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Una propuesta china para un mundo en transformación

Una propuesta china para un mundo en transformación

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

China Hoy | 15. 09. 2026

El concepto de comunidad de futuro compartido de la humanidad, propuesto por Xi Jinping en 2013, se ha constituido en una respuesta a los desafíos de un mundo en transformación. A partir de la experiencia de modernización e innovación de la República Popular China, esta visión representa una invitación a repensar la cooperación internacional desde la búsqueda del desarrollo compartido, el aprendizaje mutuo y la construcción de un orden global más inclusivo, lo cual son valiosas lecciones para América Latina, sobre todo para México.

28 de noviembre de 2025. Alumnos asisten a una clase de mandarín impartida por el Instituto Confucio de la Universidad de Magallanes en Punta Arenas, Chile.

La propuesta del concepto 

El presidente Xi Jinping planteó por primera vez la visión de una comunidad de futuro compartido de la humanidad en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú en marzo de 2013. En su discurso titulado “Corresponder a la tendencia de la época, promover el desarrollo pacífico del mundo”, Xi señaló: “Es un mundo donde los países están vinculados y dependen unos de otros con mayor intensidad que nunca, [y donde] la Humanidad, viviendo en la misma aldea global, en el mismo tiempo donde convergen la historia y la realidad, se levanta como una comunidad de futuro compartido donde cada uno de nosotros porta algo de los otros”. 

A lo largo de los años, el secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China ha dado nuevas connotaciones a este concepto. En septiembre de 2015, durante un discurso pronunciado en un debate general en el marco del 70.0 periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, Estados Unidos, Xi Jinping mencionó cinco puntos: “La comunidad internacional debe establecer asociaciones en las que los países se traten como iguales, lleven a consultas mutuas y muestren comprensión entre sí; debemos establecer un marco de seguridad caracterizado por la igualdad y la justicia, al que contribuyan y compartan todas las naciones; debemos buscar una perspectiva de desarrollo abierta, innovadora e inclusiva impulsada por la cooperación de beneficio mutuo; el desarrollo de todos es un verdadero desarrollo y el desarrollo sostenido es un buen desarrollo; y abogamos por un intercambio armonioso entre civilizaciones que no excluya las diferencias y que tolere los puntos de vista de diversa índole”. 

La constitución de una comunidad de futuro compartido trajo consigo la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG), presentada en 2021 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. La IDG se centra en las necesidades de desarrollo compartidas de la humanidad, se alinea estrechamente con la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible y aborda directamente los retos reales en el ámbito del desarrollo global. Posteriormente, la Iniciativa para la Seguridad Global (ISG), adoptada en 2022, está diseñada para salvaguardar la estabilidad, a la vez que la Iniciativa para la Civilización Global (ICG) de 2023 trata de fomentar el entendimiento común. Cada iniciativa aborda un pilar fundamental de la cooperación global, siendo el conjunto de ellas, tal como expresó el secretario general de la ONU, António Guterres, “totalmente compatibles con la Carta de las Naciones Unidas”.

29 de abril de 2025. Visitantes presencian una demostración de una fumigación agrícola con un dron de la empresa china DJI Agriculture en la Agrishow 2026 celebrada en la ciudad de Ribeirao Preto, Sao Paulo, Brasil. Fotos de Xinhua

Aporte de la sabiduría china 

La evolución de China en el sistema internacional evidencia un rol mucho más activo en la gobernanza global, que incluye la propuesta de nuevas iniciativas de cooperación internacional y una narrativa que coloca el desarrollo común, la seguridad compartida y el respeto a la diversidad de los modelos de desarrollo como principios fundamentales del nuevo orden mundial. La Iniciativa de la Franja y la Ruta, la IDG, la ISG y la ICG deben servir como ejes articuladores de las relaciones económicas, políticas, culturales y tecnológicas para resolver de manera conjunta e inclusiva los desafíos a los cuales se enfrenta el mundo. 

Bajo esta lógica, una comunidad de futuro compartido no pretende únicamente fortalecer las relaciones entre China y otros países, sino que busca replantear la forma misma en que se entiende la gobernanza global. Ante los procesos de fragmentación económica a nivel global y el rápido ascenso de la tecnológica digital, el actual orden mundial ya no puede desvincularse del bienestar colectivo de la humanidad, por lo que la cooperación debe sustituir a la confrontación como principio rector de las relaciones internacionales. 

En última instancia, una comunidad de futuro compartido de la humanidad constituye una invitación a repensar la naturaleza misma de la cooperación internacional. Frente a un escenario caracterizado por la fragmentación geopolítica, el proteccionismo tecnológico y la competencia entre grandes potencias, China ha propuesto una narrativa en base a la interdependencia, el beneficio mutuo y la construcción de bienes públicos globales. La viabilidad de esta propuesta dependerá de su capacidad para traducirse en resultados concretos y de la disposición de otros actores internacionales para participar en ella. En esa línea, el reto consiste en participar activamente en la conversación desde los propios intereses nacionales, fortaleciendo las capacidades productivas y tecnológicas, promoviendo una cooperación internacional basada en el respeto mutuo y construyendo un desarrollo que permita compartir, de manera efectiva, un futuro común. 

Una propuesta para América Latina 

La visión de una comunidad de futuro compartido de la humanidad tiene sus raíces tanto en la tradición china como en la experiencia histórica. Algunos conceptos provenientes del confucianismo, como la armonía en la diversidad, se combinan con la experiencia de un proceso de modernización que transformó China a través de la ideología marxista del desarrollo de fuerzas productivas. Gracias a la política de reforma y apertura, en poco más de cuatro décadas, China logró pasar de la agricultura tradicional a la agricultura moderna, que integra la agricultura, la silvicultura, la ganadería y la pesca, y a convertirse en una de las principales potencias industriales, tecnológicas y científicas del mundo. 

Uno de los aspectos más relevantes de esta experiencia consiste en comprender que la modernización china nunca fue concebida como una simple reproducción de modelos occidentales. Como señalaba el propio Deng Xiaoping, el arquitecto detrás de la reforma y apertura iniciada en 1978, las reformas económicas fueron un gran experimento que no se encontraba en ningún libro de texto. La construcción de capacidades nacionales se apoyó en una fuerte cohesión institucional, en el aprovechamiento estratégico de la inversión extranjera para fortalecer la industria nacional y en una inserción internacional cuidadosamente administrada por el Estado, de modo que la apertura económica sirvió como una vía para acelerar el aprendizaje tecnológico y fortalecer la soberanía productiva.  

La magnitud de esta transformación puede observarse en algunos indicadores que ilustran la velocidad del proceso de modernización de China. Mientras en 2010 la tasa de crecimiento económico anual de China fue de 10,6 %, para 2024 el crecimiento se estabilizó en alrededor del 5 %, reflejando la transición desde un modelo basado principalmente en la expansión industrial hacia otro impulsado por la innovación y el desarrollo tecnológico, y que representa un elemento de su propio desarrollo interno. 

Esta experiencia resulta especialmente significativa para América Latina. Durante décadas, gran parte de la región adoptó estrategias de liberalización comercial bajo la expectativa de que el mercado internacional generaría automáticamente procesos de industrialización y desarrollo tecnológico. En numerosos casos, los resultados fueron limitados: persistieron estructuras productivas dependientes de la exportación de materias primas, aumentó la dependencia tecnológica y se profundizó la vulnerabilidad frente a las fluctuaciones del mercado mundial. China es un ejemplo de cómo una sólida capacidad institucional para orientar el desarrollo, el uso estratégico de la inversión extranjera como mecanismo de transferencia tecnológica, y una apertura económica planificada, entendida como un instrumento de aprendizaje y no como un fin en sí mismo, pueden llevar hacia la construcción de una política capaz de vincular a diferentes actores de cara al desarrollo y crecimiento de los países. 

La creciente importancia de China para América Latina resulta evidente en la evolución de sus vínculos económicos con Brasil, México y Chile. Dichos socios comerciales han adquirido una mayor relevancia sobre todo en lo que respecta a sectores vinculados con la electromovilidad, los vehículos eléctricos, las baterías de litio, los equipos de telecomunicaciones, la energía solar y la economía digital. Todo ello es una prueba de que la relación económica entre ambas regiones ha empezado a evolucionar hacia una agenda de mayor contenido tecnológico y científico. En ese contexto, más allá del crecimiento del comercio bilateral —que ya ha convertido a China en uno de los principales socios comerciales de la región—, el siguiente paso consiste en consolidar alianzas en investigación científica, educación superior, innovación industrial, economía digital y transición energética, ya que son precisamente estas áreas las que ofrecen mayores posibilidades para generar beneficios compartidos en comparación con una relación basada exclusivamente en el intercambio de materias primas por manufacturas. 

La comunidad de futuro compartido de la humanidad encarna la proyección internacional de un modelo de desarrollo que parte de la premisa de que la cooperación tecnológica, la conectividad, la inversión en infraestructura y el intercambio de conocimientos pueden generar beneficios mutuos.

Autor: MIGUEL ÁNGEL CRUZ MANCILLAS*

*Miguel Ángel Cruz Mancillas es investigador en Palabra de Clío y docente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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