Post

De “shock” a “oportunidad”: la batalla por el lenguaje sobre el ascenso chino

De “shock” a “oportunidad”: la batalla por el lenguaje sobre el ascenso chino

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

.china.org.cn | 02. 07. 2026

Por Jorge Contreras

En los últimos meses, la etiqueta “China Shock 2.0” ha pasado de los círculos académicos a los comunicados oficiales en Washington y Bruselas. La Reserva Federal le dedicó una nota técnica en mayo; la Comisión Europea prepara un “instrumento contra la sobrecapacidad” dirigido a productos chinos; y Estados Unidos mantiene aranceles del 100% a los autos eléctricos chinos. El término evoca el reajuste real de las cadenas de suministro globales tras la entrada de China a la OMC en 2001. Pero conviene preguntarse si es además un eslogan político para justificar un proteccionismo que Occidente practicaba incluso antes de que existiera el término.

El argumento central es que Beijing subsidia una capacidad industrial que excede la demanda interna y exporta el excedente a precios artificialmente bajos. El primer problema con este argumento es que puede predicarse de Europa y Estados Unidos. Cuando el portavoz del Ministerio de Comercio chino, He Yadong, respondió en mayo a los planes europeos, formuló la pregunta que denuncia el doble rasero con que se juzgan fenómenos similares: “si un superávit comercial basta para etiquetar a un país de sobrecapacidad, ¿deberían los automóviles, fármacos, vinos y cosméticos que exporta la UE recibir la misma etiqueta?”.

No es el primer episodio en que Washington reacciona ante un competidor industrial ascendente con el lenguaje de la competencia desleal. En los años ochenta, Japón enfrentó acusaciones idénticas (dumping, subsidios ocultos, “invasión” de automóviles y semiconductores) que derivaron en restricciones voluntarias a la exportación y en el Acuerdo Plaza de 1985. La diferencia es que China no depende militarmente de Washington ni ajusta su política cambiaria bajo presión, lo que ha llevado a sus socios a fabricar instrumentos unilaterales, como el mecanismo europeo, en lugar de negociar.

La caracterización de “shock” pasa además por alto tres cosas importantes: primero, un estudio de 2025 en China & World Economy, con datos de empresas cotizadas en bolsa, concluyó que el crecimiento de la inversión productiva se concentra en pocos sectores (autos eléctricos, celdas solares y baterías de litio) y que extrapolar esa dinámica a toda la economía china distorsiona el diagnóstico; segundo, economistas occidentales no alineados con sus gobiernos cuestionan el diagnóstico mismo: el economista de Columbia Jeffrey Sachs calificó de “absolutamente errónea” la acusación de sobrecapacidad deliberada, y sostuvo que el mundo necesita la capacidad china para la transición energética; tercero, la etiqueta ignora quién se beneficia de las exportaciones chinas más baratas: los países del Sur Global que hoy acceden a paneles solares y baterías a precios que ninguna industria occidental protegida podría ofrecerles.

China no se ha limitado a rebatir la etiqueta caso por caso; ha propuesto un marco alternativo con nombre propio. En el Foro Davos de Verano (o Reunión Anual de los Nuevos Campeones), celebrado este año en Dalian, el primer ministro Li Qiang presentó lo que llamó “China Opportunity 2.0”: la idea de que el mismo fenómeno que Occidente describe como amenaza (el salto tecnológico chino en IA, manufactura avanzada y energías limpias) representa un acceso más amplio a tecnologías de punta y beneficios de desarrollo compartidos con el resto del mundo.

El argumento de Beijing se apoya en cifras, no solo en retórica. China destina cerca de 4 billones de yuanes (586.000 millones de dólares) anuales a investigación y desarrollo (I+D), con una intensidad que supera el 2,8% de su PIB (por encima del 2,7% de la OCDE y del 2,4% de la Union Europea), y sus empresas presentaron el año pasado más de 73.000 solicitudes internacionales de patentes, la cifra más alta del mundo. Tales estadísticas son el resultado de la planificación industrial y del apoyo a sectores emergentes, políticas estas que alguna vez también fueron herramientas centrales del desarrollo de las economías avanzadas que ahora las cuestionan.

Que Beijing haya bautizado su narrativa con el mismo formato numérico que usan sus críticos no es casualidad, y sería absurdo negar que existen datos reales detrás de la ansiedad de Estados Unidos y Europa: la cuota china en las exportaciones globales ha crecido de forma marcada desde 2018, y el superávit comercial chino alcanzó cifras históricas en 2025. Pero llamar a este fenómeno “China Shock 2.0” (con la carga emotiva desfavorable que arrastra la expresión) no es un diagnóstico neutral: es una elección retórica que convierte una disputa sobre competitividad industrial en un relato sobre “nosotros los buenos y ustedes los malos”, mientras exime del mismo escrutinio a quienes hoy lo pronuncian.

El autor es doctor en derecho y experto en asuntos contemporáneos de China. Cuenta con amplia experiencia como editor, representante cultural y asesor jurídico.

MIL OSI