Post

Ni pasar página ni romper: equilibrio en la pareja

Ni pasar página ni romper: equilibrio en la pareja

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Agata Kasprzak, Profesora de Psicología y terapeuta, Universidad Francisco de Vitoria

simona pilolla 2/shutterstock

Hay decisiones que no se toman en voz alta. Se toman en silencio, cuando uno repasa la discusión con su pareja una y otra vez y se pregunta si debería dejarlo pasar o marcar un antes y un después.

Tras una mentira, un comentario hiriente o una falta repetida de respeto, muchas personas se enfrentan a una disyuntiva: perdonar y seguir adelante o poner límites y arriesgar la relación de pareja.

Perdonar parece generoso. Poner límites, necesario. Pero ¿y si no fueran opciones opuestas? Quizá el verdadero problema no esté en la ofensa, sino en cómo entendemos el perdón.

Culturalmente hemos aprendido a asociar el perdón con la generosidad y los límites con la dureza. Perdonar se percibe como un gesto noble, incluso a veces hasta moralmente superior.

La culpa a la hora de poner límites

Poner límites, en cambio, suele interpretarse como frialdad, egoísmo o una amenaza para la continuidad de la relación. Muchas personas experimentan incluso culpa al hacerlo o empiezan a dudar de sí mismas: ¿estaré siendo demasiado exigente?, ¿no debería ser más comprensivo/a?, ¿significará poner límites amar con menos intensidad?

Esta manera de entenderlo alimenta una falsa dicotomía: o soy comprensivo y paso página o me protejo y arriesgo el vínculo.

Sin embargo, la investigación muestra que esta oposición es engañosa. El perdón en la pareja no consiste en “hacer como si nada” ni en tolerar cualquier conducta. Desde el punto de vista científico, implica un cambio motivacional profundo: disminuir el deseo de venganza y evitación y aumentar progresivamente la benevolencia hacia quien ha causado el daño.

Numerosos estudios indican que cuando el perdón genuino se asocia con mayor satisfacción relacional, la resolución de conflictos y la regulación emocional. Pero también señalan algo clave: el perdón que fortalece una relación no elimina los límites: se apoya en ellos.

No todo lo que llamamos “perdón” repara una relación. Desde una perspectiva psicológica, es posible distinguir entre un perdón genuino y lo que podríamos llamar pseudoperdón: cuando alguien dice haber perdonado, pero en realidad ha restado importancia a la herida o ha reprimido su propio dolor. Un perdón entendido así no sana el vínculo. Lo debilita. Lo deforma.

Cuando analizamos cómo funciona el perdón tras una ofensa concreta, una mentira, una traición o una falta repetida de consideración, entre otros muchos motivos, comprobamos que la gravedad percibida del daño influye directamente en el malestar posterior. Cuanto más grave se percibe la ofensa, mayor tienden a ser la rumiación, la evitación y el resentimiento.

Sin embargo, en una investigación reciente que hemos llevado a cabo con casi 600 personas en relaciones de pareja encontramos algo decisivo: la capacidad de mantener un equilibrio entre conexión emocional y autonomía, lo que en psicología llamamos diferenciación del self , modifica radicalmente este proceso. En personas con baja diferenciación, cuanto más grave era la ofensa, mayor era el malestar emocional y la tendencia a la evitación. En cambio, en quienes mostraban alta diferenciación, esa relación prácticamente desaparecía: podían reconocer el daño sin quedar atrapadas en él.

El perdón no es resignación

Perdonar no significa que todo siga igual. Significa que el daño no decide quién soy ni quién quiero ser. El perdón que repara no consiste en eliminar límites, sino en integrarlos. Implica reconocer la injusticia, expresar el impacto, pedir cambios si son necesarios y, desde ahí, decidir si se quiere perdonar. Sin límites claros, el perdón puede convertirse en resignación. Con límites saludables, puede convertirse en una oportunidad real de reparación.

El perdón no es una decisión impulsiva ni un acto de debilidad. Tampoco es un cheque en blanco. Para que realmente repare una relación de pareja necesita un reconocimiento claro del daño, la asunción de responsabilidad por parte de quien ha ofendido y cambios consistentes que devuelvan seguridad al vínculo.

Cuando estas condiciones no están presentes, perdonar puede convertirse en autoengaño o resignación. Pero cuando existen, el perdón deja de ser una amenaza para los límites y se transforma en un ejercicio de madurez emocional.

No se trata de elegir entre perdonar o poner límites. Se trata de comprender que el perdón genuino es, en sí mismo, una forma de límite: delimita lo que fue injusto, marca lo que no puede repetirse y abre la posibilidad de reconstruir sin borrar lo ocurrido.

Quizá el verdadero dilema no sea perdonar o poner límites, sino si estamos dispuestos a hacer ambas cosas al mismo tiempo.

The Conversation

Agata Kasprzak no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ni pasar página ni romper: equilibrio en la pareja – https://theconversation.com/ni-pasar-pagina-ni-romper-equilibrio-en-la-pareja-276350

MIL OSI – Global Reports