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Paz, desarrollo y derechos: China y América Latina por otra mirada desde el Sur Global

Paz, desarrollo y derechos: China y América Latina por otra mirada desde el Sur Global

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

.china.org.cn | 20. 09. 2026

Por Isaura Diez


En gran parte del debate internacional, el tema de los derechos humanos sigue atrapado en una visión estrecha, reducida casi exclusivamente a la dimensión política-civil, en detrimento de los derechos económicos y sociales, y utilizada con frecuencia como arma arrojadiza por el Occidente colectivo contra los países del Sur Global.

La semana pasada en Perú se subrayó una idea distinta y profundamente necesaria: que el primer derecho humano, el que hace posibles todos los demás, es el derecho a la vida, y que este solo puede garantizarse en paz y con desarrollo.

La Tercera Mesa Redonda China-América Latina y el Caribe sobre Derechos Humanos, celebrada en Lima bajo el lema “Multilateralismo y Derechos Humanos”, reunió a cerca de 200 representantes de China y 23 países de la región.
Los asistentes abordaron el tema de los derechos humanos desde la experiencia concreta de los pueblos y no desde fórmulas impuestas desde afuera.

Las palabras del embajador chino en Perú, Song Yang, resumen el espíritu del encuentro: China y América Latina, aunque separadas por montañas y océanos, comparten la aspiración de que sus pueblos alcancen la felicidad, el desarrollo y el progreso.
Esta es la traducción, en el terreno de los derechos humanos, de un principio que Beijing ha sostenido de manera consistente: que el desarrollo es también un derecho, y que sin erradicar la pobreza, sin salud, sin educación, la letra de cualquier declaración de derechos queda vacía.

La misma lógica la encontramos en las palabras de Juan de Dios Parra, de la Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos, cuando denunció la escandalosa asimetría de un planeta capaz de producir alimento para todos y que, sin embargo, mantiene a mil millones de personas en el hambre, mientras una fracción mínima de la humanidad concentra la mayor parte de la riqueza mundial.
Para Parra, esa acumulación no es un dato más de la economía global, sino una forma de daño deliberado a los derechos de la humanidad que exige una alianza del Sur Global y un liderazgo capaz de sostenerla; y fue precisamente en ese punto donde ubicó a China.
Beijing es una fuerza de estabilidad en un mundo convulso y la voz más representativa para defender los intereses de los países en desarrollo.
Este enfoque no surge de la nada. Se inscribe en una arquitectura de cooperación que China ha venido desplegando de forma consistente hacia la región, y que quedó reafirmada en la IV Reunión Ministerial del Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en mayo de 2025.
Allí, el presidente chino Xi Jinping señaló que el desarrollo y la revitalización del Sur Global son derechos legítimos de sus pueblos, y la equidad y la justicia internacionales no son aspiraciones abstractas, sino objetivos concretos de política exterior.

Frente al proteccionismo creciente y la lógica de bloques que hoy fragmenta el sistema internacional, Beijing propuso algo distinto: entendimiento mutuo, coordinación multilateral y cooperación sin condicionamientos políticos.

En ese momento, Xi anunció una línea de crédito superior a los nueve mil millones de dólares, miles de becas de formación técnica, cientos de especialistas en reducción de la pobreza, programas culturales que van desde el “Puente Chino” hasta la traducción anual de producciones audiovisuales, y trescientos proyectos de impacto social directo.

Es un modelo de cooperación que no separa la dimensión material de la dimensión simbólica: se financia infraestructura y energía limpia al tiempo que se promueve el diálogo entre civilizaciones.

Esta hoja de ruta encontró, apenas unos meses después, su expresión más sistemática cuando China presentó en diciembre de ese mismo año el tercer “Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe”.

Se trata de un texto orientado a impulsar la cooperación sin cálculos geopolíticos en un momento de incertidumbres globales crecientes.
Lejos de ser una declaración genérica, el documento traduce en acciones concretas los “cinco programas” que el propio presidente chino anunció en mayo y se alinea explícitamente con las Iniciativas para el Desarrollo Global, la Seguridad Global, la Civilización Global y la Gobernanza Global.

Es, en otras palabras, la evidencia de que el discurso sobre derechos humanos escuchado en Lima no gravita en el vacío: responde a una política de Estado coherente, sostenida en el tiempo y con mecanismos de implementación verificables.

Particularmente relevante resulta el compromiso reiterado con la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz y con la no proliferación nuclear en la región.
En un momento en que la confrontación entre bloques amenaza con normalizarse como forma de hacer política internacional, la insistencia china en la no injerencia y en el rechazo a las presiones geopolíticas externas -reafirmada también en el nuevo documento de política- es la condición misma de posibilidad para que el derecho a la vida, invocado en Lima, deje de ser una consigna y se convierta en una realidad tangible para millones de personas.

Lo que emerge de estos encuentros (de Río de Janeiro en 2024, Sao Paulo en 2025 y Lima en 2026) es la construcción progresiva de una narrativa alternativa sobre los derechos humanos protagonizada por el Sur Global.
Una narrativa que no niega los derechos civiles y políticos, pero que se niega a separarlos de la paz, el desarrollo y la justicia social: esta sería una de las contribuciones más importantes que China y América Latina pueden ofrecer juntos a la reforma de la gobernanza global.

*La autora es corresponsal jefa de Prensa Latina en China

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