Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish
.china.org.cn | 28. 09. 2026
Por Mauricio Percara
Entre el 23 y el 25 de septiembre, la visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a Estados Unidos volvió a situar en primer plano una relación bilateral cuya evolución tiene implicaciones que trascienden a ambos países. El viaje se produjo menos de seis meses después de la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, a China. El mandatario chino destacó que este intercambio de visitas entre los jefes de Estado en menos de medio año no tiene precedentes en la historia de los vínculos entre China y Estados Unidos. Más allá de su dimensión diplomática, esta continuidad del diálogo al más alto nivel plantea una cuestión de mayor alcance: cómo convertir el entendimiento político en una relación más estable y previsible, aun cuando persistan ámbitos de competencia y diferencias.
Washington dio continuidad al entendimiento alcanzado en mayo, durante el viaje del presidente estadounidense a China, cuando ambos mandatarios acordaron trabajar para construir una relación constructiva de estabilidad estratégica. El 25 de septiembre, durante una charla en la Casa Blanca, los dos jefes de Estado acordaron avanzar hacia una relación de este tipo basada en el respeto, la equidad y la reciprocidad. Este consenso permite proyectar el vínculo desde una perspectiva de más largo plazo: no se trata únicamente de responder a cada fricción de manera aislada, sino de preservar la comunicación, ampliar los espacios de cooperación y dotar a la relación de una mayor continuidad.
Buscar estabilidad, sin embargo, no significa esperar que desaparezcan la competencia o las divergencias. Durante las conversaciones, el presidente chino planteó una relación en la que la cooperación sea el pilar fundamental, la competencia se mantenga moderada, las diferencias sean manejables y prevalezca la paz. También señaló que ambos países pueden alcanzar resultados de beneficio mutuo mediante la cooperación práctica, competir de forma saludable y gestionar adecuadamente sus diferencias. Desde esta perspectiva, la previsibilidad no exige que Beijing y Washington coincidan en todos los asuntos. Supone, más bien, contar con mecanismos capaces de gestionar los desacuerdos y, al mismo tiempo, preservar aquellos ámbitos en los que la cooperación continúa siendo posible.
En el terreno económico y comercial aparece una primera expresión concreta de esa lógica. Según Xinhua, los equipos de ambos países celebraron una nueva ronda de consultas y alcanzaron un nuevo acuerdo conjunto. El mandatario chino sostuvo que una relación económica y comercial estable requiere ampliar la lista de cooperación y reducir la de problemas, sobre la base de la igualdad, el respeto mutuo y el beneficio mutuo. En una relación económica de semejante magnitud, las diferencias difícilmente pueden desaparecer por completo. Lo verdaderamente importante es disponer de canales que permitan abordarlas antes de que una disputa específica termine condicionando el conjunto de los vínculos.
Precisamente por esa interdependencia, gestionar las divergencias adquiere una relevancia que va más allá del plano bilateral. El jefe de Estado chino señaló que, mientras ambas partes mantengan un espíritu de igualdad, respeto mutuo y beneficio mutuo, es posible encontrar una salida a los problemas. Asimismo, calificó el nuevo acuerdo conjunto alcanzado por los equipos económicos y comerciales como una buena noticia para las industrias y los habitantes de ambos países, así como para la economía mundial. El desafío, por tanto, no consiste en imaginar una relación libre de fricciones, sino en desarrollar mecanismos que impidan que esas fricciones se conviertan en una fuente permanente de incertidumbre.
Otro campo especialmente significativo es la inteligencia artificial. China y Estados Unidos desempeñan un papel importante en el desarrollo de estas tecnologías, y la IA ocupó un lugar explícito en las conversaciones entre ambos presidentes. El mandatario chino señaló que, aunque los dos países compitan en este ámbito, tienen todavía más razones para cooperar. Propuso continuar el diálogo sobre los riesgos y beneficios de la IA, intercambiar puntos de vista, prevenir su uso indebido y abuso y mantener el control humano sobre estas tecnologías. Por su parte, el presidente estadounidense expresó también la necesidad de mantener el diálogo y fortalecer la cooperación en esta materia.
Precisamente en este campo se observa con especial claridad que competencia y cooperación no tienen por qué excluirse mutuamente. La existencia de competencia tecnológica no impide que puedan identificarse intereses compartidos frente a determinados riesgos. Incorporar los beneficios y desafíos de la IA al diálogo bilateral abre un espacio en el que ambas partes pueden intercambiar posiciones y explorar formas de cooperación sin que ello implique eliminar sus diferencias. En este sentido, el sector tecnológico será uno de los ámbitos en los que podrá comprobarse hasta qué punto los consensos alcanzados al más alto nivel encuentran continuidad en mecanismos concretos de diálogo y cooperación.
También resultará decisivo mantener canales de comunicación capaces de funcionar cuando aparezcan dificultades. Durante la visita, el presidente chino afirmó que China y Estados Unidos deben fortalecer la comunicación, cooperar con sinceridad y coexistir en paz. Asimismo, destacó la importancia de reforzar los contactos entre departamentos gubernamentales y propuso mantener un diálogo regular entre las fuerzas armadas de ambos países, junto con mejores mecanismos de comunicación y prevención de crisis. Los encuentros entre los jefes de Estado pueden marcar la orientación general, pero una relación estable a largo plazo necesita también vías institucionales que permitan preservar el diálogo cuando surgen nuevos desacuerdos.
Más allá del plano bilateral, las conversaciones abordaron cuestiones de alcance internacional. Ambos mandatarios intercambiaron opiniones sobre la situación en Oriente Medio, la crisis de Ucrania y la península de Corea, y confirmaron que sus respectivos países se apoyarán mutuamente en la organización de la Reunión de Líderes Económicos del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) de 2026 y la Cumbre de Líderes del G20. La inclusión de estos asuntos muestra hasta qué punto la interacción entre Beijing y Washington trasciende el marco estrictamente bilateral. La manera en que ambas potencias gestionen sus diferencias puede incidir también en las posibilidades de cooperación frente a desafíos internacionales de mayor alcance.
Nada de ello significa que las diferencias hayan desaparecido ni que todos los desafíos acumulados estén resueltos. La importancia de la visita reside, más bien, en haber reforzado un marco para abordarlos. Después de las visitas recíprocas de este año, el siguiente paso será convertir los entendimientos alcanzados al más alto nivel en prácticas sostenidas de comunicación, cooperación y gestión de divergencias. En una relación de la magnitud de la que mantienen China y Estados Unidos, avanzar hacia una mayor estabilidad y previsibilidad no solo concierne a ambos pueblos, sino que también puede aportar mayor certidumbre a un escenario internacional marcado por múltiples desafíos.
El autor es académico, periodista, editor y autor literario especializado en relaciones internacionales, diplomacia cultural y comunicación intercultural.
