Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis G. Martínez del Campo, Investigador Ramón y Cajal, Universidad Complutense de Madrid

El pragmatismo que ha presidido los acuerdos post-Brexit sobre el futuro de Gibraltar debe mucho a la historia compartida de sufrimiento que miles de personas a ambos lados de la valla padecieron durante el franquismo.
Y es que, en la Segunda Guerra Mundial, Franco lanzó una campaña de hostigamiento contra el Peñón que culminó con el cierre de la frontera entre Gibraltar y La Línea de la Concepción (Cádiz) en 1969. Aquella decisión llevó a muchos españoles al paro y a emigrar, y condenó a los gibraltareños al aislamiento y la incomunicación hasta que la Verja fue reabierta en 1982.
Tanto sufrimiento no convirtió el Peñón en español, pero sentó las bases para una relación transfronteriza que, en los últimos cuarenta años y salvo momentos puntuales, se ha basado más en el pragmatismo que en reclamaciones irredentistas. Por eso y para entender cómo se ha llegado al actual acuerdo, conviene recordar el gran coste social y la escasa efectividad que la reivindicación franquista de Gibraltar tuvo para los habitantes a uno y otro lado.
Como en familia
A principios del siglo XX, las relaciones de los gibraltareños con sus vecinos españoles eran muy amistosas y de parentesco, con numerosos matrimonios mixtos que habían llegado a preocupar a las autoridades coloniales. Aunque en 1909 el gobierno británico levantó una verja en zona neutral para controlar el contrabando, la comunicación transfronteriza continuó siendo fluida y favoreció la colaboración entre territorios.
La clase alta de la colonia salía a cazar zorros en las fincas que aristócratas españoles tenían en el Campo de Gibraltar. Asimismo, los obreros de un lado y del otro establecían lazos de camaradería para reivindicar conjuntamente sus derechos laborales.
Los contactos eran tan frecuentes que ambas comunidades compartían rasgos culturales e incluso una misma lengua, pues el español también era dominante entre la población civil de Gibraltar.
Estas intensas relaciones facilitaron que, al estallar la Guerra Civil, miles de españoles de diferentes clases sociales e ideologías pudieran refugiarse en el Peñón. No obstante, el resultado de aquel conflicto bélico, con el ascenso de Franco al poder en España, acabó con esa comunión transfronteriza.
La campaña de hostigamiento
Todo comenzó a cambiar en 1940. Mientras España pasaba de país neutral a “no beligerante” en la Segunda Guerra Mundial, el franquismo promovió una campaña periodística que derivó en manifestaciones bajo el lema “Gibraltar español” ante la Embajada británica en Madrid. Esta propaganda fue acompañada de la construcción de una red de búnkeres en La Línea de la Concepción y en otras localidades cercanas, por si Franco decidía apoyar la operación Félix, un plan que el régimen nazi había diseñado para asaltar el Peñón.
En este contexto, la población civil de Gibraltar fue evacuada a Jamaica, Madeira y Londres. Este éxodo temporal es actualmente considerado un hecho fundacional de la identidad gibraltareña.
El final de la Segunda Guerra Mundial permitió retomar las fluidas relaciones que los gibraltareños mantenían con sus vecinos andaluces. En 1954, sin embargo, la visita de la recién coronada Isabel II a Gibraltar hizo que Franco cerrara el Consulado General de España en la colonia y limitara la emisión de pases fronterizos. Entonces, cerca de 13 000 españoles entraban diariamente en el Peñón para trabajar en distintos sectores. Las restricciones que el franquismo fue aplicando hicieron que ese número se redujera paulatinamente.
En los años 60, los problemas en la frontera ya eran frecuentes, principalmente en verano, con largas colas de vehículos esperando para cruzar. En 1966, tras un incidente entre obreros transfronterizos y policías gibraltareños, Franco prohibió la entrada en Gibraltar a las españolas, provocando que 2 000 mujeres, muchas de ellas viudas, perdieran su trabajo.
En 1967 y en el contexto de esta campaña de acoso, se celebró un referéndum en el que los gibraltareños votaron a favor de permanecer bajo soberanía británica. En mayo de 1969, Gibraltar aprobó una constitución, y en junio de ese año Franco respondió cerrando definitivamente la frontera.
El bloqueo
Las consecuencias del cierre fueron devastadoras a ambos lados de la Verja. Los 4 000 españoles que aún trabajaban en el Peñón quedaron desempleados. A pesar de los esfuerzos del régimen franquista por industrializar la comarca del Campo de Gibraltar, la zona atravesó una difícil situación económica que llevó a ciudades como La Línea de la Concepción a perder muchos habitantes, que se vieron forzados a emigrar.
La economía gibraltareña también se vio seriamente afectada por la carestía de mano de obra y la caída en picado del turismo. Mientras el gobierno británico subsidió a sectores como el hostelero y trató de asegurar la autosuficiencia del Peñón, la incorporación de mujeres gibraltareñas al mundo laboral y la contratación de marroquíes paliaron la falta de mano de obra.
Los gibraltareños también tuvieron que afrontar la sensación de aislamiento que el bloqueo conllevaba. Aunque muchos recuerdan la unidad y solidaridad que se generó entre ellos, algunos sufrieron crisis de ansiedad. Asimismo, el retorno de los gibraltareños residentes en España y la llegada de marroquíes agravaron el problema de vivienda en Gibraltar, provocando situaciones de hacinamiento en distintos lugares.
Por si fuera poco, el bloqueo rompió familias cuyos miembros residían en diferentes lados de la Verja. Durante los 13 años de clausura, fueron habituales las trágicas escenas de parientes apostados a ambos bordes de la frontera para comunicarse, gritando a viva voz. Además, las dificultades para visitar el territorio opuesto hicieron que algunos no pudieran despedirse de sus seres queridos.
Reencontrándose
En 1982, el gobierno de Felipe González reabrió la frontera al tránsito peatonal y, tras una dura negociación con Margaret Thatcher, restableció totalmente la comunicación transfronteriza en 1985. Ahí empezó un proceso, no exento de altibajos, en el que gibraltareños y españoles han ido reconstruyendo las intensas relaciones que tenían antes de Franco.
Aquel pasado traumático aún genera desconfianzas que dificultan el entendimiento, pero también señala vías por las que es mejor no volver a transitar.
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Luis G. Martínez del Campo recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (España), Fondos Next-Generation-EU, en concepto de una Ayuda Ramón y Cajal 2021, titulada “Contemporary International History / Language and Diplomacy. The Cultural Dimension of Twentieth-Century International Relations”, RYC2021-034985-I.
– ref. Gibraltar: aprendizajes de un pasado traumático – https://theconversation.com/gibraltar-aprendizajes-de-un-pasado-traumatico-255201
