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Poniéndonos en el lugar de Elon Musk: un análisis del valor de la empatía

Poniéndonos en el lugar de Elon Musk: un análisis del valor de la empatía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Pinilla Burgos, Profesor de Filosofía, Universidad Pontificia Comillas

Emigrantes venezolanos varados en Ciudad Juárez tras haber sido expulsados de Estados Unidos. David Peinado Romero/Shutterstock

Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, parece que cada día podemos desayunar con una declaración o una medida insólita de su parte o de su equipo de gobierno.

En este contexto, hace unas semanas se agitaron las redes ante unas palabras de Elon Musk señalando que la empatía venía a ser casi el punto arquimédico de un premeditado suicidio de la humanidad.

Esta afirmación tuvo lugar en una entrevista de tres horas de duración con el podcaster Joe Rogan, el pasado 28 de febrero. Hablando de lo que considera una entrada masiva de inmigrantes en los países desarrollados, el ahora político pretoriano declaró que asistimos a “una empatía suicida civilizatoria en marcha”, haciendo suyos la expresión y el planteamiento del académico canadiense Gad Saad.

Aunque admitía que en parte era necesaria y que “uno tiene que ayudar a otra gente”, Musk señalaba que la empatía es la gran “debilidad” actual de la cultura occidental, y que ha sido “instrumentalizada”. En lo que respecta a las políticas internacionales dominantes en relación principalmente con la inmigración, a ojos del director del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), hay un exceso enfermizo y autodestructivo de este sentimiento.

Seamos radicales, no nos dejemos tentar por el ‘radicalicemos’

Lo primero que hay que hacer con ciertas declaraciones, dado el clima actual de crispación en las redes y los medios de comunicación, es contextualizarlas, que no implica justificarlas.

Recordemos que la empatía es la capacidad de comprender y de ponerse en la situación del otro; y esta no tiene sólo una dimensión cognitiva, sino también emocional y práctica. En sus palabras, Elon Musk no es ni tan original ni tan radical como parece que pretenden tanto sus adalides como sus detractores.

Hay una considerable tradición en la filosofía, que remitiría a pensadores tan diferentes como Maquiavelo, Hobbes, Kant o Nietzsche, que pone en cuestión que nociones como la compasión o lo que hoy llamamos empatía puedan servir como una base certera y segura para edificar las relaciones sociales. En tiempos recientes podemos citar el estudio del psicólogo Paul Bloom Against Empathy (2016) como una actualización de los argumentos contra la empatía que sienta las bases para lo que él denomina una “compasión racional”.

En todo caso, no hay que olvidar que Elon Musk no hace estas declaraciones en un contexto académico, sino que en actualmente detenta un gran poder político y esto tiene unas consecuencias diferentes a las declaraciones de un investigador en un ámbito de debate y reflexión.

Comprender y sentir

Por otra parte, importantes pensadores clásicos –de modo expreso Shaftesbury (que habla de sympathy) o Adam Smith– la han defendido históricamente. El filósofo Edmund Husserl llegó señalar a ese sentimiento de ponerse en lugar del otro (Einfühlung) como la clave del conocimiento de los demás como personas y no como meros objetos o medios.

Esto entronca con una larga tradición de la Ilustración, y en definitiva de la misma civilización occidental, basada de modo fundamental en la filosofía griega, el derecho romano y el cristianismo. Si yo empatizo con una persona que sufre, también paso a sufrir por su situación y, si es posible, actuaré para ayudarla.

Trabajador migrante en California en los años 30, fotografiado por Dorothea Lange.
Raw Pixel/Shutterstock

Autores como Edith Stein, Max Scheler o toda la filosofía dialógica (Martin Buber) y personalista a lo largo del siglo XX han apelado de modo directo o indirecto al sentimiento de la empatía como una clave humanizadora irrenunciable y más necesaria en contextos de sufrimiento e injusticia. La apuesta filosófica y política por la empatía no habla de ganadores, de fuertes sobre los débiles. Habla de solidaridad y asunción libre de la ayuda al otro como requisito de la verdadera libertad y el verdadero progreso social.

Por supuesto, ya lo dijo muy bien Aristóteles: “toda virtud puede llegar en su ejercicio a un extremo no deseable y devenir negativa”. Así, también se podría hacer un análisis parecido de la actitud empática –llamada también compasión– en su sentido literal: padecer, sentir con el otro.

Empatía civilizatoria

En este momento no está de más recordar en qué casos se busca o existe una supresión de la empatía. Pondré sólo dos ejemplos. Por un lado, la concepción de la guerra ha avanzado no sólo pretendiendo una destrucción mayor y en menos tiempo, sino también distanciando a los soldados del contacto visual con el enemigo, aminorando así la posibilidad de “sentir” como el otro.

De otro lado, la psicología y la criminología señalan que, si hay un factor común en el perfil criminal, especialmente en asesinos y violadores en serie, es el de una llamativa ausencia total, o casi total, de empatía.

En la citada entrevista, Musk no apuesta por una abolición de la empatía “completamente”. Dice “creer” en la empatía, pero defiende que debe ser dirigida a toda la civilización, no a determinadas personas.

Y ahí está la cuestión clave, no sólo personal, sino civilizatoria, como le gusta apuntar a Musk: ¿hasta dónde estamos dispuestos a extender nuestra empatía con los que quieren venir a nuestros países como una única alternativa de poder, tal vez, tener una vida digna? ¿Conceder que esa empatía ha podido ser sin duda instrumentalizada legitima el freno de nuestro dolor por aquellos que sufren o asumen una vida de ignominia, tanto fuera o como dentro de nuestras fronteras?

Los niños de Morelia, hijos del exilio español, recibidos por el expresidente mexicano Lázaro Cárdenas.
Fotografía mejorada por Marrovi / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Seguramente será más “eficiente” reforzar las fronteras y administrar los migrantes que se vayan “necesitando”. Tal vez las políticas de acogida de las migraciones masivas sí traigan crisis y debiliten la cohesión de nuestras sociedades. La cuestión no es negar estas posibles consecuencias, sino preguntarnos dónde está la verdadera fuerza y grandeza, ya no de la civilización, sino de la condición humana.

La fuerza de la empatía

En el clima sociopolítico actual, siempre será tentador entonar el discurso patriótico y gregario de un “sano” egoísmo. Pero no podemos renunciar en nuestras políticas al valor de una verdadera empatía por el otro ni por el resto de seres vivos y por el entorno. Esto sin duda implicará compromiso y riesgo, como los que asume cualquier madre de cualquier especie con sus hijos –haciendo posible su pervivencia–. El freno de la empatía puede preservar un grupo, pero su ausencia total pone en peligro a todos los seres vivos.

La defensa filosófica de la empatía no es ingenua o buenista, sino que asume con lucidez esos las riesgos de debilitamiento de lo propio en pro de una fuerza mayor, la de una humanidad justa que no necesita expulsar o aniquilar a una parte de ella para progresar.

En estas breves líneas he comenzado en parte procurando “empatizar” con la visión y las declaraciones de Elon Musk, que no implica asumirlas. Realizado el trabajo de comprender y sentir desde el lugar de esas declaraciones, puedo actuar en consecuencia. Y decido no quedarme en ese lugar ni en esa perspectiva y asumir, si hace falta, ese presunto “suicidio civilizatorio”.

Ricardo Pinilla Burgos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Poniéndonos en el lugar de Elon Musk: un análisis del valor de la empatía – https://theconversation.com/poniendonos-en-el-lugar-de-elon-musk-un-analisis-del-valor-de-la-empatia-254164

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