Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tulio Ramírez, Chair professor, Universidad Católica Andrés Bello
Recientemente se ha hecho público el informe mundial sobre tendencias de la educación superior elaborado por la Unesco, con datos de 2023 y 2024. El objetivo de este documento es brindar a los líderes del mundo, cito textualmente, “una herramienta práctica para orientar las políticas, fomentar el diálogo y apoyar sistemas de educación superior más inclusivos, equitativos, resilientes y preparados para el futuro”. Todo con miras a lograr el objetivo de desarrollo sostenible número 4, referido a una educación inclusiva y de calidad para todos.
En el informe abundan datos interesantes sobre aspectos cruciales de la educación superior en el mundo. Se abordan temas como la inclusión, el financiamiento, la gobernanza, la incorporación de la IA, la calidad, el personal docente, la movilidad estudiantil y la atención a la población vulnerable.
Aquí me limitaré a analizar uno de los aspectos que, a mi juicio, ha ocupado un segundo plano a la hora de hacer diagnósticos en educación: las cifras de egreso de nuevos profesionales. Su importancia radica en que ese indicador refleja el impacto en la sociedad del esfuerzo de equidad en educación superior.
Más estudiantes, menos profesionales
Lo primero que resalta el informe es el aumento mundial de las matrículas en educación superior. Para 2024, 269 millones de estudiantes en el mundo estaban incorporados formalmente a la educación universitaria en los niveles de pregrado y posgrado, incluyendo especializaciones, maestrías y doctorados. En comparación con el año 2000, cuando se contabilizaron 100 millones de estudiantes, para 2024 esa cifra prácticamente se ha triplicado.
Pero ese ritmo de crecimiento en la incorporación de alumnos no va acompasado con el ritmo de salida de graduados. La brecha porcentual entre ingresos y egresos se amplía dependiendo del lugar. ¿Qué ocurre con esos estudiantes que se matriculan pero no logran terminar los estudios? Esta diferencia es una manera de medir hasta qué punto está funcionando la equidad educativa y todos los estudiantes que acceden a la educación superior pueden realmente beneficiarse de ella.
Cómo se obtienen los datos
El porcentaje de jóvenes matriculados en educación superior se realiza con respecto al sector de la población con edad para ser estudiante universitario (18-24 años). De igual manera, cuando se calcula el porcentaje de egresados o titulados, se hace con respecto al total del mismo segmento poblacional, y no al número de inscritos en instituciones de educación superior, como usualmente contabilizan estas instituciones.
El informe señala que, en 2023, el 37 % de la población en edad de asistir a programas de formación universitaria eran, efectivamente, estudiantes de educación superior. En cambio, quienes se gradúan representaron apenas el 27 % de la misma población.
Brecha por regiones
Esta brecha adquiere características diferentes según la región del mundo. Por ejemplo, en aquellas donde la tasa bruta de matriculación promedio es particularmente alta, como es el caso de Europa central y oriental (67 %) y América del Norte y Europa occidental (65 %), la tasa bruta de graduación resultó sustancialmente menor (45 % y 44 % respectivamente).
Este contraste es mayor en América Latina y el Caribe. En esta región, la tasa bruta de matriculación alcanzó el 53 % en 2023 mientras que la tasa bruta de
graduación fue de apenas 24 %. Un 20 % menor que en los países del primer mundo.
Las políticas de equidad educativa, que propician el crecimiento de la matrícula universitaria (a pasos distintos y desiguales según la región), son una muestra del esfuerzo de los estados por igualar las oportunidades de acceso en su población. Sin embargo, la fase final del proceso, es decir, que logren culminar los estudios superiores, no ha ido al mismo ritmo, con variaciones significativas dependiendo de la región.
El caso venezolano
Según el Observatorio de Universidades (OBU) de Venezuela, en 2024 la tasa bruta de matrícula en educación superior para la población con edades entre 18 y 24 años era de un 17 %, una de las más bajas de la región. Este dato ha quedado corroborado en la encuesta de calidad de vida (ENCOVI) 2025, presentados en abril de 2026.
Con respecto a los egresos, las estimaciones los sitúan en cerca del 30 % de la población que logra ingresar en la universidad, lo que equivale a apenas un 6 % de todo el grupo poblacional. Un ejemplo: en 2025, la tasa de egresos en el área de formación docente ha disminuido casi un 80 % con respecto a la de 2008. En comparación con el resto de la región, son tasas muy bajas que no se pueden atribuir exclusivamente a la diáspora.
Sin recursos para garantizar la inclusión
El gran reto no es garantizar la accesibilidad a la educación superior de todos los jóvenes de cualquier entorno socioeconómico, sino brindar condiciones para la permanencia y culminación de los estudios, verdadero y eficiente indicador de impacto en la calidad de vida de las personas. Para aumentar las cifras de egresos, se necesitan mecanismos eficientes de equidad que igualen oportunidades a los estudiantes de bajos recursos o en situación vulnerable.
La progresiva reducción presupuestaria en las universidades venezolanas, con un déficit presupuestario de al menos 85 %, ha ido desmantelando los mecanismos de igualdad existentes: becas estudiantiles, transporte universitario, residencias a bajo costo, servicio de comedor, atención odontológica, mentorías y acompañamiento a estudiantes con déficits acumulados desde la formación preuniversitaria, poniendo en peligro el éxito educativo, entendido como la consecución del título universitario, de los más vulnerables.
Las diferencias que se observan en las tasas de matriculación y graduación reflejan la existencia de barreras que impiden la progresión estudiantil y subrayan la necesidad de que los sistemas de educación superior apoyen a los alumnos no solo al momento del abordaje, sino también a lo largo del camino hacia su graduación.
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Tulio Ramírez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. La diferencia entre llegar a la universidad y conseguir el título: ¿estamos logrando la equidad? – https://theconversation.com/la-diferencia-entre-llegar-a-la-universidad-y-conseguir-el-titulo-estamos-logrando-la-equidad-285785
