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Nuestras experiencias se pueden transmitir a los hijos: así funciona la epigenética

Nuestras experiencias se pueden transmitir a los hijos: así funciona la epigenética

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adrián Villalba Felipe, Profesor asociado en Universidad Internacional de Valencia (VIU) e Investigador Postdoctoral en Institut Cochin (Université Paris Cité, Francia), Universidad Internacional de Valencia

Viktoriia Lomtieva/Shutterstock

“¡Que me quiten lo bailao!” es un dicho conocido que usamos para justificar nuestros excesos, creyendo que las consecuencias terminan exclusivamente en nosotros. Sin embargo, la ciencia apunta a que nos equivocamos.

Esta idea no es nueva. En 1995, el médico David Barker planteó una idea revolucionaria: que ciertas enfermedades nacen de situaciones vividas en el útero materno. El concepto evolucionó hacia lo que hoy denominamos DOHaD (Orígenes del Desarrollo de la Salud y la Enfermedad) que, básicamente, propone que nuestra salud metabólica se programa desde la concepción hasta la adolescencia.

¡Por encima de mis genes!

Si nuestro ADN fuera un manual de instrucciones, la genética sería el texto. Ese es nuestro código de fábrica, imposible de cambiar. Pero por encima de ese texto opera la epigenética (que significa, literalmente, “por encima de la genética”).

Para entender cómo funciona, imaginemos que tenemos un rotulador fluorescente en una mano y uno negro en la otra. Estos rotuladores no alteran las letras del manual, pero deciden qué frases destacamos y leemos (activando genes) y cuáles tachamos (silenciándolos). Actúan como interruptores moleculares que encienden o apagan funciones celulares.

Lo asombroso es que esos interruptores los pulsan, en realidad, nuestro entorno y nuestro contexto. La dieta, el estrés o los tóxicos a los que nos exponemos a lo largo de la vida (y en la gestación) pueden añadir o quitar marcas. Y no solo eso: a veces las anotaciones viajan a la siguiente generación, influyendo en la salud de nuestros hijos sin modificar sus genes originales.

Lo que se come se cría… y se hereda

Demostrar esta herencia en humanos es complejo, al pertenecer a una especie con una amplia esperanza de vida. Sin embargo, en los animales de laboratorio sí se puede confirmar la hipótesis de que alterar la dieta de un roedor afecta a la salud de sus futuras crías.

Incluso si extraemos un embrión de una madre desnutrida y lo gesta una hembra sana, el roedor recién nacido desarrollará problemas metabólicos. Se debe a la memoria epigenética que el embrión heredó de sus padres biológicos.

Si se confirma en humanos, esto podría explicar fenómenos históricos como la hambruna holandesa de 1944. Las mujeres embarazadas que sufrieron aquella desnutrición tuvieron hijos que, de adultos, desarrollaron más diabetes e hipertensión. Tal vez se debe a que sus organismos se programaron durante el desarrollo fetal para sobrevivir a la escasez, desarrollando un “fenotipo ahorrador”. Y como consecuencia, sus órganos aprendieron a exprimir hasta la última caloría.

El problema habría llegado tras la guerra, con la abundancia, cuando esos cuerpos “ahorradores” empezaron a acumular reservas desmedidas, derivando en enfermedades metabólicas. Pero la abundancia también deja cicatrices familiares: observaciones en humanos indican que la sobrealimentación de los abuelos en su infancia aumenta directamente el riesgo cardiovascular de sus nietos.

Padre no hay más que uno

Históricamente, la salud reproductiva se ha centrado exclusivamente en la madre, pero el padre tiene mucho que decir. Su obesidad, tabaquismo o mala dieta también pueden alterar la huella epigenética.

¿Pero por qué? Muy sencillo: porque aunque no participa en la gestación, aporta los espermatozoides, que guardan en su interior pequeños fragmentos de ARN no codificante que actúan como mensajeros epigenéticos. En ratones, inyectarlos en embriones provoca problemas metabólicos en las crías.

Lo fascinante es que hemos detectado estas mismas alteraciones en el esperma humano, vinculadas a la dieta o a su salud metabólica.

Curiosamente, existe un claro dimorfismo sexual. Por ejemplo, la intolerancia a la glucosa inducida por una madre con diabetes gestacional suele ser mucho más evidente en los descendientes machos que en las hembras.

Un horizonte nuevo para la biología

Toda esta evidencia científica cambia las reglas del juego. “Lo bailao” no nos lo quitan, eso es cierto. Pero ahora sabemos que podemos pasárselo, sin pretenderlo, a nuestros futuros hijos y nietos. Nuestras decisiones diarias dejan una huella epigenética que va mucho más allá de nuestro cuerpo.

El descubrimiento de la herencia epigenética abre de par en par la puerta hacia una biología que hasta hace muy poco ignorábamos. Nuestro genoma deja de ser un destino inamovible para convertirse en un paisaje vivo y más moldeable de lo que pensábamos. Nos estamos adentrando en un territorio inexplorado al que podríamos llamar “nueva biología”.

The Conversation

Adrián Villalba Felipe no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Nuestras experiencias se pueden transmitir a los hijos: así funciona la epigenética – https://theconversation.com/nuestras-experiencias-se-pueden-transmitir-a-los-hijos-asi-funciona-la-epigenetica-290450

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