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Jueves 3 de Septiembre de 2026 Discurso del Canciller Pablo Quirno en el Encuentro Internacional “Vientos de Cambio” El Canciller Pablo Quirno participó del Encuentro Internacional “Vientos de Cambio” organizado por la Fundación…

Jueves 3 de Septiembre de 2026  
  Discurso del Canciller Pablo Quirno en el Encuentro Internacional “Vientos de Cambio”  
  El Canciller Pablo Quirno participó del Encuentro Internacional “Vientos de Cambio” organizado por la Fundación…

Source: Republic of Argentina

Muy buenos días.

Quiero agradecer especialmente a Agustín Etchebarne, de la Fundación Libertad y Progreso;

A Gonzalo Schwarz, del Archbridge Institute;

Y a David Nott, de Reason Foundation, por esta invitación y por hacer de Buenos Aires un punto de encuentro para quienes trabajan por una región más libre y próspera.

El nombre de esta cumbre encierra una imagen poderosa. Los vientos de cambio impulsan a los países que saben hacia dónde van. Hace menos de tres años, la Argentina volvió a elegir su rumbo y desplegó sus velas con la prosperidad como destino.

Durante décadas nos acostumbramos a postergar lo indispensable. Convertimos la inercia en política de Estado hasta alcanzar una proeza bastante argentina. Nos empeñamos en poner todo nuestro pasado por delante.

El Presidente Javier Milei tuvo el coraje de romper esa lógica. Eligió el camino más difícil porque era el correcto, fijó un norte y asumió con entereza el costo de sostenerlo.

El equilibrio fiscal recuperó su condición de regla. La estabilidad volvió a organizar decisiones. El respeto por la propiedad privada y los contratos reconstruyó la base de la confianza.

La Argentina recuperó algo elemental y profundamente valioso. Volvió a ser un país que hace lo que dice y cumple lo que promete.

Ese rumbo también redefinió la misión de nuestra política exterior. Mi responsabilidad al frente de la Cancillería consiste en proyectar la fortaleza que nuestro país recuperó y convertir la coherencia interna en gravitación internacional.

Ese mandato orienta nuestra acción en el mundo. La política exterior multiplica el valor de cada reforma interna.

Con esa convicción, cambiamos la forma de trabajar en la Cancillería. Le imprimimos velocidad, recuperamos ambición y orientamos toda nuestra red exterior hacia una misión común. Cada embajada debe detectar oportunidades, conectar a quienes producen con quienes deciden y anticipar los obstáculos que puedan limitar la presencia argentina en los mercados.

La Cancillería es hoy un agente productivo al servicio del crecimiento nacional.

Esa misión comienza en las mesas donde negociamos acuerdos comerciales y acceso a los mercados. Allí se definen aranceles, reglas de origen y requisitos técnicos. La diplomacia comercial alcanza su propósito en la última milla, cuando esa arquitectura llega a una empresa y una decisión de política exterior se transforma en un contrato entre privados.

Partimos de una red de acuerdos preferenciales que cubría apenas el 10% del PBI mundial. Los instrumentos ya concluidos elevan ese alcance a cerca del 30%. Con la agenda en marcha, podemos llegar al 50%. Y en el próximo mandato iremos por una cobertura cercana al 80%.

El acuerdo con la Unión Europea nos abre un espacio económico de más de 700 millones de personas. Con EFTA firmamos el instrumento y acompañamos su tratamiento parlamentario. El Congreso ya aprobó el acuerdo con Singapur. Allí, todo el universo exportable argentino ingresará con arancel cero y nuestro país contará con una plataforma clave hacia el Sudeste Asiático.

Con los Estados Unidos alcanzamos el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos. Solicitamos la adhesión al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), avanzamos hacia la incorporación al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes, conocido como PCT, y la semana pasada iniciamos negociaciones con Vietnam. India, Japón, Corea y Canadá marcan los próximos pasos.

El PCT merece una mención especial. Su incorporación permitirá que universidades, laboratorios y empresas argentinas protejan sus invenciones en múltiples jurisdicciones mediante una vía común. La innovación necesita reglas en casa y alcance en el mundo.

El comercio mundial se mueve a una velocidad que explica la urgencia argentina. Impulsaremos ese ritmo en el Mercosur y si el bloque no acompaña nuestra dinámica utilizaremos las herramientas bilaterales disponibles. Nuestra brújula es el crecimiento del país y nada nos apartará de ese objetivo.

Cada año de demora posterga exportaciones, inversiones y trabajo argentino.  

Esa apertura ya muestra resultados que benefician a nuestra economía. En los primeros siete meses de este año, las exportaciones de bienes alcanzaron cerca de 60.000 millones de dólares y crecieron casi 23%.

Las PyMEs, por su parte, registraron sus mayores ventas externas desde 2013. La minería marcó un récord de 4.742 millones de dólares durante el primer semestre. La agroindustria exportó 74 millones de toneladas hacia 133 destinos.

Estos números revelan una vocación exportadora que recorre todo el país. Cuando puede competir, la Argentina responde con una velocidad extraordinaria.

La base exportadora argentina también se amplifica. Los servicios basados en el conocimiento alcanzaron casi 10.000 millones de dólares en 2025. En julio, las ventas de combustibles y energía crecieron cerca del 98% interanual. Esta diversidad resulta decisiva porque extiende el mapa productivo del país y fortalece nuestra economía frente a nuevos ciclos de demanda.

La miel permite verlo con claridad. Para ingresar a Europa, la producción argentina pagaba un arancel del 17,3%. El nuevo esquema abrió una cuota con arancel cero. Nuestros productores llegaron preparados.

Europa y el Mercosur necesitaron veintiséis años para abrir esa puerta. A los productores argentinos les bastaron diez horas para atravesarla.

Esas diez horas confirman nuestro sentido de urgencia y condensan la transformación que vive la Argentina.

Cada mercado ganado exige defensa. Cuando la producción argentina compite de igual a igual en el mundo, algunos empiezan a inquietarse. Este año, una medida europea pretendió clasificar nuestra soja como materia prima de alto riesgo por sus supuestos efectos sobre el uso de la tierra.

Estaban en juego cientos de millones de dólares en exportaciones, puestos de trabajo y la continuidad de la industria argentina del biodiésel.

Articulamos una posición nacional con las provincias y el sector privado. Construimos una defensa fundada en la ciencia, la evidencia y el rigor técnico. El Parlamento Europeo rechazó la medida y la posición argentina prevaleció. La Argentina tenía razón, la sostuvo con firmeza y supo hacerla valer.

Una presencia internacional más amplia exige mayor capacidad productiva. La infraestructura, la tecnología y el capital de largo plazo se vuelven decisivos. El RIGI es el eslabón madre de una estrategia que vincula inversión, comercio y seguridad económica.

El régimen ya cuenta con 25 proyectos aprobados por más de 55.000 millones de dólares. El universo de iniciativas vinculadas ronda los 150.000 millones. Son plantas, ductos, minas y obras que cambiarán la escala del país durante las próximas tres décadas.

Recordemos que, durante el kirchnerismo, cada invierno encontraba a la Argentina pendiente de la llegada de barcos con GNL.

Importábamos energía y acumulábamos déficit en uno de los países con mayores recursos del mundo. Menos de tres años después, el sector cerró el primer semestre de 2026 con un superávit superior a 5.000 millones de dólares.

Hoy, la Argentina es un pilar de la seguridad energética regional. El próximo salto llegará desde la Cordillera, con el cobre, el litio y las tierras raras.

El vínculo con los Estados Unidos convierte esa nueva capacidad productiva en una ventaja estratégica. El acuerdo comercial, el memorándum sobre minerales críticos y nuestra incorporación a Pax Silica conectan a nuestro país con los circuitos seguros de la inteligencia artificial y los semiconductores.

La inteligencia artificial demuestra que la economía más digital de la historia será también una de las más intensivas en recursos físicos. Un centro de datos exige energía abundante, conectividad, bajas temperaturas y talento capaz de operarlo.

En un mundo atravesado por conflictos, la ubicación de la infraestructura crítica pesa tanto como su tecnología. La Argentina reúne esas condiciones en una geografía alejada de las principales zonas de tensión.

Cada inversión aprobada bajo el RIGI fortalece esa posición. Amplía nuestra capacidad de abastecer a socios confiables, reduce vulnerabilidades externas y aumenta el peso de la Argentina en las decisiones económicas globales.

Las próximas tres décadas pueden encontrar a nuestro país como proveedor indispensable de energía, alimentos, minerales y conocimiento. Ocupar ese lugar exige inversión, acuerdos y consistencia. La Argentina es próspera y será mucho más próspera con la continuidad de este rumbo.

Esa nueva gravitación económica amplifica nuestra voz política. Un país que ayuda a resolver desafíos comunes ensancha su margen para defender principios, reunir voluntades y orientar debates. En la política internacional, lidera quien respalda su palabra con capacidad de acción.

La coherencia le da credibilidad a ese liderazgo. La Argentina lleva al mundo las mismas convicciones que ordenan su vida pública. Nuestros socios saben qué representamos, qué intereses defendemos y qué compromisos asumimos. Esa claridad genera confianza, fortalece nuestras alianzas y aumenta nuestro poder de convocatoria.

Nuestros resultados cambiaron los términos del debate regional. Lo difícil funciona cuando un gobierno fija un rumbo y cumple su palabra. El orden fiscal y la libertad económica respaldan una experiencia que la región observa con atención.

Los procesos políticos de Bolivia, Chile, Colombia, Perú, Honduras y Costa Rica confirman que las ideas que la Argentina defiende volvieron a marcar el pulso de América Latina.

La llamada ola azul expresa, con matices nacionales, una demanda común de instituciones sólidas, iniciativa privada y progreso.

En ese contexto, la Argentina volvió a ser ejemplo en el hemisferio a fuerza de coherencia y resultados.

Los principios se prueban en los momentos decisivos. En Bolivia, los bloqueos amenazaron con convertir el abastecimiento de alimentos y medicamentos en un instrumento de presión política. Durante más de cuarenta días, la Argentina sostuvo el puente aéreo entre La Paz y Santa Cruz de la Sierra.

Con esa decisión defendimos el orden democrático y acompañamos al pueblo boliviano cuando su vida cotidiana quedó atrapada en la disputa.

La libertad política requiere instituciones dispuestas a sostenerla. El mandato de las urnas exige voluntad estatal para defenderlo. Esa convicción orienta nuestra acción regional.

El crimen organizado constituye una amenaza directa contra ese orden democrático. Disputa territorios, corrompe instituciones y convierte las fronteras en corredores para sus economías ilegales. Las redes criminales actúan con escala regional. Los Estados deben responder con el mismo volumen y una determinación superior.

El Compromiso de Santiago y el Escudo de las Américas coordinan capacidades frente a esas organizaciones y protegen la autoridad de los Estados democráticos junto con la seguridad de sus ciudadanos.

La Argentina toma la iniciativa, convoca y acerca posiciones. Convierte principios compartidos en capacidad común y les da dirección política a los vientos de cambio que recorren la región.

El Presidente Milei supo interpretar esos vientos y condujo su fuerza hacia una Argentina libre y abierta. Ahora nos corresponde sostener esa dirección con la misma convicción.

Al Gobierno le toca preservar las reglas, ampliar los mercados y defender los intereses nacionales. A ustedes les corresponde invertir, producir y proyectar el talento argentino. En esa alianza se juega la prosperidad duradera de nuestro país.

Tenemos el rumbo, la capacidad y la ambición. Esta tarea exige toda nuestra determinación.

Los invito a asumir este proyecto de país con nosotros. Avancemos. La Argentina volverá a ser una de las naciones más prósperas del mundo.

Muchas gracias.

MIL OSI