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¿Tenemos derecho a la sombra en las ciudades?

¿Tenemos derecho a la sombra en las ciudades?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tomás Criado, Antropólogo urbano, Investigador senior Ramón y Cajal del grupo CareNet, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Toldos en la Plaza de la Reina de Valencia. Veja/Shutterstock

¿Han intentado ir al parque con niños una mañana de verano? Habrán comprobado una realidad aterradora. Durante nuestro paseo nos topamos con calles abrasadas por el sol y pavimentos recalentados, o parques infantiles convertidos en parrillas de caucho y metal por el calor.

Esta experiencia refleja un problema conocido por urbanistas y climatólogos. Nuestras ciudades se han convertido en “sarcófagos infrastructurales”. Es decir, hemos clausurado los suelos bajo gruesas capas de hormigón.

Este sellado asfixia el metabolismo subterráneo y actúa como una trampa de calor. Así, disparamos el efecto isla de calor urbana y nos exponemos a una insolación extrema. Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación de vulnerabilidad absoluta?

El sol como centro de nuestras ciudades

Desde el siglo XIX, el higienismo fue el concepto que guió el urbanismo moderno. Esta visión derribó barrios medievales de calles estrechas y sinuosas. El objetivo era abrir las ciudades al sol y al aire libre.

Bajo la premisa del ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà (1815-1876) de que “el sol es salud”, el urbanismo priorizó la movilidad. El siglo XX no hizo sino empeorar el problema. La trágica ola de calor del año 2003 evidenció una cruda realidad. Este modelo nos aboca a una catástrofe crónica y creciente.

Hoy, ciudades como Barcelona o Sevilla ensayan planes para adaptarse. Las sombras, menospreciadas por este “urbanismo solar”, reciben ahora una atención renovada. Los umbráculos, toldos y parasoles están de vuelta para hacer las calles más habitables.




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Cómo el calor amplifica las desigualdades

El antropólogo y filósofo Bruno Latour hablaba de “mutación climática” para describir aquello que el debate científico llama el Antropoceno. Esto es, la era de la afectación planetaria de los seres humanos a causa de una forma de vida moderna dependiente de las energías fósiles. Él contraponía ese término a la idea de crisis.

Una crisis se puede revertir, pero una mutación implica una transformación ecológica irreversible. Sin embargo, el impacto de esta profunda mutación está lejos de ser homogéneo. El calor extremo funciona como una lente que amplifica las desigualdades sociales existentes.

Así lo demuestra el Índice de Vulnerabilidad al Cambio Climático. Este instrumento del Área Metropolitana de Barcelona, creado en 2021, analiza el impacto de las altas temperaturas. Nos enseña cómo la calidad de la vivienda y la pobreza energética son factores decisivos.

Tenemos que repensar el urbanismo poniendo la vulnerabilidad en el centro. Las olas de calor condenan a muchas personas a un “aislamiento fatal” dentro de casa.

Por eso, recuperar la calle en estos contextos es fundamental. Al mismo tiempo, los espacios públicos someten a los viandantes a irradiaciones solares brutales. Las personas que trabajan al aire libre lo sufren de manera muy intensa.

El acceso a la sombra se ha convertido, por tanto, en una necesidad urbana innegociable para proteger los cuerpos más vulnerables. Es decir, todas aquellas vidas que el urbanismo moderno y su irradiación total han marginado.




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Soluciones low tech: oda a la sombra

Las diferencias de temperatura entre un lugar sombreado y uno soleado son abismales. Sin embargo, cabe señalar que no todas las sombras son iguales: la evapotranspiración y el follaje de los árboles ofrecen un confort térmico muy superior.

Ante la emergencia climática, el debate urbanístico receta plantar árboles. ¡Ojalá esta fuese la solución definitiva! Sin embargo, dentro de los “sarcófagos infraestructurales”, los árboles viven conectados con redes de soporte vital.

Las ciudades sufren sequías recurrentes y limitaciones de espacio en el subsuelo. Por tanto, no podemos depender exclusivamente de la vegetación; nos hace falta desplegar una serie de medidas alternativas.

El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, convocó hace unos años un concurso arquitectónico para generar prototipos de sombra efímera. Gracias a aquel aprendizaje, el consistorio desplegó un plan de estructuras estándar.

¿Es posible que estemos olvidando el carácter mundano de hacer sombra? ¿Que se puede crear sombra con muy pocos recursos? Entonces, ¿por qué no utilizar soluciones low tech o autoconstruidas?

Eso nos permitiría volver a soluciones arquitectónicas ancestrales como la medina mediterránea. Aquellos callejones estrechos eran una gran oda a la sombra.

Callejón estrecho con sombras de una medina de Tánger.
Art of line/Shutterstock

También podríamos revitalizar los umbráculos clásicos y la protección popular.

Sin embargo, la implementación de tales medidas es muy compleja dentro de los códigos urbanísticos actuales. Estas regulaciones fueron concebidas para un escenario climático ya obsoleto. Por ejemplo, muchas ordenanzas continúan exigiendo el uso de pavimentos impermeables y de estructuras de aluminio en vez de madera. En este contexto, ¿cómo podríamos articular un derecho a la sombra real?

¿Un derecho a la sombra?

Los historiadores Christophe Bonneuil y Jean-Baptiste Fressoz hablan de los problemas a los que nos aboca una gobernanza altamente institucionalizada para responder a la crisis ecológica. A menudo, grupos de expertos monopolizan las decisiones, y eso ralentiza y limita las posibilidades de acción.

Estos expertos determinan qué soluciones son viables y quién merece protección. Al mismo tiempo, relegan a la ciudadanía a un papel puramente pasivo y expectante. Para contrarrestar esta dinámica, en la Universitat Oberta de Catalunya estamos desplegando un proyecto de investigación-acción, el Departamento de Umbrología.

Arquitectura temporal de sombra en una plaza abierta, hecha con palos y telas, bajo la cual tiene lugar una conversación pública con gente sentada en sillas.
Conversación a la sombra. Cardedeu, Barcelona, 11 de julio.
Marc Sureda/Arquitectura de Contacte, FAL

El objetivo del trabajo es repoblar la imaginación urbana colectiva con procesos abiertos y de diálogo. Con estructuras para sombrear temporalmente ciertos lugares soleados, queremos crear conversaciones urbanas reales. El objetivo no es solucionar técnicamente la insolación, sino abrir un debate ciudadano para expresar los problemas concretos que el urbanismo solar causa a una gran diversidad de gente.

Queremos articular una conversación pública abierta sobre el impacto cotidiano de vivir en estos sarcófagos infraestructurales y debatir un borrador de Ordenanza por el Derecho Urbano a la Sombra.

Inspirados por ficciones legales como el Parlamento del Loira, este texto legal especulativo entiende la sombra como un bien comunal de todas las personas y seres vivos expulsados y expuestos por el orden solar del urbanismo moderno, como las personas que trabajan al aire libre. La ordenanza reivindica la habitabilidad de toda la comunidad biótica urbana y denuncia la expulsión a la que nos arroja el urbanismo solar.

El auténtico potencial de esta dinámica participativa es una apuesta por democratizar la gestión y la intervención de la redirección ecológica que requiere el calor urbano. Necesitamos desmantelar palmo a palmo los sarcófagos infraestructurales en los que vivimos para convertirlos en espacios de refugio.

Para hacer habitables las ciudades de hoy, hay que desplazar el urbanismo solar desplegando formas de autoprotección para una soberanía climática popular.

The Conversation

Tomás Criado cuenta con una beca Ramón y Cajal de la Agencia Estatal de Investigación (RYC2021-033410-I) y es IP del proyecto «El Departamento de Umbrología», financiado por la Fundación Daniel y Nina Carasso.

ref. ¿Tenemos derecho a la sombra en las ciudades? – https://theconversation.com/tenemos-derecho-a-la-sombra-en-las-ciudades-288638

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