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Los estudiantes franceses nos muestran cómo son las protestas en la era del espectáculo viral

Los estudiantes franceses nos muestran cómo son las protestas en la era del espectáculo viral

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara García Santamaría, Assistant Professor in Journalism Studies, Universitat de València

Los alumnos de secundaria se manifiestan en las calles de París el 8 de octubre de 2026. Pierre Laborde/Shutterstock

La reciente ola de protestas en Europa nos ha dejado dos imágenes impactantes y virales que combinan violencia y alegría. Mientras el histórico ayuntamiento de Limoges (Francia) ardía en llamas, la Orchestre du Nouveau Monde interpretaba música clásica en la céntrica Place de la République de París (hasta que la policía lanzó gases lacrimógenos contra los músicos).

Incendio en el ayuntamiento de Limoges
Incendio en el ayuntamiento de Limoges (Haute-Vienne, Francia), 17 de octubre de 2026.
Lucas Destrem/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Ambas escenas ofrecen formas radicalmente diferentes de ver las protestas. El ayuntamiento en llamas ofrece una imagen impactante de destrucción; la orquesta, de solidaridad colectiva antiautoritaria. Ninguna de las dos cuenta toda la historia, pero su contraste plantea cuestiones importantes: ¿qué imagen acabará representando las protestas y quién decide lo que vemos?

Las manifestaciones en Francia comenzaron con estudiantes que protestaban por el deterioro de las condiciones escolares, incluida la falta de personal y el mal estado de los edificios. Pero rápidamente se entrecruzaron con un descontento más generalizado por el coste de la vida y los servicios públicos.

Los disturbios también formaron parte de un movimiento europeo más amplio. Ese mismo fin de semana, la gente salió a las calles en España, Italia, Bélgica, Portugal y Albania. Las reivindicaciones incluyen los bajos salarios, el aumento de los precios de la energía y la vivienda inasequible, cada una dentro de su propio contexto nacional.

Se trataba de movilizaciones independientes, no de un único movimiento coordinado. Sin embargo, revelan cómo se representan las diferentes luchas en una época en la que todo –también un movimiento de protesta masiva– puede hacerse viral.

¿Una manifestación o un disturbio?

La batalla por el significado comienza con el lenguaje.

El 19 de octubre, la Comisión Europea condenó los saqueos como “inaceptables”, al tiempo que subrayó que deben protegerse las protestas pacíficas.

En el Parlamento Europeo, el Partido Popular Europeo, de centro-derecha, respaldado por los Conservadores y Reformistas Europeos, ha calificado los disturbios como una amenaza ideológica, proponiendo un debate titulado “Francia, Italia y Bélgica: Últimos actos de violencia antidemocrática por parte de grupos radicales de extrema izquierda”.

Estas intervenciones reflejan una discusión más amplia sobre si las manifestaciones deben entenderse principalmente como expresiones de descontento social o como amenazas al orden público. Los líderes políticos de toda Europa han tratado de impulsar este debate.

En Francia e Italia, Emmanuel Macron y Giorgia Meloni han distinguido entre el derecho de la ciudadanía a manifestarse y los delincuentes violentos.

Sin embargo, otros políticos, como la líder de la extrema derecha francesa Marine Le Pen, han culpado a la extrema izquierda y a los inmigrantes. En España, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso ha señalado a la “izquierda antidemocrática”, mientras que el primer ministro socialista de Albania, Edi Rama, describió a los manifestantes como radicalizados por el movimiento “antifa”.

Una gran multitud llena el bulevar que conduce a la Place de la République; el Monumento a la República está envuelto en gas lacrimógeno.
El 17 de octubre, los manifestantes se concentraron en torno a la Place de la République, en París, en medio del gas lacrimógeno. Se incendiaron coches y bicicletas de alquiler en el Boulevard Voltaire.
Jorge Jaramillo/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El nombre que damos a estas concentraciones –manifestación, disturbio, protesta– tiene gran importancia, ya que determina la percepción pública y política de lo que se considera legítimo en las sociedades democráticas. Esto, a su vez, determina qué tipo de respuesta –en particular, qué nivel de violencia y represión– aceptará la población a la hora de abordarlas.

Las protestas disruptivas suelen presentarse de forma negativa tanto en el discurso político como en los medios de comunicación dominantes, independientemente de la postura política del medio. Esto ocurre al vincular la protesta con la violencia, el extremismo ideológico y las amenazas a la legitimidad democrática, desacreditando así a los manifestantes y sus reivindicaciones.

Esto significa que la violencia aislada puede llegar a representar a toda una manifestación o movimiento. El 17 de octubre, más de medio millón de manifestantes salieron a las calles de toda Francia, pero estas manifestaciones históricas y pacíficas han quedado completamente eclipsadas por la cobertura mediática de los saqueos que se produjeron a continuación.




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Símbolos de protesta de la Generación Z

En la Place de la République, la Orchestre du Nouveau Monde reunió a cientos de músicos para interpretar piezas populares y conocidas, como el himno antifascista “Bella Ciao”, junto con canciones de las películas Los Vengadores y Los Juegos del Hambre.

El concierto, por supuesto, no hizo desaparecer el conflicto. Lo que ofreció fue otra forma de verlo: no simplemente como un enfrentamiento entre la policía y multitudes alborotadoras, sino como una actuación colectiva de resistencia.

Los símbolos culturales de la Generación Z también han desempeñado un papel clave a la hora de generar espectáculos virales. En Francia, los estudiantes han aparecido disfrazados de Batman, Chucky y varios personajes de anime. La gente ha protestado disfrazada del meme de internet Pepe the Frog (la rana Pepe en español) o enarbolando la bandera pirata del manga One Piece, vinculando así las manifestaciones europeas con los símbolos de las protestas globales de la Generación Z, desde Portland hasta Katmandú.




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Algunos estudiantes que participaron en las protestas del 17 de octubre declararon a Le Monde que “no tiene sentido enfadarse, así que más vale hacerlo con una sonrisa”. Y ahí está precisamente la clave: tanto los memes como el espectáculo pueden poner en primer plano la alegría, el humor y la diversión, haciendo visibles las reivindicaciones en los propios términos de los manifestantes y generando imágenes virales que compiten con la cobertura mediática negativa.

El incendio de Limoges y la orquesta de París no son verdades contrapuestas, y ninguna de ellas debería anular a la otra. Lo que estos acontecimientos tienen en común es el encuadre de las protestas como espectáculos virales, escenificados para las cámaras, las plataformas digitales y un público lejano.

Un edificio en llamas y un concierto multitudinario son fáciles de captar con la cámara, mientras que las luchas por la vivienda, el coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos no lo son. Por lo tanto, comprender la protesta significa mirar más allá de la imagen que llega más lejos, más rápido y con mayor facilidad. Significa preguntarse quién las ha seleccionado y a quién benefician cuando se vuelven virales.

The Conversation

Sara García Santamaría es investigadora principal del proyecto VIBE-POL, financiado por la Generalitat Valenciana, con el número de referencia CIGE/2026/271.

– ref. Los estudiantes franceses nos muestran cómo son las protestas en la era del espectáculo viral – https://theconversation.com/los-estudiantes-franceses-nos-muestran-como-son-las-protestas-en-la-era-del-espectaculo-viral-294962

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