Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Cano-Barbacil, Investigador postdoctoral en ecología, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)

Los resultados de un reciente estudio en el que analizamos la presencia de peces introducidos en los ríos de la región mediterránea son alarmantes: hay más de 150 especies invasoras en el territorio. Y su llegada está estrechamente vinculada a las actividades humanas. De estas especies, 106 han logrado establecer poblaciones, es decir, se mantienen por sí mismas sin intervención humana.
Los países con mayor número de peces invasores son Italia, España y algunos estados balcánicos. En ciertos sistemas acuáticos, la magnitud de este fenómeno resulta especialmente llamativa. En el río Segura (España) o en el lago Pamvotis (Grecia), más del 70 % de las especies de peces presentes son introducidas, lo que refleja hasta qué punto se ha transformado la composición original de estas comunidades.
Sospechosos habituales
Las especies más extendidas en la región mediterránea son la gambusia, establecido ya en 21 países, y la carpa, en 20. La perca sol, presente en 16 países, es la tercera en la lista.
Las especies más ampliamente distribuidas comparten una serie de rasgos comunes: suelen tener una alta capacidad reproductiva y gran tolerancia ambiental. Sus introducciones suelen estar vinculadas a actividades humanas dado su interés comercial o recreativo. Este es el caso de algunos salmónidos, o especies como el siluro, uno de los más buscados en la pesca deportiva de agua dulce en Europa.
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¿Cómo han llegado a nuestras aguas?
Si bien una parte de los peces introducidos en los países mediterráneos provienen de regiones lejanas, como Asia oriental y Norteamérica, la mayoría llegaron de países vecinos. Curiosamente, ha existido un “intercambio” de especies entre países cercanos, favoreciendo una “homogeneización” de la fauna acuática de la región. En España, por ejemplo, especies como el lucio o el alburno han sido introducidas desde Centroeuropa, mientras que alguna especie ibérica como el barbo del Ebro se ha establecido en algunos ríos italianos.
La principal vía de introducción son los escapes de cría en cautividad en piscifactorías o acuarios que terminan llegando al medio natural. También son relevantes las liberaciones intencionadas motivadas por la pesca deportiva o el control biológico, como ocurre con el siluro o la gambusia, respectivamente.
Aunque en menor medida, también existen introducciones accidentales, que ocurre cuando especies son transportadas de forma inadvertida junto a equipos de pesca o en aguas contaminadas.
Economía, embalses y clima: claves en las invasiones biológicas
La presencia de peces introducidos no es producto del azar, sino que está relacionada con diferentes factores ambientales y socioeconómicos. De acuerdo con diversos estudios, los países con mayor producto interior bruto tienden a tener más especies introducidas. En regiones con más comercio, más transporte y un desarrollo más intenso de actividades como la acuicultura o la pesca recreativa se incrementan las oportunidades de introducción.
Del mismo modo, los embalses funcionan como auténticas “puertas de entrada”. Estos ecosistemas profundamente alterados tienen condiciones más favorables para los peces invasores, mejor adaptadas que las autóctonas. Y se ha observado que las zonas con climas más favorables y más hábitats acuáticos disponibles albergan más especies introducidas.
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Un impacto profundo en la biodiversidad
Las especies invasoras afectan a las autóctonas de múltiples maneras. Peces como el siluro actúan como depredadores directos, alimentándose de fauna autóctona. Y otros como la gambusia causan “cascadas tróficas”, compitiendo por los recursos disponibles con la fauna autóctona y también atacándola directamente.
A estos efectos se suman impactos menos visibles, pero igualmente importantes, como la transmisión de enfermedades y parásitos, o la hibridación con especies autóctonas. Además, la presencia de especies introducidas altera las cadenas tróficas y cambia el equilibrio natural de los ecosistemas. Como resultado se produce una pérdida progresiva de biodiversidad global.
Un reto para el futuro
Las invasiones biológicas se han convertido en uno de los grandes desafíos ambientales del siglo XXI. Una vez que una especie introducida logra establecerse en un ecosistema, su erradicación a menudo no es posible o resulta extremadamente difícil y costosa. Por ello, los expertos coinciden en que la clave no está tanto en su eliminación, sino en la prevención de nuevas introducciones.
Esto implica reforzar el control del comercio de especies, regular la acuicultura y la pesca recreativa y desarrollar sistemas de alerta temprana para detectar nuevas introducciones lo antes posible. A ello se suma la necesidad de fomentar la educación y la concienciación pública, ya que algunas de estas introducciones están relacionadas directa o indirectamente con actividades humanas cotidianas. Asegurar el equilibrio de nuestros ecosistemas no es solo una función de las autoridades, es responsabilidad de toda la ciudadanía.
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Carlos Cano-Barbacil recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España (MICIU/AEI/10.13039/501100011033) y FSE+.
Emili García-Berthou recibe fondos para sus proyectos de investigación. Actualmente, de la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, MICIU/AEI/10.13039/501100011033) (proyecto PID2023-146173NB-C21)
Francisco José Oliva Paterna recibe fondos de Investigación. Parte del estudio al que hace referencia el artículo queda incluído en las acciones After-LIFE del proyecto LIFE INVASAQUA (Aquatic Invasive Alien Species of Freshwater and Estuarine Systems: Awareness and Prevention in the Iberian Peninsula) (LIFE17 GIE/ES/000515) subvencionado por el Programa LIFE de la Unión Europea. .
– ref. Catástrofe invisible: peces invasores en los ríos mediterráneos – https://theconversation.com/catastrofe-invisible-peces-invasores-en-los-rios-mediterraneos-282245
