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¿Por qué nos mareamos en los barcos?

¿Por qué nos mareamos en los barcos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Koldo Lopez Guridi, Médico. Programas de Cribado de Osakidetza. Profesor de la EHU en la Escuela Naútica., Osakidetza – Servicio Vasco de Salud

Nicoleta Ionescu/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


Es verano, estás de vacaciones en Mallorca y, además, es tu cumpleaños. Para celebrarlo, tu padre ha tenido una idea que parece de anuncio: alquilar un barco y salir a navegar para descubrir esas calas de agua turquesa a las que solo se llega desde el mar. Planazo, ¿no? Sol, mar, fotos espectaculares y cero deberes. ¿Qué podría salir mal?

Al principio todo va de maravilla. El sol brilla, el motor hace “brrrr” suavemente y la costa se va quedando atrás. Pero, al cabo de un rato, empiezas a notar algo extraño. Te sudan las manos, te pones pálido, el estómago se te revuelve y solo piensas en una cosa: que el barco se detenga cuanto antes. Te has mareado. Y lo peor es que todavía no habéis llegado ni a la primera cala.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que un plan tan bonito acabe con ganas de bajarte del barco y besar el suelo? La respuesta está dentro de tu cabeza, en un lugar diminuto pero importantísimo: el oído interno.

Un GPS escondido en tus oídos

Dentro de cada oído, mucho más adentro de lo que llega un bastoncillo, tienes un órgano increíble llamado sistema vestibular. Está formado por unos conductos minúsculos llenos de líquido y cubiertos por miles de pelitos microscópicos. Cuando mueves la cabeza, el líquido se desplaza, los pelitos lo detectan y mandan un mensaje al cerebro: “nos movemos hacia delante”, “estamos girando”, “vamos hacia arriba”.

Es como un GPS o un nivel de burbuja escondido en tu cabeza. Gracias a él sabes en todo momento si estás de pie, tumbado o dando una voltereta, aunque tengas los ojos cerrados. Es el sistema que evita que vayas por la vida cayéndote como un personaje de videojuego sin control.

Cuando los sentidos discuten

El problema es que en el barco tu cuerpo recibe información contradictoria. Por un lado, el oído interno nota perfectamente el balanceo: arriba, abajo, a un lado, al otro… Por otro lado, tus ojos, si están mirando el suelo de la cubierta, el móvil o el interior del barco, ven cosas que parecen quietas respecto a ti.

Entonces ocurre algo curioso: los oídos le gritan al cerebro “¡nos movemos un montón!”, mientras los ojos le dicen, tan tranquilos, “aquí no se mueve nada”. El cerebro recibe dos mensajes que se contradicen y no sabe a quién creer. Los científicos llaman a esto conflicto sensorial, y es la causa principal del mareo, que en lenguaje técnico se llama cinetosis.

¿Y por qué entran ganas de vomitar?

Aquí viene la parte más sorprendente: ¿qué tiene que ver una discusión entre los ojos y los oídos con las ganas de vomitar?

Hay una explicación que convence a muchos científicos. Durante miles de años de evolución, casi la única situación en la que el cerebro recibía señales tan confusas era cuando el cuerpo había comido algo en mal estado o venenoso que afectaba al sistema nervioso. Por eso, ante esa confusión, el cerebro toma una decisión de emergencia: “puede que nos hayamos intoxicado, mejor vaciamos el estómago por si acaso”. Y provoca náuseas y vómitos.

En realidad, en el barco no hay ningún veneno: es una falsa alarma. Pero tu cerebro reacciona como si fuera de verdad, y por eso te sientes fatal.

Trucos para engañar al cerebro

La buena noticia es que, una vez entiendes qué está pasando, puedes ayudar a tu cuerpo a calmarse. El mejor truco es mirar al horizonte: esa línea lejana donde el mar se junta con el cielo. Al hacerlo, tus ojos también perciben el movimiento y dejan de contradecir a tus oídos. De pronto, todos los sentidos se ponen de acuerdo y el cerebro se relaja.

Otros consejos que funcionan: salir a la cubierta para tomar aire fresco, no leer ni mirar la pantalla del móvil, sentarte mirando hacia delante y no llenarte demasiado el estómago antes de salir. Incluso existen unas pulseras especiales que aprietan suavemente un punto de la muñeca y que a algunas personas les ayudan a sentirse mejor, además de medicamentos que el médico o el farmacéutico pueden recomendar.

Final feliz: tierra firme, por favor

Así que tranquilo: marearse en barco no significa que el mar no sea para ti. Le pasa a muchísima gente, incluso a marineros con años de experiencia, y casi siempre se puede prevenir.

Eso sí, después de la aventura de hoy, seguro que mañana lo tienes clarísimo: nada de barcos. La única pulsera que pensáis usar es la del todo incluido, esa que te pone en la muñeca al llegar al hotel y que da derecho a tumbona, piscina y buffet sin moverte de tierra firme. Y, oye, también es una forma estupenda de celebrar un cumpleaños. Menos épica marinera, sí, pero mucho menos vómito también. Y eso también cuenta.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué nos mareamos en los barcos? – https://theconversation.com/por-que-nos-mareamos-en-los-barcos-286310

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