Post

La selección: a la sombra de la Luna

La selección: a la sombra de la Luna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

Donatas Dabravolskas/Shutterstock

La astronomía tiene algo de efecto ansiolítico. El cielo por encima de las nubes reconforta. Uno mira las estrellas y el alma viaja ligera, años luz. Los astros lejanos se adivinan mires desde donde mires, desde hogares en duelo, desde pastos quemados, desde fronteras infames. La Luna y el Sol son gratis. El cielo se rige por leyes anteriores al comercio, y no hay mercader que pueda vender un eclipse.

A partir de las 19:00 horas del próximo 12 de agosto vamos a vivir en España una experiencia para la que basta con unas gafas seguras y mirar hacia donde atardece. Durante algo más de dos horas, estaremos a la sombra de la Luna. Viviremos una falsa noche de acontecimientos afortunados: bajará la temperatura, cambiará el viento, los animales se inquietarán como lo hicieron sociedades que aún no habían domado las matemáticas para predecir danzas cósmicas.

Un suceso así afecta al conjunto de la sociedad. Interpela al cine, a la historia, a la literatura, a la política, y por supuesto, a la ciencia.

El cine recogió el impacto de los eclipses desde sus orígenes. Georges Méliès lo contó como un romance en blanco y negro en El eclipse: el cortejo entre el Sol y la Luna (1907). En literatura, viajan de Homero a Virginia Woolf casi siempre acarreando malos presagios. Lo babilonios ya sabían predecir eclipses, pero ni griegos ni romanos soltaron del todo la mano de los dioses para mover la Luna. En China, el mito de un dragón celestial explicó los eclipses durante milenios. “La imagen es poderosa: un dragón celestial devorando el Sol, mientras en la Tierra, el pueblo, aterrorizado, hace sonar tambores y gongs para espantarlo y salvar la luz del día”, escribe el astrónomo Javier Armentia, autor del artículo.

También es un fenómeno político. Organizar un país para un acontecimiento multitudinario implica, como explica en esta entrevista el secretario de Estado de Ciencia Juan Cruz Cigudosa, a “13 ministerios y todas las comunidades autónomas”. Y trae dinero: “Cerca de seis millones de personas pernoctarán en la franja de totalidad, casi medio millón más que el año pasado. Supondrá un impacto económico adicional cercano a los 348 millones de euros”, explica Cigudosa.

En cuanto a la salud, están activas todas las alarmas para informar del alto riesgo ocular de observar el eclipse sin las gafas adecuadas, 30 000 veces más oscuras que unas gafas de sol normales.

Pero es la ciencia la que se frota las manos ante un eclipse. Es la que puede explicar con milimétrico detalle qué ocurrirá el día 12 de agosto en el cielo.

Algún día no habrá eclipses totales. La Luna se aleja de la Tierra con lentitud de película francesa. Dentro de mil millones de años será ya demasiado remota para cubrir el disco solar. Ahora, todavía, el Sol y la Luna comparten en el cielo el mismo tamaño ilusorio –la estrella unas cuatrocientas veces mayor, la Luna cuatrocientas veces más cercana–. Esa coincidencia geométrica hace posible este instante. Convengamos en llamarla fortuna.

Segundos antes del eclipse total, lo que queda de Sol son las perlas de Baily, puntos de luz en el borde de la Luna. Ocurren porque la superficie de nuestro satélite tiene la belleza de lo impuro, no es lisa. Tiene montañas, cráteres y valles profundos. La luz del Sol se cuela a través de estos huecos del relieve lunar y así aparece un collar de cuentas de luz.

Entonces es el momento de observar la corona del Sol. Un espectacular halo de luz blanca. Es la atmósfera que envuelve al Sol. El campo magnético da forma y guía el plasma de la corona, creando arcos, plumas y estructuras filamentosas visibles a simple vista solo durante un eclipse total. Parecerá un girasol de luz blanca.

Sin darnos cuenta, también seremos testigos de cómo el Sol, un peso pesado en el tejido del espacio-tiempo, curva la luz de los astros.

Otra feliz coincidencia es que el eclipse se producirá en el punto de máxima actividad de las Perseidas (las “lágrimas de San Lorenzo”). La nave Tierra andará cruzando el campo sembrado de escombros y polvo cósmico que desprende el cometa 109P/Swift-Tuttle, un gigantesco cuerpo de hielo y roca que orbita alrededor del Sol cada 133 años. Nos deja 100 meteoros por hora cruzando el cielo nocturno.

¡Tanta fortuna junta! Habría que estar a la altura y pedir a los astros deseos que merezcan la pena.

The Conversation

ref. La selección: a la sombra de la Luna – https://theconversation.com/la-seleccion-a-la-sombra-de-la-luna-289258

MIL OSI – Global Reports