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El efecto LinkedIn: cuando todos parecen tener más éxito que nosotros

El efecto LinkedIn: cuando todos parecen tener más éxito que nosotros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Shutterstock / Prostock-studio

Cada mañana, millones de profesionales abren LinkedIn para consultar novedades en su sector, ampliar contactos o compartir sus logros. Lo que encuentran suele ser inspirador: ascensos, premios, publicaciones científicas, nuevos proyectos, conferencias internacionales o cambios de empleo en apariencia a una mejor posición deseada. ¿Cómo afecta esta exposición continua al éxito ajeno a la forma en que valoramos nuestra propia carrera profesional?

La investigación reciente nos señala que, por un lado, ofrece beneficios claros para la empleabilidad, el networking (creación de redes de contactos profesionales) y la difusión del conocimiento. Pero también puede dar lugar a efectos psicológicos menos visibles, relacionados con la comparación social, la autoestima profesional y la necesidad de validación externa.

La trampa psicológica de compararnos demasiado

La teoría de la comparación social, formulada por Leon Festinger en 1954, sostiene que las personas evaluamos nuestras capacidades y nuestro valor comparándonos con los demás. En circunstancias normales, estas comparaciones pueden ayudarnos a orientarnos. El problema aparece cuando la información está sesgada.

Eso es precisamente lo que sucede en muchas redes sociales. Mientras Instagram suele mostrar una visión idealizada de la vida personal, LinkedIn presenta una visión idealizada de la vida profesional. Rara vez vemos proyectos que han salido mal, artículos rechazados, errores estratégicos o procesos de aprendizaje difíciles. Lo habitual es encontrarnos con los resultados finales (y exitosos): el ascenso, la publicación, el premio o el nuevo puesto.

Esta dinámica no es inocua. Algunos estudios han observado que la comparación social en LinkedIn puede incrementar la ansiedad relacionada con la búsqueda de empleo al afectar a la percepción de autoeficacia profesional.

Resulta paradójico que una herramienta diseñada para impulsar el desarrollo profesional pueda acabar generando la sensación de que siempre vamos por detrás.

Una autoestima profesional dependiente

Los psicólogos distinguen entre una autoestima relativamente estable y una autoestima contingente, es decir, aquella que depende de factores externos como el reconocimiento, los logros o la aprobación social.

Esta segunda puede llega a pesar mucho más de lo conveniente en el contexto de las redes sociales. Muchos usuarios de estas plataformas llegan a vincular una parte importante de su autovaloración a la respuesta obtenida en las plataformas digitales. Cuanto mayor es esta dependencia psicológica, mayor suele ser también la intensidad de uso de las redes sociales y el riesgo de desarrollar patrones problemáticos de utilización.




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Llevado esto al terreno profesional, la cuestión es preocupante. Si nuestra percepción de competencia depende cada vez más de las visualizaciones, comentarios o felicitaciones recibidas en LinkedIn, corremos el riesgo de sustituir los indicadores internos de progreso por indicadores externos de popularidad.

En otras palabras, podríamos empezar a confundir reconocimiento con valor profesional.

El gran escaparate de la identidad profesional

Hace décadas, el sociólogo Ervin Goffman describió la vida social como una representación teatral en la que las personas intentan gestionar la impresión que producen en los demás. Las redes sociales han llevado este fenómeno a una escala sin precedentes.

La investigación reciente sobre identidad profesional digital muestra que los usuarios desarrollan estrategias conscientes para construir una determinada imagen profesional. Entre ellas aparecen la selección estratégica de contenidos, la gestión cuidadosa de la reputación digital o la vigilancia constante de la propia presencia online. Estas prácticas no son necesariamente negativas, sino más bien al contrario. Pueden resultar útiles para comunicar competencias y generar oportunidades profesionales. Pero también pueden fomentar una preocupación excesiva por la imagen proyectada.

De lo contrario, podemos acabar dedicando más tiempo a comunicar lo que hacemos que a hacer aquello que comunicamos.

¿Promoción profesional o narcisismo?

Promocionar el propio trabajo no implica automáticamente narcisismo. De hecho, en muchos sectores resulta imprescindible visibilizar proyectos, publicaciones o logros para generar oportunidades profesionales.

Sin embargo, cuando la identidad profesional se construye principalmente sobre las reacciones obtenidas en línea, el éxito deja de medirse por la calidad del trabajo realizado y comienza a hacerlo por la atención recibida.

La diferencia es sutil pero importante. Una cosa es compartir un logro porque puede resultar útil e inspirador; otra muy distinta es necesitar constantemente la aprobación ajena para confirmar nuestro valor profesional.

Especialmente porque, cuando el reconocimiento se convierte en una necesidad permanente, cualquier silencio digital puede interpretarse como un fracaso.




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El riesgo de olvidar el aprendizaje

Otro riesgo de las dinámicas comparativas y de validación externa que se establecen en redes sociales, y en concreto de carácter profesional como LinkedIn, es la pérdida de humildad intelectual. Las investigaciones sobre aprendizaje y desarrollo profesional muestran que el progreso suele estar asociado a la capacidad para reconocer errores, aceptar limitaciones y aprender de la experiencia. Sin embargo, los algoritmos tienden a premiar los resultados visibles mucho más que los procesos invisibles.

Por eso nos encontramos muchas publicaciones celebrando éxitos y relativamente pocas analizando fracasos, dudas o aprendizajes difíciles. La consecuencia es la construcción de una narrativa profesional poco realista en la que el progreso lineal y el éxito parecen permanentes.

La realidad es muy distinta. Detrás de cada ascenso suelen existir años de esfuerzo. Detrás de cada artículo publicado suelen haber revisiones por pares, correcciones y rechazos. Detrás de cada trayectoria brillante suelen encontrarse momentos de incertidumbre que rara vez aparecen en el muro de LinkedIn.

Esta reflexión es lo que llevó al profesor de Princeton Johannes Haushofer a publicar un CV de fracasos. Acostumbrados a utilizar las redes para mostrar lo bien que nos lo pasamos (Instagram) o lo buenos que somos (LinkedIn) o cuántos amigos tenemos (Facebook), acabamos alimentando un escaparate abierto todos los días de la semana donde sólo se proyectan películas de éxitos.

Una herramienta valiosa, con distancia

La solución no pasa por abandonar LinkedIn. La plataforma ofrece oportunidades extraordinarias para aprender, establecer contactos y difundir conocimiento. Buena parte de la transferencia de conocimiento profesional y científico actual se produce gracias a herramientas de este tipo.

La cuestión es utilizarla sin convertirla en un espejo de nuestra autoestima.

Una carrera profesional sólida no se construye acumulando reacciones digitales, sino desarrollando competencias, aprendiendo de los errores y generando impacto real sobre las personas. Los “me gusta” pueden aportar visibilidad. Las felicitaciones pueden resultar agradables. Pero ninguna de ellas debería convertirse en la medida definitiva de nuestro valor profesional.

Porque, al final, la mejor carrera no es la que parece más brillante en una pantalla, sino la que sigue creciendo cuando la pantalla se apaga.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El efecto LinkedIn: cuando todos parecen tener más éxito que nosotros – https://theconversation.com/el-efecto-linkedin-cuando-todos-parecen-tener-mas-exito-que-nosotros-285019

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