además, que posee la capacidad de influir en la expresión génica, incluidos algunos genes clave con capacidad para prevenir enfermedades. Esta propiedad podría ser crucial para contrarrestar los efectos a largo plazo de los agentes químicos de guerra.
En vista de este enorme potencial, y a pesar de su amplio uso como reguladora del sueño, la melatonina podría tener aplicaciones importantes como contramedida frente a armas químicas y diversas patologías. Por ello, es fundamental impulsar estudios clínicos multicéntricos estandarizados para evaluar su eficacia y seguridad a largo plazo, especialmente a las dosis farmacológicas elevadas que muy posiblemente requeriría su utilización clínica.
La inversión en defensa y en contramedidas médicas
La creciente inestabilidad geopolítica y el aumento del riesgo de conflictos bélicos exigen un replanteamiento estratégico en la inversión en defensa. Europa, y particularmente España, han reducido históricamente sus presupuestos militares, priorizando otros sectores industriales tras el fin de la Guerra Fría. Sin embargo, el contexto actual, marcado por la agresión rusa en Ucrania y la creciente competencia global con potencias como China, hace imprescindible reforzar las capacidades defensivas y tecnológicas para garantizar la seguridad nacional y colectiva.
En este marco, resulta fundamental ampliar las inversiones en áreas innovadoras como las contramedidas médicas. El proyecto MELVES surge para mejorar la capacidad de respuesta médica a agentes químicos de guerra desarrollando antídotos efectivos que logren proteger tanto al personal militar como a la población civil. Financiado por la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) del Ministerio de Defensa, en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, MELVES evaluó la melatonina como una herramienta terapéutica frente a agentes químicos de guerra.
El desarrollo de tratamientos basados en melatonina podría ser clave para mejorar la protección de las tropas frente a amenazas NBQR (nucleares, biológicas, químicas y radiológicas). Su potencial antioxidante y antiinflamatorio ofrecen una vía prometedora para contrarrestar los efectos de agentes tóxicos en el personal militar en entornos hostiles y podría representar un avance significativo en la preparación y respuesta ante amenazas químicas y biológicas.
La defensa moderna debe contemplar un enfoque integral que combine tecnología, estrategia y ciencia. En un escenario global cada vez más desafiante, apostar por la innovación en el sector de la defensa no es una opción, sino una necesidad.
A esto se suma que la inversión en tecnologías disruptivas y aplicaciones médicas también impulsa la competitividad industrial y científica del país.
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Alejandro Romero Martinez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Dirección General de Armamento y Material (DGAM)
Eva Ramos Alonso y Francisco López-Muñoz no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.
– ref. La melatonina y la guerra química: por qué la inversión en defensa también debe cubrir la protección médica – https://theconversation.com/la-melatonina-y-la-guerra-quimica-por-que-la-inversion-en-defensa-tambien-debe-cubrir-la-proteccion-medica-251956
