Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eszter Wirth, Profesora de Economía Internacional (ICADE), Universidad Pontificia Comillas

Aunque el Brent superó los 120 dólares por barril la semana pasada, sigue lejos de los 150-200 dólares previstos para un estrecho de Ormuz cerrado durante meses. Además, la economía global ha mostrado una resiliencia notable, con un impacto limitado en la vida cotidiana y las bolsas cerca de máximos.
Algunos analistas optimistas confían en un ajuste similar al de 2022, tras la invasión de Rusia a Ucrania, cuando el petróleo alcanzó 129 dólares sin provocar una recesión global. Sin embargo, la actual disrupción en Ormuz implica una pérdida de oferta mucho mayor, tensionando tanto a importadores como a productores de hidrocarburos.
¿El principio del fin de la OPEP?
La semana pasada, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) perdió a su tercer miembro más importante, Emiratos Árabes Unidos (EAU), que anunció abruptamente su salida en un momento en el que los países del Golfo deberían cooperar ante un conflicto en el que son víctimas colaterales. Pero los desacuerdos entre Arabia Saudí y EAU no son nuevos: ambos reinos compiten para convertirse en centros de negocios líderes de Oriente Medio y ejercer su influencia en Yemen, Sudán y el cuerno de África. Paralelamente, tras la firma de los Acuerdos de Abraham, en 2020, Emiratos Árabes es, entre los países del Golfo, el que mejor relación ha forjado con Israel mientras que Arabia Saudí es mucho más hostil.
La OPEP, un cartel creado en 1960 para reforzar el control sobre el petróleo de los países productores, alcanzó su mayor poder en 1973, pero fue perdiendo influencia con la aparición de nuevos productores, como EE. UU. y varios países latinoamericanos (Ecuador, Colombia), más allá de Venezuela, país socio fundador de la organización.
En 2016, la OPEP se amplió con otros socios –entre ellos Rusia– para formar la OPEP+, aunque con frecuentes tensiones por las cuotas de producción, y bajo el liderazgo de facto de Arabia Saudí, que actúa como productor regulador gracias a su capacidad ociosa (la diferencia entre su producción máxima potencial y su producción efectiva).
EAU había invertido mucho en ampliar su capacidad de extracción petrolera desde 3 millones de barriles diarios a 5 millones hasta 2027, lo que desconcertó a Arabia Saudí, acusándolo de superar las cuotas pactadas en la OPEP. No es el primer país que se retira del club –ya lo hicieron antes Catar, Ecuador y Angola– y el cartel sobrevivió. Sin embargo, sería muy preocupante si otros miembros siguiesen su ejemplo, como Kuwait, Irak o Venezuela. Y el bloqueo de Ormuz ha sacado a relucir el poder de Irán, otro miembro del club, en detrimento de Arabia Saudí, Kuwait e Irak, cuyas exportaciones petroleras se encuentran paralizadas.
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Verano, refinería y tensiones: el factor EE. UU.
Estados Unidos es un productor sustancial de hidrocarburos pero también un gran importador, por lo que su tasa de apertura comercial lo expone a la volatilidad de los precios internacionales. Además, su territorio presenta desequilibrios en el suministro. La costa Este, la más poblada, dispone de poca capacidad de refino y depende de importaciones. La costa Oeste está relativamente aislada del resto del sistema energético nacional, al carecer de oleoductos que la conecten al golfo de México, y, cuando hay déficit, depende de las importaciones desde Oriente Medio, Asia o América Latina.
A medida que se acerca el verano, el aumento de la demanda (driving season) en EE. UU. podría impulsar el precio del combustible por encima de los 5 dólares por galón (unos 4,27 euros por unos 3,8 litros de combustible). Los líderes iraníes asumen que Donald Trump no podría tolerar tal encarecimiento por su coste electoral en las elecciones de medio mandato del próximo noviembre, pero subestiman el egoísmo del presidente estadounidense, quien se preocupa menos por las carreras de los congresistas republicanos que por firmar un acuerdo más humillante con Irán que el que firmó Obama en 2015.
Además, Trump podría emplear otra herramienta egoísta: restringir las exportaciones de combustibles estadounidenses para retener la oferta nacional. Esta medida sería un trago amargo para Europa Occidental, que importa grandes cantidades de petróleo refinado estadounidense, sobre todo diésel.
Las refinerías europeas procesan crudo para generar, sobre todo, gasolina (en detrimento del diésel o los combustibles de aviación) pese a que el transporte por carretera europeo depende fuertemente del diésel. Dicho combustible solía comprarse a Rusia pero, desde 2022, las autoridades europeas lo sustituyeron por diésel procedente del golfo Pérsico, la India o EE. UU.
Europa, poco coordinada
La Agencia Internacional de Energía ha advertido de que Europa podría sufrir falta de suministro de combustible para aviones si sus refinerías deciden recortar la producción de queroseno a favor del diésel.
Adicionalmente, Europa tiene que lidiar con una debilidad interna: la falta de coordinación. Los Estados comunitarios no comparten bien la información sobre sus inventarios, lo que dificulta gestionar una crisis en tiempo real, y en algunos casos ni siquiera se sabe con precisión cuántas reservas hay disponibles.
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Eszter Wirth no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Resiliencia aparente y riesgo real en el mercado mundial de hidrocarburos – https://theconversation.com/resiliencia-aparente-y-riesgo-real-en-el-mercado-mundial-de-hidrocarburos-281932
