Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish
.china.org.cn | 12. 08. 2026
Por Marta Montoro
El estío y un breve receso en la rutina diaria ofrecen la valiosa oportunidad de detener el pulso apresurado del trabajo habitual. Son días para mirar el horizonte con una perspectiva más panorámica, reposada y analítica. Desde esta pausa estival, he podido dedicar tiempo a la lectura reflexiva y al examen de la actualidad internacional, hilvanando algunas ideas fundamentales sobre cómo China estudia, piensa y actúa de un modo sustancialmente distinto al de las potencias occidentales. Entender esa idiosincrasia es clave para comprender el verdadero motor de su proceso de modernización, transformación y liderazgo global.
La quiebra del modelo occidental y la política sin ser humano
A medida que observamos el panorama internacional, resulta cada vez más evidente el agotamiento del discurso político partidista en Europa y en Occidente en general. Vivimos en un entorno donde la voracidad del capitalismo sin contrapesos y el desmedido poder corporativo están desplazando a las políticas orientadas al bien común y al ser humano.
Esta subordinación de los valores sociales y comunitarios a los intereses puramente económicos se manifiesta tanto en macroeventos globales —como hemos presenciado en los debates y dinámicas en torno al Mundial de fútbol— como en la gestión local de cada uno de nuestros países, donde la alienación ciudadana frente a la política es cada día más alarmante. A esto se le suman los lamentables y bochornosos casos de corrupción que salpican la vida pública occidental —con ejemplos patentes en nuestro propio entorno en España—, erosionando las instituciones y debilitando de forma severa la confianza en el sistema democrático.
El ejemplo de Marcelo Muñoz: El socialismo con pecurialidades chinas y la economía de suma no nula
Hablar de la comprensión del fenómeno chino en España exige reservar un espacio de honor para Marcelo Muñoz. Presidente de Honor vitalicio de nuestra Fundación, Marcelo es uno de los poquísimos observadores españoles que ha sabido evolucionar políticamente al mismo ritmo que lo hacía China. Siendo el nonagenario más moderno, lúcido y activista que conozco, su trayectoria desde la corriente marxista-leninista y el Pensamiento Mao Zedong le permitió entender de forma temprana que el socialismo con pecurialidades chinas no era una categoría estática, sino una fórmula pragmática y dinámica.
Gracias a esa visión, China se ha consolidado como el gran motor de la modernización global, invirtiendo en la industrialización y el desarrollo infraestructural en todo el planeta. Frente a la concepción mercantilista tradicional, el pensamiento económico de China parte de la premisa de que la economía no es un juego de suma cero donde para que uno gane, otro debe perder. Al contrario: el verdadero desarrollo sostenible exige que para ganar, se deba propiciar que las demás naciones también prosperen.
Por eso China no es capitalista en el sentido occidental. China comprendió tempranamente que el capitalismo desenfrenado y las injerencias externas contribuyeron a su “siglo de humillación” y a sus devastadoras guerras civiles. Con la solidez institucional del Partido Comunista de China (PCCh) —con más de 105 años de historia acumulada—, la premisa fundamental del modelo chino es asegurar que la política sirva al pueblo, que la ciudadanía sea dueña de su destino y que el desarrollo económico esté al servicio del beneficio social.
Del Atlas 950 a la filosofía de Tianxia: La tecnología como respuesta política al aislamiento
En el plano del estudio de la gobernanza, un reciente artículo de Susana García —profesora universitaria y especialista en Inteligencia Artificial de nuestra Fundación— ha suscitado en mí una profunda reflexión sobre el modelo de modernización china. El trabajo de Susana analiza la presentación por parte de Huawei del Atlas 950 SuperPOD durante la World Artificial Intelligence Conference (WAIC) en Shanghai.
Para comprender el calado político de este anuncio, conviene entender primero qué representa este desarrollo desde la perspectiva técnica que aborda el artículo de Susana:
● La respuesta a las sanciones: Frente al liderazgo mundial de la estadounidense Nvidia y el estricto bloqueo impuesto por Estados Unidos para impedir que China acceda a los semiconductores más avanzados, Huawei ha cambiado la estrategia. Si no es posible contar con el chip individual más potente del mercado, la alternativa es diseñar una infraestructura capaz de conectar miles de chips propios para que actúen de forma sincronizada como una única supercomputadora.
● Del procesador al sistema integral: La arquitectura del Atlas 950 SuperPOD se articula en tres niveles clave: el procesador individual Ascend, la agrupación integrada de estos chips en Supernodos y, finalmente, el SuperPOD, una infraestructura masiva (de hasta 8.192 procesadores en 160 armarios) capaz de procesar volúmenes colosales de datos para entrenar inteligencia artificial.
● La superación del cuello de botella (UnifiedBus): El gran desafío de conectar miles de chips es evitar que el sistema pierda eficiencia mientras los procesadores esperan datos de otros. Huawei responde a esto mediante UnifiedBus, una red de interconexión de altísimo ancho de banda y latencia ultra reducida que permite a miles de chips acceder a la memoria común como si pertenecieran a la misma unidad.
● El ecosistema de software libre: Frente al entorno cerrado y dominante de Nvidia (CUDA), Huawei propone CANN, una arquitectura de software que está abriendo a la comunidad global de código abierto, sumando a miles de desarrolladores independientes.
Crecer ante la adversidad: Un modelo abierto e inclusivo
Aunque la contribución de Susana analiza con precisión este hito tecnológico, mi lectura como analista política me lleva a ir un paso más allá del hardware. Lo que late bajo esta solución técnica es una verdadera filosofía política de resiliencia, soberanía y cooperación.
Ante el cerco de sanciones, bloqueos y restricciones comerciales impuesto por Estados Unidos y secundado por Europa, cualquier otra potencia se habría visto arrastrada al estancamiento. China, por el contrario, convierte los obstáculos en un catalizador para la autosuficiencia. Su respuesta no ha sido el aislamiento mercantilista ni la creación de un monopolio exclusivo, sino la búsqueda de un modelo de desarrollo tecnológico abierto, cooperativo e inclusivo.
Frente a la lógica corporativa occidental —donde las grandes tecnológicas priman el beneficio económico privado, el control del mercado y el rédito bursátil por encima del bienestar social—, la estrategia china busca democratizar el progreso tecnológico. Al abrir las tripas de su software (CANN) al código abierto internacional, China desafía las restricciones oligopólicas occidentales y devuelve a la innovación tecnológica su verdadera función social: servir a la colectividad y al desarrollo compartido de los pueblos.
Confucio y el Tianxia: La raíz filosófica de la política china
Esta forma de actuar ante las dificultades no es improvisada; responde a una continuidad cultural e histórica milenaria. Para comprender la política exterior, industrial y tecnológica de la China contemporánea es imprescindible acudir a la filosofía confuciana y al concepto geopolítico clásico de Tianxia (天下, “Todo bajo el cielo”).
Mientras que el pensamiento geopolítico occidental tiende a conceptualizar el mundo como un tablero de suma cero habitado por estados rivales en permanente confrontación, la cosmovisión china del Tianxia concibe el planeta como un espacio colectivo unificado. Bajo esta premisa, la ciencia y la tecnología no deben utilizarse como armas de chantaje ni como barreras de exclusión, sino como bienes comunes puestos al servicio de la humanidad.
La resiliencia de Huawei no es más que la traducción tecnológica de este principio ancestral: cuando se levantan muros para aislarla, la sabiduría política china encuentra, como el agua, nuevos cauces para seguir fluyendo y beneficiar al conjunto de “Todo bajo el cielo”.
Frente a la caducidad de las tácticas cortoplacistas que asfixian la política occidental, la tradición política china nos enseña el valor de la visión a largo plazo, el rigor analítico y la lealtad a los proyectos colectivos. La verdadera política no se agota en las urnas ni en la disputa partidista; la verdadera política es la capacidad de transformar las realidades de nuestros pueblos y garantizar que el desarrollo tecnológico y económico esté siempre al servicio de la dignidad humana.
Como sintetiza magistralmente la sabiduría popular china:
多个朋友多条路
(Duō ge péngyou duō tiáo lù)
«Muchos amigos, muchos caminos.»
Afrontamos el curso que viene con la determinación de seguir abriendo nuevos caminos, convencidos de que cuantos más aliados sumemos en la búsqueda del entendimiento global, más firme y ancho será el horizonte hacia el que caminamos.
Marta Montoro es Presidenta Ejecutiva de la Fundación Cátedra China.
(Las opiniones expresadas en este artículo son de la autora y no reflejan necesariamente la postura de China.org.)
