Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea J. Arratibel, Editor, The Conversation
A principios de este año se celebró la 56ª reunión del Foro Económico Mundial, más conocido como Davos, un encuentro en que la soberanía digital y el futuro de la IA tomaron el protagonismo. Precisamente los campos del conocimiento en los que la mexicana ecuatoriana Paola Ricaurte, doctora en Ciencias del Lenguaje, ha dedicado su trayectoria desde un análisis feminista y anticolonialista.
Profesora del Departamento de Medios y Cultura Digital en la Escuela de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey, e investigadora asociada del Berkman Klein Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard, Ricaurte estudia el impacto de la industria tecnológica en la geopolítica y la sociedad.
Además de coordinar la Red de Investigación Feminista de IA (FAIR), cuyo fin es crear y mantener una agenda de investigación con acción feminista creada por y para mujeres, es autora del Manifiesto de la Inteligencia Artificial Descolonial. Y cofundadora de Tierra Común, una iniciativa académica para la descolonización de los datos.
Forma parte del grupo de expertos en ética de IA sin fronteras de la UNESCO y en el 2025 fue nombrada una de las 100 personas más influyentes del mundo en IA. Sus análisis y cuestionamientos en torno al impacto social de los sistemas tecnológicos hegemónicos la ha posicionado como una de las voces latinoamericanas de la actualidad más destacadas en la materia
Las conversaciones del último Foro Económico Mundial evidenciaron que el debate ya no gira en qué impacto pueden tener las nuevas tecnologías en el mundo sino en cómo lo están configurando.
En la actualidad hay una guerra geopolítica que también atraviesa la dimensión tecnológica, en particular relacionada con la IA. Occidente está en este momento muy fracturado, en una posición de crisis, también en los intentos por controlar la cadena de valor de la IA. Las políticas estadounidenses de los últimos años van encaminadas a lograr ese control e impulsar medidas para fomentar la industria propia, para imponer su infraestructura tecnológica en el resto del mundo. En cuanto a Europa, está viendo amenaza su soberanía frente a Estados Unidos y quiere responder de alguna forma.
¿Y qué papel juegan el resto de regiones en la geopolítica de la IA?
Una vez que una infraestructura tecnológica se impone en un territorio, es posible ejercer presión, tanto física como simbólica. Las regiones que somos fundamentales en la cadena de valor de la IA pero que no la controlamos, como le ocurre a América Latina, tenemos muchos desafíos por delante. En particular, aquellos que tienen que ver con cómo nosotros, sabiendo que estamos en una posición subordinada, podemos generar contrapesos para que dejar de ser simples proveedores de recursos naturales, de datos o de fuerza de trabajo –como hemos sido históricamente–.
¿Está América Latina generando esos contrapesos?
Al estar tan fragmentada en términos políticos, América Latina no ha sido capaz de responder con una visión y una estrategia regionales sobre la IA que permitan generar contrapesos en términos comerciales y negociar mejores condiciones para nuestra inserción en ese mercado.
En lugar de eso, lo que han hecho muchos gobiernos ha sido responder de manera pasiva. O aún peor, muchos han respondido proactivamente en favor de la visión que favorece a las compañías estadounidenses. Esto ha permitido una regulación –o una falta de regulación– que permite a las compañías desplegarse e instalarse, con los máximos beneficios, sin necesidad de retribuir a los territorios donde se están instalando.
¿Qué pasa entonces si algo falla en la cadena de valor de la IA? Si la seguridad o la capacidad operativa de un gobierno está a expensas de una empresa extranjera que le provee software y hardware, conectividad, no puede reaccionar ante un fallo y puede perder el acceso a información crucial para gobernar. Controlar la infraestructura no es solamente una cuestión económica: afecta a la política de un país y, en última instancia, a los procesos democráticos.
México vive en la actualidad un auge de centros de datos impulsado, sobre todo, por la IA, que está atrayendo inversiones masivas. ¿Qué impacto tiene para el país?
Si observamos las políticas de los países con centros de datos, como México o Brasil, normalmente se invita a la inversión extranjera, se les ofrece exención o reducción de impuestos y tierras. Paradójicamente, a las grandes corporaciones no se les exigen ni evaluaciones de impacto ambiental, ni transparencia, ni que contraten personas del país para contribuir a las economías locales donde se instalan los centros de datos. Eso hace que, de alguna manera, los ciudadanos estemos pagando los costos del desarrollo de la IA con nuestros datos y nuestras tierras, con un impacto en el ambiente y en las comunidades que no deberíamos ignorar.
¿Y cuál sería la alternativa?
Podemos encontrar algunas iniciativas que están encaminadas a promover más la soberanía, como cuando Brasil bloqueó a la empresa X, de Elon Musk. Pero son iniciativas aisladas. La cuestión es promover iniciativas más articuladas, desarrollar una política regional que permita mantener una postura en bloque en favor de América Latina, en lugar de beneficiar a Estados Unidos y sus empresas. Se necesita una regulación que exija transparencia y rendición de cuentas a las empresas. Y, por supuesto, que exija también una regulación estricta y una retribución en términos económicos a los territorios. No basta con la inversión que prometen, porque es un dinero que no se queda.
¿Cómo afecta el control de la infraestructura tecnológica global en las políticas sociales de cada país?
Mientras nosotros no tengamos capacidad de gobernanza sobre nuestra infraestructura es imposible tenerla en términos políticos y sociales. La sociedad funciona y opera a través de sistemas tecnológicos, de infraestructuras tecnológicas. Si esas tecnologías no se regulan, entonces las ciudadanas estamos a merced de lo que las corporaciones quieran. Es obligación de los gobiernos ser garantes de los derechos humanos. Y desde la sociedad civil se debe exigir que los gobiernos cumplan con esa función.
Hasta ahora estamos viendo todo lo contrario, que las nuevas tecnologías refuerzan la brecha de desigualdad sistémica
Así es. Es importante que entendamos que las tecnologías no son solo dispositivos o materiales tangibles (cables, computadoras, centros de datos, software, antenas…): hay también una parte simbólica. Nuestras concepciones de lo que nosotros pensamos o deseamos de la tecnología en general, y de la inteligencia artificial en particular, conforman narrativas acerca del mundo que queremos.
La tecnología hegemónica que gobierna hoy lleva incrustada una visión del mundo que no favorece a la mayoría y no la va a favorecer mientras no cambien las lógicas, condiciones y narrativas sobre las que se construye.
¿Por qué no favorece a la mayoría?
Es una tecnología que obedece a intereses orientados a exterminar cualquier tipo de posibilidad de que existan personas y maneras de pensar diversas. Pretende controlar los territorios en términos físicos, pero también los procesos políticos.
Podemos hablar de tecnologías coloniales porque reproducen todos los patrones de la dominación colonial, desde lo material hasta lo simbólico, desde el control de los minerales hasta el control del pensamiento. Y también son imperialistas, porque buscan esa acumulación de poder en un centro; son racistas porque el ideal del ser humano es el blanco; y son patriarcales porque ese ser humano es un hombre. Todas las personas que quedamos fuera de esa concepción estamos sufriendo los efectos de los daños, de las violencias.
Al fin y al cabo, todas las violencias, formas de exclusión y de discriminación van dirigidas hacia las personas que son diferentes a lo hegemónico. Y ese es el modelo del mundo que se está impulsando mediado por esta tecnología y que se quiere imponer para todos.
¿Qué impacto directo supone esa tecnología en las poblaciones?
La tecnología de la IA es un arma con una doble cara, al mismo tiempo un poder duro y uno blando. Vemos en tiempo real cómo se está utilizando la tecnología para matar personas y ejercer violencia de manera masiva. Y a la vez, observamos cómo esta tecnología está embebida en todos los procesos productivos y sociales cotidianos.
Si se instaura un sistema donde tenemos, por una parte, la posibilidad de matar, es decir, el control de la violencia física, y por otra parte, tenemos el control de la violencia simbólica, se entiende por qué es tan importante para las grandes potencias ganar la batalla de la IA. Más allá de lo que implica en términos económicos, sino por lo que implica en términos del control social y del control físico de los territorios.
¿Hacia qué modelos deberíamos transitar para que las nuevas tecnologías favorezcan a una mayoría?
Debemos transitar hacia tecnologías que encarnen la posibilidad de vivir sobre el planeta, porque las que tenemos están hechas para destruirlo. Debemos pensar en un mundo donde haya posibilidad de existencia futura para todas, pero también en unas tecnologías que habiliten las condiciones para que eso sea posible y no lo contrario
Hace unos años creaste una plataforma contra el colonialismo de los datos. ¿Qué tipo de iniciativas se fomentan?
Desde Tierra Común promovemos el desarrollo de inteligencia artificial feminista y anticolonial. Las propuestas que recibimos tienen todas un enraizamiento comunitario, están orientadas a plantar cara a una violencia sistémica desde una comunidad local.
Para nosotras es importante que exista la posibilidad de que las comunidades puedan desarrollar sus propias tecnologías. Y este proyecto trata de crear las condiciones para hacerlo posible. Hacer posible que todas las personas, independientemente del lugar que ocupan en la sociedad, puedan tener la posibilidad de desarrollar las tecnologías que quieren y que necesitan. Y no que venga alguien más a desarrollar algo que no necesitan o que no está diseñado para ellas y que tiene el fin de convertirlas en consumidoras de algo que beneficia a otros. Es una cuestión de soberanía.
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– ref. Paola Ricaurte, experta en IA: “América Latina está pagando los costos del desarrollo de la IA con sus datos y sus tierras” – https://theconversation.com/paola-ricaurte-experta-en-ia-america-latina-esta-pagando-los-costos-del-desarrollo-de-la-ia-con-sus-datos-y-sus-tierras-275414
