Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carol Oliver, Professor in Science Communication and Astrobiology, UNSW Sydney
La reciente publicación de cientos de casos de fenómenos anómalos no identificados (FANI o, por sus siglas en inglés, UAP) anteriormente clasificados, que abarcan desde la década de 1940 hasta la actualidad, junto con la nueva película de Steven Spielberg, El día de la revelación, sobre la vida extraterrestre, ha avivado la idea de que los aliens están visitando la Tierra.
De hecho, encuestas realizadas en Australia, Estados Unidos y otros lugares indican que alrededor de un tercio de la población cree que los extraterrestres están entre nosootros.
Sin embargo, aunque lo que sabemos sobre el universo sugiere que podrían existir, hay tres razones de peso por las que probablemente no nos hayan visitado ni vayan a hacerlo.
El espacio es grande, muy grande
Para empezar, el espacio es inmenso, más allá de lo que podemos imaginar.
Proxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro Sol, está a unos 40 billones de kilómetros de distancia, 268 000 veces más lejos de lo que está el astro rey de la Tierra. Eso son 4,3 años luz, según las mediciones de los astrónomos. Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año a 300 000 km por segundo.
Con la tecnología actual, solo podemos viajar por el espacio a una fracción de la velocidad de la luz. Incluso nuestra nave espacial más rápida, la Parker Solar Probe, viaja a una velocidad máxima de aproximadamente 191 kilómetros por segundo, el 0,064 % de la velocidad de la luz.
Con esa “parsimonia”, tardaría unos 6 650 años en llegar a Próxima Centauri, y eso solo en nuestro vecindario estelar local. Por lo tanto, los viajes interestelares dentro de la esperanza de vida humana requerirían velocidades mucho mayores.
Supongamos que tuviéramos los medios para viajar a una rapidez cercana a la de la luz. Esto nos lleva al primer problema: Albert Einstein demostró que el tiempo es relativo; la velocidad a la que transcurre el tiempo no es la misma en todas partes del universo.
Cuanto más rápido viaje una nave espacial desde la Tierra, más lento pasará el tiempo para sus pasajeros. Es lo que se denomina dilatación del tiempo.
Por ejemplo, cuando el astronauta de la NASA Scott Kelly regresó a la Tierra tras pasar un año en la Estación Espacial Internacional, era unos milisegundos más joven que su gemelo idéntico. Esto se debe a que el tiempo pasa más lentamente para los objetos en movimiento, y la Estación Espacial Internacional viaja a unos 28 150 kilómetros por hora.
Dicha diferencia era insignificante para los gemelos Kelly. Pero para cualquier extraterrestre que diera volteretas por nuestros cielos, sería significativamente mayor debido al viaje de ida y vuelta a la Tierra desde un sistema estelar lejano a una velocidad necesariamente mayor. Regresarían a un planeta mucho más viejo que el que dejaron, quizás un siglo o más. Serían exiliados del tiempo.
NASA
Requisitos energéticos inimaginablemente elevados
Luego está el requisito energético inimaginablemente elevado que exige emprender un viaje interestelar: la masa del vehículo espacial aumenta con la velocidad, por lo que se necesita una cantidad creciente de energía para acelerarlo.
A la velocidad de la luz, la nave adquiere una masa infinita, lo que requiere una cantidad infinita de energía. Esto es claramente imposible.
Otra cuestión importante es que en el espacio impera el vacío, pero no del todo. Hay suficientes partículas como para preocuparse. Estas pueden causar radiación letal para los pasajeros y los instrumentos de una nave espacial de alta velocidad, o incluso destruirla. Los átomos de hidrógeno dispersos se convierten en radiación intensa a velocidades cercanas a la de la luz, y el calor generado abrasaría y acabaría destruyendo el casco.
Según el físico Miguel Alcubierre, viajar más rápido que la luz es posible, pero conlleva su propio conjunto de problemas y unos requisitos energéticos actualmente imposibles de alcanzar.
Esto plantea la pregunta: ¿por qué gastar toda esa energía para viajar a la Tierra? Los habitantes una civilización avanzada (como tendría que ser para llegar hasta nuestro hogar espacial) serían capaces de fabricar cualquier cosa que tengamos nosotros sin salir de su propio planeta.
Una biosfera única
Otro problema más es nuestra biosfera, única en la Tierra por lo que saben los científicos.
La vida y el planeta coevolucionaron. La vida compleja no existiría en la Tierra si las cianobacterias, un tipo de microbio unicelular, no hubieran inyectado oxígeno en nuestra atmósfera, compuesta principalmente por nitrógeno, hace 2 400 millones de años.
El oxígeno no resulta tóxico para nosotros, pero es reactivo y podría ser altamente corrosivo para los extraterrestres. Y aunque podrían llevar trajes protectores como hacen los humanos cuando se adentran en entornos inhóspitos, los informes sobre extraterrestres visitantes no incluyen ninguna descripción de trajes espaciales.
Entonces, ¿hay extraterrestres ahí fuera?
Si los aliens no están aquí, ¿están ahí fuera?
Es una pregunta interesante, tanto desde el punto de vista científico como filosófico. Los científicos aún no disponen de suficiente información, pero están trabajando en ello.
Se han encontrado unos 6 200 exoplanetas en más de 4 700 sistemas solares, aunque ninguno es como la Tierra o nuestro Sistema Solar.
La mayoría de las estrellas podrían tener al menos un planeta, y solo en nuestra galaxia hay más de 100 000 millones de estrellas. El número de mundos extrasolares es, por lo tanto, astronómico, y algunos podrían ser habitables.
Más cerca de casa, hay lugares con potencial para la vida microbiana, ya sea en el pasado o en el presente: Marte, Europa (una luna de Júpiter) y Encélado y Titán (lunas de Saturno). Si descubrimos que la vida surgió dos veces en nuestro Sistema Solar, eso aumentará las probabilidades de que exista en otros lugares.
Desde 1960, hemos tenido la capacidad de buscar inteligencia en otros mundos, aprovechando la radioastronomía convencional. Los proyectos de búsqueda de vida extraterrestre más importantes los llevan a cabo el Instituto SETI, en California, y el proyecto Breakthrough Listen, con sede en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido.
Todas las búsquedas realizadas han sido infructuosas. Encontrar vida inteligente en nuestro marco temporal –unos cien años– dentro de los 13 800 millones de años de historia del universo es todo un reto.
Sin embargo, como señalaba un artículo de Nature de 1959, aunque es difícil estimar las posibilidades de éxito, si no buscamos, dichas posibilidades se reducen a cero.
Carol Oliver es copresidenta del Comité Internacional SETI de la Academia Internacional de Astronáutica.
– ref. Los extraterrestres tal vez existan, pero hay tres razones por las que probablemente no nos han visitado ni vayan a hacerlo – https://theconversation.com/los-extraterrestres-tal-vez-existan-pero-hay-tres-razones-por-las-que-probablemente-no-nos-han-visitado-ni-vayan-a-hacerlo-285165
