Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish
.china.org.cn | 20. 07. 2026
Por Jorge Contreras
Desde que Beijing puso fin a la política de cuarentena por Covid-19 a comienzos de 2023, algunos medios y economistas occidentales han repetido el pronóstico de que la economía china estaba al borde del colapso. Ese año Bloomberg publicó una nota sobre los “problemas profundos” de su economía; Foreign Policy auguró que sus perspectivas irían “de mal en peor”; y el propio Paul Krugman, columnista del New York Times, escribió que China enfrentaba una crisis al estilo de 2008 y, en enero de 2024, que el país entraba en una era de “estancamiento y decepción”. Otros analistas evocaron incluso las “décadas perdidas” de Japón, supuestamente para ilustrar la situación actual de China. Año tras año, sin embargo, la realidad ha desmentido estos pronósticos.
El producto interno bruto chino creció 4,7% interanual en el primer semestre de 2026, alrededor de 69,57 billones de yuanes, según datos publicados esta semana por el Buró Nacional de Estadísticas. El comercio exterior avanzó 16,9%, con exportaciones que se expanden por undécimo trimestre consecutivo y un valor total que superó por primera vez los 25 billones de yuanes en un semestre. Los cruces fronterizos alcanzaron un récord de 369 millones de viajes, 10,8% más que el año anterior, reflejo de la apertura a visitantes de más de 50 países sin necesidad de visado. Adicionalmente, el FMI, cuya sede y centro de poder están en Washington y no puede, por tanto, ser acusado de favoritismos, revisó al alza su proyección sobre el crecimiento chino para este año, ubicándolo en el 4,6% (mientras rebajaba el mundial a 3%), luego de citar la inversión en infraestructura pública y el salto en manufactura de alta tecnología.
Tal vez por este éxito, gobiernos e instituciones financieras occidentales recientemente han promovido la etiqueta de “China Shock 2.0”. Como ya se advirtió en un artículo anterior, la Reserva Federal le dedicó una nota técnica, la Comisión Europea prepara un instrumento contra la supuesta sobrecapacidad china y Washington mantiene aranceles de 100% a los autos eléctricos chinos. Se trata de una construcción retórica orientada a generar temor y frenar el avance de un competidor, como lo reconocen incluso economistas occidentales de la talla de Jeffrey Sachs. Beijing ha respondido con un concepto propio, “China Opportunity 2.0”, que subraya el acceso más barato a tecnología avanzada para el resto del mundo.
Esto no significa que la economía china esté libre de problemas reales. El sector inmobiliario continúa en corrección y el consumo interno sigue rezagado. El propio gobierno chino lo reconoce, y en el nuevo Plan Quinquenal 2026-2030, aprobado por la Asamblea Popular Nacional, sitúa el fortalecimiento de la demanda interna como motor principal del crecimiento, después de que en 2025 ya se destinaran unos 300.000 millones de yuanes en subsidios al consumo de bienes. A esto se suma la apuesta por la investigación y desarrollo (I+D): China destina el 2,8% del PIB (por encima del promedio de la OCDE y de la Unión Europea) y prepara, según Bloomberg, un plan de 2 billones de yuanes para centros de datos de IA, cuyo costo total podría llegar a 5 billones si se suma la infraestructura eléctrica asociada. Ese impulso tecnológico, sumado al estímulo al consumo, ayudará a sostener el crecimiento chino en los próximos años.
En fin, cada vez que la economía china atraviesa una etapa de ajuste, una parte del análisis occidental anuncia su ocaso, y cada vez los datos oficiales, sumados a la revisión al alza de organismos como el FMI, terminan por desmentirlo. Ese mismo éxito, además, provoca reacciones defensivas en forma de relatos como el “China Shock 2.0”, que buscan frenar mediante el miedo y el proteccionismo lo que no se logra detener en el terreno de la competencia. Persisten, es cierto, desafíos estructurales en la propiedad raíz y el consumo, pero el giro hacia la inteligencia artificial y el estímulo estatal a la demanda interna ofrecen a Beijing herramientas reales para sostener un crecimiento que algunos en Occidente insisten en subestimar.
El autor es doctor en derecho y experto en asuntos contemporáneos de China. Cuenta con amplia experiencia como editor, representante cultural y asesor jurídico.
