Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

La primera vez que yo entré en un laboratorio fue con 14 años, para la asignatura de Biología en secundaria: para entonces, yo ya tenía muy claro que las ciencias no eran mi camino. Recuerdo diseccionar un mejillón y he borrado de mi memoria lo que hicimos con unas ranas. Fueron un par de visitas al laboratorio en todo el curso. ¿Si hubiera aprendido ciencias de manera más práctica, desde mucho antes de secundaria, habría seguido una trayectoria académica diferente? ¿Cuánto han cambiado las cosas desde entonces?
Ángel Ezquerra y María Belén Yelamos López, investigadores en la Universidad Complutense de Madrid, se lamentan de “una ausencia sistémica del sistema educativo español”: el laboratorio de ciencias en primaria. Resulta paradójico que la Ley de Educación actual en España exija que los alumnos se inicien en procedimientos de investigación como la observación, la medida, el diseño de pequeños experimentos con control de variables y la comunicación de resultados basada en datos sin que en la mayoría de escuelas haya donde poner esto en práctica. Es, dicen, como “enseñar a nadar en un charco seco”. “El resultado”, explican, “es que el 63,6 % de los alumnos recuerda las ciencias en primaria como algo puramente memorístico, y solo un 20 % reconoce haber vivido un aprendizaje basado en la investigación”.
Y es que lo que se aprende en el laboratorio va mucho más allá de dónde está el hígado de un mejillón o una rana: se trata de poner en práctica una manera de investigar metódica, segura, a lo largo del tiempo; de sentar las bases del método científico. “La competencia científica”, argumenta Luis Alonso González de UNIE, es mucho más que aprenderse un fenómeno o un concepto de manera teórica. Es “ser capaz de formular preguntas, proponer hipótesis, diseñar procedimientos, controlar variables, registrar datos, interpretar resultados y construir conclusiones basadas en pruebas”. Y el laboratorio es así un lugar perfecto para evaluar a los chicos y chicas más allá de los exámenes: cómo conectan teoría y pruebas, formulan hipótesis, mantienen registros, controlan el experimento y justifican las conclusiones.“
Estas dos semanas hemos hablado también de lo difícil que es lograr que el comedor escolar sea sostenible y saludable, incluso aunque lo exija la ley; por qué expulsar de clase no suele servir para mejorar determinadas conductas; las evidencias que respaldan las metodologías activas; cómo podrían ser más útiles las prácticas de los futuros maestros, y por supuesto qué ha pasado en PISA.
Seguimos dando vueltas a la IA. Y traemos, para el aula, artículos sobre microbios, bioplásticos, el farmeo de aura a lo largo de los siglos (si esto les suena a chino, pregunten a sus alumnos), las muchas caras de Federico García Lorca, y el tapiz de Bayeux
que anda ahora de viaje en Londres.
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– ref. La conversación docente: mucho más que diseccionar ranas – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-mucho-mas-que-diseccionar-ranas-292496
