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El valor de la amabilidad o por qué los lobos tienen problemas de extinción y los perros, no

El valor de la amabilidad o por qué los lobos tienen problemas de extinción y los perros, no

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jonathan Benito Sipos, Profesor Titular Fisiología Animal. Neurociencia, Universidad Autónoma de Madrid

In Green/Shutterstock

¿Es la amabilidad una estrategia evolutiva? ¿Tiene ventajas tangibles ser amable en la sociedad en la que vivimos?

La primera respuesta nos la van a dar ni más ni menos que los perros y los lobos. Ambos comparten el 99,9 % de su genoma, pueden procrear entre ellos y obtener descendencia fértil. Desde el punto de vista de la biología, muchos los consideran la misma especie (Canis lupus).

Sin embargo, los lobos llevan miles de años jugando con la extinción, mientras que se estima que existen 900 millones de perros en el planeta. ¿Cómo es esto posible? ¿Cuál es esa pequeña y sutil diferencia entre ellos que es tan determinante?

Resulta que ambos provienen de un ancestro común, el lobo de la Edad de Hielo (Aenocyon dirus). Estos animales eran un tanto impredecibles, desconfiados y también agresivos cuando tenían hambre. Pero, entre esos lobos, surgían algunos individuos más sociales, más predecibles, más confiables y menos agresivos.

Ejemplar de lobo gris Canis lupus.
Wikimedia Commons., CC BY

Los primeros perros

Los primeros Homo sapiens dejaban que estos animales se acercasen a la periferia de los poblados a comer los restos de su comida, siempre y cuando no fueran una amenaza. Y claro, se veía venir lo que terminaría por ocurrir: los individuos más sociales comían más y mejor que los menos sociales.

Al reproducirse entre sí esos individuos más sociales, en unas pocas generaciones (no más de seis) surgieron animales ultrasociales, a los que hoy llamamos perros y de los que ya nunca se desprenderían los sapiens.

Por tanto, la diferencia entre el perro y el lobo es lo que llamamos en neurobiología la prosociabilidad, es decir, la amigabilidad o la amabilidad, que en este caso demostró ser una estrategia evolutiva ganadora. El proceso que experimentaron los perros se denomina autodomesticación.

Por qué los sapiens sobrevivieron a los neandertales

Y no es el único ejemplo, ni siquiera el más cercano a los humanos. Nosotros mismos también sufrimos un proceso de autodomesticación. Hace unos 46 000 años, el espíritu aventurero del sapiens nos trajo a Europa. Provenientes de África, aquellos primeros colonos se encontraron con varias adversidades con las que, probablemente, no contaban.

Por un lado, Europa les recibió con el frío gélido propio de un periodo glacial. Por otro, se toparon con que ya había otros humanos viviendo en esta latitudes. Que sepamos, como poco, ya estaban por aquí los neandertales.

Y los neandertales no eran poca cosa. Para empezar, eran insultantemente más fuertes que nosotros: en una lucha cuerpo a cuerpo nos podrían despedazar como a una muñeca de trapo. Para seguir, eran, al menos, igual de inteligentes que nosotros. Entonces, ¿por qué la historia la escribimos los sapiens y no los neandertales?

Inteligencia y fuerza no son suficientes

Llegó un momento en la evolución donde la fuerza bruta ya no era suficiente: los osos eran más fuertes que los humanos, pero no eran los osos los que se estaban disputando el mundo. También llegó un momento en que la inteligencia bruta no era suficiente. Hacía falta algo más. Y ese más era una diferencia sutil, como en el caso del perro y el lobo.

Los neandertales eran seres humanos en toda su expresión, con una cultura muchísimo mayor de lo que sospechábamos hace unas décadas, que cuidaban a sus enfermos y despedían con ritos funerarios a sus muertos.

Sin embargo, todos los indicios apuntan a que vivían en pequeños grupos de convivencia (de no más de una docena de individuos) y que las interacciones con otros grupos eran más limitadas que las que tenían los sapiens. Estos últimos vivían en grupos mayores y, además, estaban más conectados con los otros grupos.

Es decir, los neandertales eran prosociales, pero parece que los sapiens lo éramos más. Y esta sutil diferencia puede explicar que hubiera mayor intercambio de información entre los sapiens y que, por tanto, su tecnología se desarrollase a mayor velocidad.

Con toda probabilidad, la extinción de los neandertales fue multifactorial. Pero parece que la mayor prosociabilidad de los sapiens pudo jugar un papel fundamental en aquella batalla evolutiva.

Factor de protección de la salud

Lejos de ser un atributo “blando”, la amabilidad es una estrategia evolutiva de primera magnitud. Entre otras cosas porque las personas que la practican la generan muchas interacciones positivas a lo largo de su día a día. Y cada vez tenemos más evidencia científica de que estas interacciones positivas redundan en una mayor felicidad , tanto para el que las practica como para el que las recibe.

Conseguir ser más feliz ya es de por sí todo un logro. Pero es que, además, las personas felices tienen menor riesgo de sufrir enfermedades y viven más años.

The Conversation

Jonathan Benito Sipos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El valor de la amabilidad o por qué los lobos tienen problemas de extinción y los perros, no – https://theconversation.com/el-valor-de-la-amabilidad-o-por-que-los-lobos-tienen-problemas-de-extincion-y-los-perros-no-283612

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