Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Martín Vide, Catedrático de Geografía Física, Universitat de Barcelona

Ningún lugar de la península ibérica ni de las Islas Baleares tiene un clima tropical. Para ello, su temperatura media del mes más frío tendría que ser igual o superior a 18 ºC. El contraste térmico entre el invierno y el verano y la temperatura de la primera estación no se asemejan a los de un clima genérico tropical, aun teniendo en cuenta que hay mucha variedad o subtipos tropicales.
Sin embargo, durante las últimas décadas, los climas mediterráneos de España y, en conjunto, de la cuenca del Mediterráneo, han comenzado a presentar signos de tropicalización, entendida como un proceso de transición o semejanza progresiva a los climas tropicales.
Inviernos más largos y veranos más cortos
En primer lugar, el aumento nítido, incluso con una tasa superior a la global, de la temperatura del aire va reduciendo la duración del invierno y aumentando la del verano, adelantando la primavera y retrasando el otoño. Las estaciones equinocciales, que el gran público lamenta que han desparecido, siguen existiendo, pero desplazadas en el calendario.
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Aumento de la temperatura del agua
La temperatura de las aguas someras, y hasta una profundidad de unos cien metros, del Mediterráneo también ha aumentado de un modo muy llamativo. Son tendencias estadísticamente significativas, explícitas. Los valores medidos en los últimos años en las aguas de la cuenca mediterránea occidental han llegado a superar los 30 ºC algunos días de los últimos veranos al sur de Mallorca, habiendo sido similares, e incluso superiores, a las del Caribe y el golfo de México.

ESA (datos: CMEMS/ESA SST CCI), CC BY-NC-SA
Los sistemas de presión se desplazan hacia el norte
Por su parte, la dinámica atmosférica a gran escala (la circulación general atmosférica) parece que comienza a desplazar hacia el norte en el hemisferio boreal los grandes cinturones de viento y de sistemas de presión.
El cinturón de anticiclones tropicales-subtropicales al sur de la cuenca del Mediterráneo, que explica la existencia del desierto del Sahara y de otros a una latitud parecida, da signos de desplazamiento hacia el norte. Esta tendencia se debe a la expansión de la célula de Hadley, una célula de circulación cerrada que domina la circulación global atmosférica en las latitudes ecuatoriales y tropicales.
Esto aumentaría las condiciones de estabilidad atmosférica en la región mediterránea. De confirmarse, las lluvias tendrían un carácter más irregular, con largos períodos secos salpicados por precipitaciones compulsivas.
Condiciones que facilitan los huracanes
Si pensamos en que unas aguas cálidas constituyen uno de los ingredientes necesarios para la génesis y el desarrollo de un huracán –genéricamente, un ciclón tropical–, el aumento de la temperatura del mar expandirá las áreas marinas potencialmente generadoras de tal fenómeno.
Se considera que la temperatura superficial, y hasta unas decenas de metros, mínima que ha de tener el océano para la aparición de un huracán es 26,5 ºC. Un valor claramente superado en verano en amplias extensiones del mar Mediterráneo. El abundante vapor de agua y el calor latente que conlleva es el “combustible” de intensos procesos convectivos, generadores de tormentas, con el frecuente resultado de auténticos diluvios.
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Ya desde hace algunas décadas en el Mediterráneo se han desarrollado depresiones atmosféricas con algunas características físicas y meteorológicas que recuerdan a los ciclones tropicales: son los llamados medicanes, “minihuracanes mediterráneos” o Mediterranean tropical-like ciclones. Se trata de unas estructuras de baja presión en la cuenca del Mare Nostrum, con un núcleo cálido y un ojo casi despejado distinguible en las imágenes de satélite, envuelto por nubosidad compacta en forma de espiral. Se acompaña por precipitaciones abundantes y viento fuerte.

Metop-B/Eumetsat, CC BY-SA
Desde los años 60 del siglo pasado y aún antes, hay registrados medicanes, cuando el calentamiento global no había comenzado. Es cierto que las definiciones de medicán han sido variadas y en algunos casos laxas, por lo que la lista de casos, que alcanza el centenar, debería revisarse. No hay tampoco certeza de que haya aumentado su frecuencia a la par del aumento térmico de las aguas y del aire en la cuenca.
Como ejemplo, se planteó la hipótesis de que las precipitaciones torrenciales del primer fin de semana de octubre de 2026 en Cataluña fueran debidas a un medicán, pero no fue así. Ni se observó el ojo y la estructura nubosa espiralada, ni el viento tuvo relevancia, ni tampoco se dibujó una borrasca en superficie. Sin embargo, se desarrollaron varias células convectivas o sistemas convectivos de mesoescala con un comportamiento y movimiento coordinado muy inusual o, quizá, inédito.
Ahora es necesario estudiar con detalle el fenómeno para estimar si, por su dinámica y por la intensidad de las lluvias, formaría parte de un proceso de tropicalización del Mediterráneo.
Situaciones atmosféricas cada vez más aleatorias
En el litoral mediterráneo español y de otros países del sur de Europa las precipitaciones torrenciales pueden estar generadas por situaciones atmosféricas variadas, desde danas o persistentes vientos de levante, que impelen la humedad del Mediterráneo hacia las tierras ribereñas, a procesos de ciclogénesis sobre el mar, sistemas convectivos de mesoescala, etc. O a una combinación de ellas.
La cuenca del Mediterráneo es una región geográfica y meteorológicamente compleja, lo que complica las predicciones meteorológicas. En parte del año, estas son relativamente fáciles, por el encadenamiento de muchas jornadas con estabilidad atmosférica, de tiempo agradable. En otras épocas, en cambio, resultan muy difíciles, por la ocurrencia de fenómenos de una virulencia o intensidad difícil de precisar, a veces, sorpresivos y con un reparto espacial enrevesado. En estos casos, estamos ante las predicciones meteorológicas más complicadas a nivel global.
Pues bien, esas características de difícil previsión de la intensidad pluviométrica, sorpresividad y aleatoriedad territorial parecen estar reforzándose en los últimos tiempos, probablemente desde el salto hacia arriba de la temperatura global a partir de 2022.
Lo anterior plantea un gran reto a los servicios meteorológicos, que deberán actualizar sus procedimientos, atender muy especialmente a las escales espaciales intermedias y locales y afinar los modelos para que puedan captar el plus energético derivado del calor almacenado en superficie, sobre todo, en las aguas mediterráneas.
Además, aceptar e integrar las observaciones locales de la ciudadanía, en un procedimiento de auténtica ciencia ciudadana, ayudaría a completar los datos y mejoraría la cultura del riesgo de la población.
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Javier Martín Vide no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿Se está tropicalizando el mar Mediterráneo? Estas señales sugieren que sí – https://theconversation.com/se-esta-tropicalizando-el-mar-mediterraneo-estas-senales-sugieren-que-si-294497
