Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Colado, Redactor jefe / Editor de Salud y Medicina

Según un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las vacunas han salvado nada menos que 154 millones de vidas en los últimos 50 años. Y, sin embargo, todavía hay quien pone en duda sus beneficios –e incluso las acusa de crímenes contra la humanidad– justo cuando acabamos de superar una pandemia gracias al invento del médico inglés Edward Jenner, que demostró el poder de las inmunizaciones preventivas hace ya más de dos siglos.
De Estados Unidos llegan noticias inquietantes: la incidencia del sarampión se ha disparado, y una de sus causas son los tijeretazos sanitarios de la Administración Trump. Robert F. Kennedy Junior, notorio antivacunas al frente del Departamento de Salud, ha llegado a recomendar hígado de bacalao, vitamina A y leche materna contra esa enfermedad. La propia OMS acaba de advertir de que dolencias prevenibles como la meningitis, la fiebre amarilla o el sarampión están experimentando un repunte global por culpa, entre otras razones, de la desinformación y los recortes en la financiación.
Por eso es aún tan pertinente subrayar lo que le debemos a las vacunas y qué nos pueden deparar en el futuro. Así, mientras prosiguen los esfuerzos para dar con la fórmula definitiva y universal frente a la gripe, algunas dolencias continúan resistiéndose. Es el caso de la hepatitis C –aunque ya existe una terapia efectiva para tratarla– y, sobre todo, el sida.
Como explicaban José Alcamí, del Instituto de Salud Carlos III, y Josep Mallolas, del Institut d’Investigacions Biomédiques August Pi Sunyer, “el virus VIH ha dejado la historia de las vacunas sembrada de cadáveres con nombre de ensayo clínico”. Después de cuatro décadas, los expertos aún no han conseguido encontrar su talón de Aquiles.
Pero, afortunadamente, hoy pesan más los éxitos científicos que los fracasos. De hecho, en los últimos años ha despuntado un campo que está suscitando grandes esperanzas: el de las vacunas terapéuticas contra el cáncer. A diferencia de las inmunizaciones frente a virus o bacterias –lo que convencionalmente consideramos “vacunas”–, entrenan al sistema inmune para que reconozca y destruya piezas (antígenos) de las células tumorales una vez que se ha manifestado la enfermedad. La investigadora de la Universidade de Vigo María D. Mayán Santos nos contaba en un artículo reciente cuáles son los ensayos más prometedores para combatir patologías tan temibles como el melanoma o el cáncer de páncreas.
Y aún hay más. María Teresa Tejedor Junco, catedrática de Microbiología de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria, revelaba nuevas dianas de esta gran familia de fármacos: la celiaquía –mediante una técnica llamada “vacuna inversa”–, la adicción a las drogas o, incluso, la emisión de metano generada por el ganado. En este caso, los prototipos actualmente en ensayo bloquearían a las bacterias que producen el gas de efecto invernadero, impidiendo su proliferación.
Lo que está claro es que las vacunas seguirán desempeñando un papel protagonista en la investigación biomédica, por la cuenta que nos trae. Y que saber cómo funcionan y qué puede esperarse de ellas también nos va a inmunizar contra los insidiosos virus del negacionismo y la desinformación, potencialmente letales.
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– ref. La selección: larga vida a las vacunas – https://theconversation.com/la-seleccion-larga-vida-a-las-vacunas-255191
