Source: United Nations – in Spanish 4
Headline: La acción climática afronta su prueba más difícil: convertir promesas en resultados
Hace poco más de una década, el mundo se encaminaba hacia un calentamiento superior a 4 °C. Desde la adopción del Acuerdo de París, en 2015, esa proyección se ha reducido a unos 2,3 °C, siempre que los países cumplan plenamente sus compromisos actuales.
Es un avance importante, pero no significa que la crisis climática esté bajo control. Los últimos once años han sido los más cálidos jamás registrados, y las olas de calor, las sequías, las inundaciones, las tormentas y los incendios forestales están afectando cada vez más a comunidades, cultivos, infraestructuras y economías.
Por eso, aunque el objetivo de 1,5 °C sigue siendo la referencia que guía la acción climática mundial, el debate ha empezado a cambiar. Ya no se trata únicamente de evitar cruzar ese límite, sino también de reducir cuánto se supera y durante cuánto tiempo.
© Climate Visuals/Alastair Un hombre reparte bolsas de hielo en Londres durante el verano más caluroso jamás registrado en el Reino Unido.
¿Qué significa superar temporalmente los 1,5 °C?
El límite de 1,5 °C no se refiere a la temperatura de un año concreto, sino al aumento medio de la temperatura mundial respecto de los niveles preindustriales, medido durante varias décadas. Superarlo temporalmente significa que el planeta se calienta por encima de ese nivel durante un periodo, alcanza un máximo y, si las emisiones se reducen lo suficiente, puede volver después por debajo de ese umbral.
Ese descenso, sin embargo, dependerá de las decisiones que se tomen ahora y en los próximos años. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte de que, incluso si los países cumplen plenamente sus actuales planes climáticos y sus compromisos adicionales para alcanzar emisiones netas cero, el calentamiento podría llegar a un máximo cercano a 1,8 °C.
La diferencia puede parecer pequeña, pero tiene consecuencias importantes. Cuanto más aumente la temperatura y más tiempo permanezca elevada, mayores serán los riesgos de calor extremo, pérdida de cosechas, escasez de agua, incendios, inundaciones y daños a ecosistemas de los que dependen millones de personas.
“Cada fracción de grado costará vidas, destruirá medios de subsistencia, profundizará la desigualdad y acercará a los ecosistemas a daños irreversibles”, ha advertido el Secretario General de la ONU, António Guterres.
© Climate Visuals/Aji Styawan Un hombre trabaja en los paneles solares instalados en una mezquita en Yakarta, Indonesia.
¿Por qué importa tanto actuar rápido?
La rapidez con la que se reduzcan las emisiones será clave para limitar cuánto sigue aumentando la temperatura.
Los países responsables de cerca del 90% de las emisiones mundiales ya han presentado nuevos planes climáticos nacionales, conocidos como NDC. Pero, en conjunto, esos compromisos reducirían las emisiones solo alrededor de un 10% para 2035.
Para mantener al alcance el objetivo de 1,5 °C, la reducción tendría que acercarse al 60%.
Eso obliga a avanzar más rápido en varios frentes a la vez: reducir las emisiones de dióxido de carbono y metano, frenar la deforestación y acelerar el paso de los combustibles fósiles a las energías renovables.
La transición, sin embargo, no consiste únicamente en instalar más paneles solares y turbinas eólicas. Para que las renovables puedan abastecer a ciudades, fábricas y sistemas de transporte a gran escala, hacen falta redes eléctricas modernas, más capacidad de almacenamiento y un mayor uso de electricidad limpia en todos los sectores.
También está en juego la seguridad energética, es decir, la capacidad de un país para contar con energía suficiente y a precios relativamente estables. Tres de cada cuatro personas viven en países que importan más combustibles fósiles de los que exportan, lo que los deja especialmente expuestos cuando una guerra, una crisis geopolítica o una interrupción del suministro dispara los precios.
Producir más energía renovable dentro del propio país puede reducir parte de esa dependencia y hacer el sistema energético menos vulnerable a crisis externas.
Como ha señalado Guterres, “no hay embargos sobre la luz del sol ni aumentos repentinos del precio del viento”.
UNFCCC/Kiara Worth Grupos de la sociedad civil abogan en la COP29 de Bakú (Azerbaiyán) por iniciativas de financiación de la lucha contra el cambio climático.
¿Por qué la financiación sigue siendo uno de los grandes obstáculos?
La transición no cuesta lo mismo en todas partes. Muchos países en desarrollo pagan intereses mucho más elevados para financiar proyectos de energía limpia, redes eléctricas o sistemas de almacenamiento, incluso cuando cuentan con abundantes recursos solares o eólicos.
En la práctica, eso significa que una inversión que puede resultar rentable en una economía desarrollada puede ser demasiado cara en otro país. Las Naciones Unidas han pedido reducir esos costes, reformar los bancos multilaterales de desarrollo y movilizar más inversión privada hacia los países en desarrollo.
Pero la financiación no consiste únicamente en construir nuevas infraestructuras. También determina quién se beneficia de la transición.
Una transición justa debe crear empleos decentes, apoyar a trabajadores y comunidades que dependen de industrias en transformación y permitir que los países en desarrollo tengan una mayor participación en la nueva economía de energía limpia.
Eso incluye los minerales necesarios para fabricar baterías y otras tecnologías. Los países productores deberían poder obtener una mayor parte del valor generado por esos recursos, en lugar de limitarse a exportarlos como materias primas.
© Adobe Stock/Aquatarkus En Odesa, Ucrania, las casas construidas sobre suelo arcilloso inestable se derrumban en el mar.
¿Por qué hay que adaptarse ahora?
Porque incluso una reducción rápida de las emisiones no eliminará los riesgos que ya enfrenta un planeta más cálido. Los fenómenos extremos pueden convertirse en desastres cuando golpean a comunidades expuestas, infraestructuras frágiles o territorios ya sometidos a otras presiones.
La reciente tragedia en Nepal y China es un ejemplo de esa combinación de factores: lluvias intensas, deslizamientos, terreno vulnerable y comunidades expuestas provocaron graves daños en viviendas, carreteras, cultivos y servicios esenciales.
En los próximos meses, esos riesgos podrían aumentar en varias regiones por un fuerte episodio de El Niño, que se espera persista hasta comienzos de 2027. El fenómeno no está causado por el cambio climático, pero ocurre ahora sobre un planeta más cálido y puede intensificar determinados impactos, entre ellos en el Cuerno de África y partes de América Latina y el Caribe.
Adaptarse significa prepararse mejor para esos impactos, desde construir infraestructuras capaces de soportar lluvias más intensas hasta desarrollar cultivos más resistentes a la sequía, gestionar mejor el agua o ampliar los sistemas de alerta temprana para que las comunidades tengan más tiempo para actuar.
Para muchos países vulnerables, sin embargo, pagar por esa adaptación sigue siendo uno de los mayores desafíos. Cuanto más tarde el mundo en reducir las emisiones, mayores serán también las necesidades y los costes de adaptación.
© CMNUCC/Kiara Worth Los participantes llegan a Belém, Brasil, para el primer día de la COP30.
¿Por qué hace falta cooperación internacional?
Ninguna de estas transformaciones ocurre dentro de una sola frontera. La energía, las finanzas, la tecnología y las cadenas de suministro conectan a unos países con otros, y lo mismo ocurre con los efectos del cambio climático.
La cooperación internacional puede ayudar a ampliar las energías renovables, compartir tecnología, mejorar los sistemas de alerta temprana y facilitar el acceso a financiación, pero los países parten de situaciones muy distintas.
Algunos cuentan con más recursos y capacidad para transformar rápidamente sus economías. Otros tienen que responder al cambio climático mientras afrontan altos niveles de deuda, pobreza, conflictos u otras crisis.
El reto es conseguir que esas diferencias no frenen la acción colectiva, especialmente en un momento de fuertes tensiones geopolíticas como el que se vive actualmente.
¿Qué se espera de la Cumbre sobre el Clima?
Todas estas cuestiones estarán en el centro de la Cumbre sobre el Clima convocada por el Secretario General para el 23 de septiembre en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
La reunión congregará a gobiernos, bancos de desarrollo, empresas, instituciones financieras y representantes de la sociedad civil con tres grandes prioridades: acelerar la transición energética, movilizar financiación y proteger mejor a las personas frente a los impactos del cambio climático.
El objetivo será menos anunciar nuevas metas y más encontrar formas concretas de cumplir las que ya existen. Durante la semana se celebrarán además, como parte de la Cumbre, varios Diálogos de Soluciones sobre energía, océanos, adaptación, metano, financiación, integridad de la información e industrialización verde.
Tras más de una década de compromisos desde el Acuerdo de París, la cuestión central es cómo convertir esas promesas en cambios suficientemente rápidos como para limitar cuánto más se calentará el planeta.
La Cumbre podrá seguirse a través de UN Web TV.
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