Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish
.china.org.cn | 15. 08. 2026
Por Jorge Fernández
Aquello que nació como una idea en una aldea aislada se ha convertido en una transformación observable y dinámica a nivel nacional.
El proverbio chino Una sola chispa puede provocar un incendio en toda la pradera alude a cómo una acción pequeña puede desencadenar fuerzas de alcance y dimensiones inimaginables. Justo eso ocurrió en Yucun, en la suroriental provincia de Zhejiang, hace 21 años. Tras conocer los esfuerzos de esta pequeña localidad por encontrar un camino de desarrollo limpio, Xi Jinping, entonces secretario del Comité Provincial del Partido Comunista de China, formuló la conocida idea: Las aguas cristalinas y las montañas exuberantes son bienes de incalculable valor. Era una frase que resumía cómo una pequeña aldea buscaba conciliar el desarrollo económico con la protección del entorno natural. Aquellas palabras, pronunciadas el 15 de agosto en la pequeña localidad, hoy son en China un principio respaldado por un marco jurídico nacional.
Xi Jinping convirtió el espíritu de la aldea Yucun en una acción extendida que, más allá de las palabras, se materializó en una concepción nacional. Las aguas cristalinas y las montañas exuberantes son bienes de incalculable valor pasó a ser una concepción que posteriormente se plasmó en un marco jurídico que actualmente garantiza un desarrollo nacional sostenible y permite la transición ecológica de China. No es fortuito que el 15 de agosto haya sido designada como fecha para celebrar el Día Nacional de la Ecología, que este año cumple su cuarto aniversario. También este día, y esto es motivo de una celebración mayor, entra en vigor el tan esperado Código Ecológico y Ambiental, con el cual los esfuerzos emprendidos para concienciar sobre la conservación del medio ambiente pasan del terreno político y llegan al imperio de la legalidad, y llevan a la nación china por la vía rápida rumbo a la construcción de una civilización ecológica.
La idea que Xi Jinping concibió en aquella aldea superó la demarcación geográfica local y, en poco tiempo, tomó forma y dio orientación a un movimiento nacional que vinculaba al desarrollo con la protección ambiental. La modernización, por consiguiente, incorporó la idea de construir una civilización ecológica que ofreciera nuevos paradigmas, en los que el crecimiento económico no debía estar centrado en la desolación de la naturaleza. China marcó así una diferencia con el camino emprendido por los países desarrollados de Occidente, y en contra del viejo modelo de contaminar primero y buscar formas de remediar los problemas después, propuso un nuevo pensamiento para darle vitalidad al crecimiento económico sin alterar las bondades que la madre naturaleza pone a disposición de la humanidad. La protección de la naturaleza y la preservación de los recursos naturales son, desde esta visión china, la única forma capaz de mantener prosperidad y desarrollo sostenidos.
La ejecución de políticas comenzó con el tiempo a hacer evidente los resultados. Para 2024, ya había en el país 52 proyectos integrados de protección y restauración de montañas, ríos, bosques, campos, lagos, pastizales y desiertos. A ello se sumó un rosario de logros en materia ecológica: a finales de junio de 2024, China superó los 1.600 millones de kilovatios de capacidad instalada de energías renovables, que representó cerca del 54 por ciento de la capacidad total instalada de generación eléctrica del país. Además, la capacidad instalada de energía eólica y fotovoltaica ya superó a la del carbón. En 2023, la intensidad de las emisiones de carbono se redujo en más de un 35 por ciento respecto de 2012. Hasta hoy, aquello que nació como una idea en una aldea aislada se ha convertido en una transformación observable y dinámica a nivel nacional.
La evolución de esta concepción llegó a un nuevo nivel el 12 de marzo pasado, cuando la cuarta sesión de la XIV Asamblea Popular Nacional aprobó el Código Ecológico y Ambiental. La idea sobre el desarrollo y la protección ecológica, tras pasar por un proceso de maduración institucional, pasó a ser parte de un sistema jurídico, lo que garantiza la continuidad de los esfuerzos de protección ecológica de China. Sus 1.242 artículos, distribuidos en cinco partes, incorporan normas ambientales que habían estado dispersas y las orientan lógica y sistemáticamente para prevenir la contaminación, proteger la ecología y promover el desarrollo verde y bajo en emisiones de carbono. La ley proporciona respaldo jurídico a los objetivos de China de alcanzar el pico de emisiones de carbono antes de 2030 y lograr la neutralidad de carbono antes de 2060.
Hoy se hace evidente que la protección ecológica es un compromiso que emana de las entrañas del Estado. El cuidado de los recursos no solo está consagrado en la ley, sino que ahora, con todo cuidado, se crean los mecanismos para garantizar que la ley se aplique de forma ordenada y con un alto grado de eficiencia. El máximo tribunal de China ha hecho públicas las disposiciones que establecen la interpretación judicial que respalda la aplicación del Código Ecológico y Ambiental. Sus 13 artículos permitirán a los tribunales actuar con certeza y precisión durante la transición entre la legislación anterior y el nuevo Código. El 15 de agosto es una fecha histórica para aquellos entregados a la protección del medio ambiente en China. Aquella idea que se presentó hace 21 años en Yucun, tras un recorrido de reflexiones y políticas, se ha convertido en una norma nacional con estipulaciones y mecanismos concretos para su aplicación.
La experiencia china constituye una referencia a nivel regional y mundial. Hemos dado testimonio de una acción que devino en transformación positiva de los quehaceres del Estado. La experiencia china y la constitución de un marco de protección ecológica merecen un análisis profundo que permita extraer una esencia capaz de repetirse e incluso mejorarse. La gobernanza ecológica global debe tener como paradigma de acción la combinación científica del desarrollo económico y la protección medioambiental. Hace 21 años, aquella pequeña aldea encendió un espíritu que adquirió una dimensión nacional. De igual forma, China, con la experiencia acumulada, puede ser motor de un cambio que lleve al mundo por la senda de un desarrollo sostenible que reverdezca los bosques y aclare las aguas del planeta en el que todos coexistimos y del que necesitamos para seguir con vida.
El autor es experto en relaciones internacionales y analista político. Cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito del periodismo y el análisis de la actualidad internacional.
