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¿Están los hijos de padres divorciados destinados a repetir la historia?

¿Están los hijos de padres divorciados destinados a repetir la historia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Viqueira Gutiérrez, Directora Máster Formación Profesorado Secundaria, Universidad Internacional de Valencia

Studio Romantic/Shutterstock

“Mis padres se divorciaron cuando yo era pequeño. ¿Significa eso que mi relación de pareja también está destinada a fracasar?” Esta es una pregunta que muchas personas se hacen al llegar a la edad adulta. La idea de que crecer en una familia en la que los padres se separaron marca de forma inevitable la manera de amar y de construir relaciones estables sigue muy presente en el imaginario colectivo.

Y no es una preocupación sin fundamento. Desde hace décadas, las investigaciones muestran que las personas cuyos padres se divorciaron durante la infancia presentan, en promedio, una mayor probabilidad de experimentar dificultades en sus relaciones de pareja. De hecho, un estudio encontró que el divorcio de los progenitores duplicaba aproximadamente la probabilidad de que los hijos repitieran esa conducta en la edad adulta.

No es un destino inexorable

Sin embargo, este aumento del riesgo refleja una tendencia observada en grandes grupos de población y no implica que la ruptura de los padres determine inevitablemente el futuro de cada persona.

La razón es que el divorcio, por sí solo, no explica cómo serán las relaciones afectivas de los hijos. La investigación señala que variables como el nivel de conflicto entre los progenitores, la calidad del vínculo que mantienen con sus hijos, la estabilidad familiar tras la separación o el apoyo emocional recibido durante la infancia tienen un peso igual o incluso mayor que la propia separación.

Por ello, crecer en un hogar con elevados niveles de conflicto puede resultar más perjudicial para el bienestar y el desarrollo socioemocional que una ruptura en la que los progenitores consiguen mantener una relación respetuosa y cooperativa.

Experiencias que moldean el cerebro

En psicología, una de las explicaciones más aceptadas es que las primeras experiencias familiares influyen en la forma en que aprendemos a relacionarnos con los demás. A través de la convivencia con nuestros padres desarrollamos expectativas sobre la confianza, la comunicación, la resolución de conflictos o el compromiso.

Lo cierto es que, desde el punto de vista del neurodesarrollo, las experiencias familiares durante la infancia no solo influyen en la manera en que interpretamos las relaciones, sino también en cómo respondemos al estrés y a las emociones. Durante los primeros años de vida, el cerebro presenta una gran capacidad de adaptación —conocida como plasticidad cerebral—, por lo que las experiencias repetidas ayudan a moldear los circuitos implicados en la regulación emocional, la confianza y la respuesta al conflicto.

Esto no significa que el divorcio “cambie el cerebro”. La evidencia científica apunta a que es la exposición mantenida a un ambiente familiar muy conflictivo o estresante la que puede alterar el funcionamiento de sistemas relacionados con la respuesta al estrés, como el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, y de regiones cerebrales implicadas en el procesamiento emocional, como la amígdala y la corteza prefrontal.

Estos cambios pueden hacer que algunas personas sean más sensibles a las señales de amenaza, tengan mayores dificultades para regular sus emociones o reaccionen con más intensidad ante los conflictos interpersonales.

La buena noticia es que estos procesos no son irreversibles. Gracias a la plasticidad cerebral, las experiencias posteriores también pueden modificar el funcionamiento de estos circuitos. Un entorno seguro, relaciones afectivas estables, modelos de vínculo saludables e, incluso, la intervención psicológica cuando es necesaria pueden fortalecer las estrategias de regulación emocional y favorecer formas más seguras y satisfactorias de relacionarse.

Recomendaciones a la luz de la ciencia

La investigación de las últimas décadas ha permitido responder a una pregunta clave: ¿qué ayuda a que los hijos se adapten mejor tras el divorcio de sus progenitores?

Según estos estudios, la cooperación entre los progenitores, una comunicación respetuosa, el mantenimiento de vínculos afectivos seguros con ambos padres, la estabilidad en las rutinas familiares y el apoyo emocional actúan como factores de protección. Estos elementos se asocian con una mejor adaptación psicológica y social de los hijos y pueden reducir el impacto que la separación tiene sobre su bienestar.

Por el contrario, la exposición prolongada a conflictos intensos, descalificaciones o un clima familiar hostil se asocia a un mayor riesgo de dificultades de salud mental, como ansiedad o síntomas depresivos, problemas de conducta, dificultades en las relaciones sociales, un descenso temporal del rendimiento académico o un consumo problemático de alcohol y otras sustancias durante la adolescencia. No obstante, estas asociaciones dependen en gran medida de la calidad de las relaciones familiares, del apoyo emocional recibido y de los recursos personales y sociales con los que cuenten los hijos.

En definitiva, conocer nuestra historia puede ayudarnos a comprendernos mejor, pero no determina quiénes seremos ni cómo construiremos nuestras relaciones. Aunque la infancia influye, el futuro también se construye a partir de las experiencias, las decisiones y los vínculos que desarrollamos a lo largo de la vida.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Están los hijos de padres divorciados destinados a repetir la historia? – https://theconversation.com/estan-los-hijos-de-padres-divorciados-destinados-a-repetir-la-historia-288850

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