Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

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Como asturiana que soy, cada vez está más cerca mi época favorita del año: los Premios Princesa de Asturias. Todos los otoños (ya, entiendo que he utilizado “cerca” de forma algo optimista), algunas de las mentes más creativas e inteligentes del mundo se dan cita en Oviedo para recibir esos galardones y, sobre todo, para interactuar con el público en decenas de eventos en los que los meros mortales podemos aprender de ellos y celebrar su legado.
La Fundación Princesa de Asturias comenzó la semana pasada a reunir a los jurados que otorgan los premios y, de momento, han concedido dos, que conciernen a este Suplemento de lleno. Por un lado, el de las Artes irá a parar a la multifacética Patti Smith. Y, por el otro, el de Comunicación y Humanidades viajará a Japón, al Studio Ghibli, en los que parece una suerte de segundo galardón de las Artes. Pero, al fin y al cabo, la línea entre las humanidades, la comunicación y el arte es finísima.
Es curioso lo propicio que es para el galardón una de sus reflexiones. Cuenta Smith, en el prólogo de su estupendo libro Éramos unos niños, que esto fue lo que sucedió cuando supo que su íntimo amigo Robert Mapplethorpe había muerto:
“Me quedé inmóvil, paralizada; luego, despacio, como si estuviera inmersa en un sueño, volví a sentarme. En aquel instante, Tosca comenzó la magnífica aria ‘Vissi d’arte’. ‘He vivido para el amor, he vivido para el arte’. Cerré los ojos y entrelacé las manos. La Providencia había dictado cómo sería mi despedida”.
La bullente creatividad de la artista, que toca infinitos palos en un intento constante por expresarse, queda patente en los dos artículos que hemos publicado sobre su figura, esencial en la música y, desde hace unos años, también en la literatura.
Por otro lado, la redondez y aparente amabilidad de las propuestas del Studio Ghibli merecen también un análisis. Porque el color, la fantasía y el optimismo que transpiran sus películas esconden en realidad una forma de mirar el mundo en la que no hay certezas pero sí intención de tender puentes.
El hábito hace al cine
Le he robado vilmente el título al último (y fantástico) libro de Manuela Partearroyo para hablar de vestuario, películas y… dinero. Muchas veces las lecturas en las que una está inmersa resuenan con lo que sucede en el mundo. Y casualmente, su análisis del vestuario en el cine español -y, por asociación, en la historia del país… o viceversa- ha caído en mis manos a la vez que El diablo viste de Prada 2 llegaba a las pantallas.
Además de la taquilla que está haciendo, bastante alegre, merece la pena detenernos en el filme para ver un ejemplo más del vínculo que muchas grandes marcas de ropa han tenido con el cine. Como Partearroyo explica en su investigación, muchas veces colocar una firma concreta en una historia responde más a campañas de marketing que a una necesidad real de incluir ese tipo de vestuario en la caracterización.
No obstante, la moda no deja de ser un espacio más –cotidiano y, por ello, lleno de posibilidades– de expresar creatividad. ¿Es la moda arte? De acuerdo con la propuesta de la última Met Gala, sí. De acuerdo con algunas reflexiones posteriores a la alfombra roja, la referencia pictórica de muchos de los vestidos quedó opacada por la sensación de que quienes los vestían “no iban guapos”. Tampoco fue nunca ese el objetivo inicial.
Las mujeres (y los hombres que las agreden)
En algún momento a todos nos gustaría que los abusos del pasado dejasen de tener eco en el presente pero, lamentablemente, eso todavía no ha sucedido. La investigación de los medievalistas Íñigo Mugueta y Alicia Inés Montero sobre la guerra civil del reino de Navarra demuestra una estrategia consciente de uso y abuso de las mujeres de la nobleza como “arma” contra el enemigo. Algo que está a la orden del día en el mundo actual.
Sin utilizar la violencia ni la coacción, pero también con agresividad latente, se ha abordado la figura de Sydney Sweeney en la última temporada de Euphoria. La recepción del personaje y de la actriz han propiciado juicios masculinos sobre la belleza que llevan siglos determinando la vida de las mujeres.
¿Acaso no es todo arte?
En los comienzos de The Conversation ES, cuando dudábamos de la sección a la que pertenecía un tema, Luis Torrente, antiguo director, decía “Cultura, ¿no? Porque, después de todo, ¿acaso no es todo cultura?”. Siempre me hizo gracia la reflexión porque, efectivamente, puestos a pensar en ello, (casi) todo podría denominarse así.
Hoy traigo un ejemplo nuevo, porque, si miramos algo de cerca, ¿acaso no es todo arte?
De entrada, si echamos la vista atrás, podemos ver que los conocimientos arqueológicos que tenemos sobre el ser humano están muy entrelazados con las representaciones artísticas que nos dejaron los ancestros. Para cuidarlas y preservarlas, la tecnología ha puesto a nuestra disposición los facsímiles.
Otra disciplina en la que se puede ver nítidamente el vínculo con el arte es la medicina. Durante décadas reputados escultores se dedicaron a la figuración anatómica para hacer que los estudiantes aprendiesen todo sobre el cuerpo humano gracias a sus obras.
Y por último, ¿qué sería del urbanismo sin el dibujo? Hoy, gracias al trabajo del arquitecto Pier Maria Baldi, acompañante de Cosme III de Médici en su paseíllo por España a finales del siglo XVII, sabemos cómo era la villa de Cadaqués entonces y cómo ha evolucionado hasta ser el destino turístico de moda.
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– ref. Suplemento cultural: premios, premios, premios – https://theconversation.com/suplemento-cultural-premios-premios-premios-282079
