Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Vázquez Carrera, Catedrático de Farmacología, Universitat de Barcelona
Muchos pacientes con diabetes mellitus tipo 2 se preguntan cómo es posible que tengan la glucosa elevada incluso en ayunas. La respuesta se encuentra en la llamada resistencia a la insulina, que no solo impide que las células de los pacientes capten la glucosa adecuadamente, sino que también propicia que el hígado continúe produciéndola. Veamos cómo sucede y cuáles son las líneas de investigación actuales para tratar este trastorno.
Energía siempre disponible
Por lo general, los niveles de glucosa en sangre están muy bien regulados gracias a un equilibrio entre la entrada de este tipo de azúcar que proporcionan los alimentos y su captación por los tejidos. Tal equilibrio depende sobre todo de la insulina:
después de comer, el aumento de glucosa en sangre es el principal estímulo para que sea secretada por parte de las células beta del páncreas. Esta hormona facilita la absorción, utilización y almacenamiento de la glucosa por los tejidos, permitiendo que el cuerpo tenga energía disponible cuando la necesita.
Ahora bien, si pasamos muchas horas sin comer, el cuerpo debe mantener un nivel mínimo de glucosa en sangre para evitar la hipoglucemia y garantizar el aporte de energía a los tejidos; especialmente al cerebro, que depende casi exclusivamente de ella.
En las primeras horas de ayuno, el hígado la produce rompiendo los depósitos de glucógeno, la forma de almacenamiento de la glucosa. Cuando el ayuno se prolonga y el glucógeno se agota, el hígado comienza a sintetizarla a partir de precursores que no provienen de los carbohidratos, un proceso conocido como gluconeogénesis.
Este mecanismo es esencial, ya que garantiza que nuestros órganos, y sobre todo el cerebro, continúen funcionando en ayunas.
Cuando se estropea la cerradura
La presencia de diabetes tipo 2 altera completamente la regulación normal de los niveles de glucosa en sangre, ya que los pacientes desarrollan resistencia a la insulina.
Una manera sencilla de explicarlo es imaginando a esa hormona como una llave que abre la puerta de las células para que la glucosa pueda entrar y ser utilizada como energía. En una persona sana, la llave encaja bien en la cerradura, la puerta se abre y la glucosa pasa de la sangre al interior de las células. En cambio, en los pacientes con resistencia a la insulina, la cerradura está estropeada. Aunque el cuerpo fabrique la hormona y haya llaves disponibles, la puerta no se abre lo suficiente. El resultado es que parte de esa glucosa no puede entrar en las células y se acumula en la sangre, provocando hiperglucemia crónica.
Pero no es la única acción de la insulina. Otra de sus funciones clave es frenar la producción de glucosa en el hígado mediante la inhibición de la gluconeogénesis hepática. En la diabetes mellitus tipo 2, la resistencia a la insulina impide que ejerza correctamente este efecto, lo cual provoca que el hígado continúe fabricando glucosa incluso cuando no es necesaria. La consecuencia es que sus niveles en sangre permanecen elevados en ayunas. De hecho, se ha descrito que la gluconeogénesis hepática en personas con diabetes tipo 2 puede estar aumentada entre un 40 y un 200 % en comparación con individuos sanos.
Por este motivo, reducir la producción hepática de glucosa se ha convertido en una estrategia prometedora para mejorar la eficacia de los tratamientos hipoglucemiantes disponibles en la actualidad.
Una nueva diana terapéutica en la diabetes tipo 2
Una de las claves para controlar la producción excesiva de glucosa por parte del hígado en la diabetes tipo 2 podría ser la molécula del estrés GDF15. De hecho, ratones que carecen de esta citocina muestran un incremento de la gluconeogénesis hepática, lo que sugiere que regular sus niveles podría ayudar a frenar la producción de glucosa en el hígado.
Además, estudios previos en pacientes con diabetes tipo 2 mostraron que el tratamiento con metformina –el antidiabético más prescrito para tratar la diabetes mellitus tipo 2 y que actúa principalmente inhibiendo la gluconeogénesis hepática– también aumenta los niveles de GDF15.
Esto apunta a que parte del efecto antidiabético del fármaco podría explicarse por su capacidad de elevar GDF15 y, con ello, de reducir la producción hepática de glucosa. De hecho, nuestro grupo de investigación observó recientemente que dicho efecto no se observa en ratones deficientes en GDF15.
Asimismo, en nuestro último estudio hemos observado que la metformina no logra aumentar los niveles circulantes de esa molécula en ratones que carecen del receptor PPARβ/δ. Seguramente sea debido a que PPARβ/δ es crucial para la maduración de GDF15 y, por consiguiente, el aumento de sus niveles en sangre.
En conjunto, estos hallazgos comienzan a revelar los determinantes clave en la regulación y función de GDF15, ofreciendo pistas prometedoras para mejorar el control de la glucosa en pacientes con diabetes tipo 2.
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Manuel Vázquez Carrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Por qué los pacientes con diabetes tipo 2 tienen la glucosa alta en ayunas (y cómo puede mejorarse su control) – https://theconversation.com/por-que-los-pacientes-con-diabetes-tipo-2-tienen-la-glucosa-alta-en-ayunas-y-como-puede-mejorarse-su-control-274453

