Post

El espíritu de la Gran Marcha trasciende el tiempo reconstruyendo a la gran China de hoy

El espíritu de la Gran Marcha trasciende el tiempo reconstruyendo a la gran China de hoy

Source: People’s Republic of China – State Council News in Spanish

Por Jorge Fernández

A los chinos de hoy les corresponde hacerse inmortales y ser recordados por las herencias patrimoniales que hoy construyen, las cuales legarán a las próximas generaciones para que gocen de una vida mejor.

Por estas fechas, personas en toda China, desde ciudadanos de a pie hasta organizaciones de alto calado, rinden homenaje a los héroes que hicieron historia en la Gran Marcha. El épico recorrido hecho por el Ejército Rojo registró bajas por miles y, a pesar de que solo una parte dio testimonio de la conclusión victoriosa, sentó un pilar sobre el que descansó la fundación de la Nueva China en 1949 y un extendido cimiento sobre el que hoy se apoya la revitalización nacional. Lejos de ser una victoria pírrica o temporal, su significado ha trascendido el tiempo y las dimensiones geográficas. Aún hoy, 90 años después, los chinos evocan sus historias y, al candor de charlas en las que rememoran aquellas gestas, no solo difunden epopeyas sino que también hacen de ellas fuentes memorables de inspiración para generaciones futuras.

“Debemos basarnos en el pasado, preparar nuestras mochilas y salir de nuevo”, dijo en 2019 el presidente chino Xi Jinping, según recuerdan aldeanos del distrito de Yudu, en la provincia de Jiangxi. Ahí, hace 90 años, comenzó todo: un recorrido, a las orillas del río Yudu, donde 86 mil soldados partieron y solo un diezmado ejército atestiguó la conclusión victoriosa. Y ahí mismo regresó el jefe de Estado en la primavera de 2019, para dejar en claro a aquellos pobladores, y a toda la nación china, el pensamiento que alberga en el fondo de su corazón: “que la gente de todo el país sepa que el Partido no ha olvidado su aspiración original”. Este año, cuando todo el país rinde honores a aquellos héroes que forjaron el alma de la nación, Xi Jinping habló el 22 de octubre del significado de aquel triunfo que China alcanzó con la sangre y el sacrificio de sus hijos.

Ante una nación y el mundo, a la espera de escuchar a su presidente hablar de la “nueva Gran Marcha”, Xi Jinping pidió guardar un minuto de silencio. La quietud estrechó la mente de los presentes en el Gran Palacio del Pueblo, en Beijing, quienes de forma fugaz recrearon imágenes de aquellos soldados, esa silenciosa mayoría anónima que dio todo de sí, incluidas sus vidas, por el sueño aún lejano de erigir una patria. Su victoria la disfruta hoy el mundo, sobre todos los chinos, con la vida que llevan cada día que pasa. El presidente hizo explícito con una frase el pensamiento que en un minuto retumbó en la mente de toda la nación: “Solo recordando la historia podemos crear un futuro más brillante”.

China ha reiterado en sus campañas por generar bienestar entre su gente, incluida la lucha contra la pobreza extrema, que no se dejará a nadie atrás. Y literal, no deja atrás ni en el olvido a sus héroes muertos, porque la firme convicción que acompañó los corazones de aquellos soldados es la sustancia y el alimento que enciende el patriotismo de los chinos de hoy. China emprende hoy una “nueva Gran Marcha”, bajo condiciones distintas a las de aquellos años, pero aún con retos y peligros sobre el país. El Partido Comunista de China (PCCh), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el país en su conjunto avanzan junto con el pueblo chino, sorteando esos obstáculos, convencidos de que la revitalización nacional es una tendencia imparable en la nueva era.

China no ha cejado en los ideales iniciales y en el camino rumbo a la construcción y fortalecimiento del Estado socialista, se desarrolla, se moderniza y se reinventa frente a los retos que saltan por el camino. La fuerza del Ejército Rojo durante la Gran Marcha es hoy, al igual que en aquellos años, la llama que mantiene los ideales y creencias para hacer de China un gran país. Para el dirigente chino, el camino de hoy es la continuación del recorrido hecho hace 90 años. Y en esta nueva expedición, bajo los ideales del líder chino, “ahora estamos comprometidos a lograr el objetivo del segundo centenario de convertir a China en un gran país socialista moderno en todos los aspectos y avanzar en la revitalización de la nación china en todos los frentes a través de un camino chino hacia la modernización”.

Las palabras que el jefe de Estado pronunció en el marco del 90º aniversario más que ideas fugaces, son anclajes sobre los que se afianza —con plena convicción de lo que se está haciendo es lo correcto—, una nueva etapa de la construcción de una China bella, moderna y próspera. En este nuevo capítulo, apenas queda con vida un puñado de aquellos que emprendieron a pie la Gran Marcha. Pero los herederos de aquellos que sacrificaron sus vidas, se cuentan por millones, 1.400 para ser exactos. Ellos son los interlocutores de Xi Jinping, quien los convoca a mantenerse unidos, a llevar consigo y en todo momento los ideales de aquellos mártires anónimos que por aquellos años anhelaban fundar un nuevo país; quien les pide vivir con la convicción de que el PCCh alberga como propósito su bienestar; y quien los conmina a luchar por la revitalización nacional y la construcción del socialismo con peculiaridades chinas en la nueva era.

El acto para conmemorar el 90º aniversario de la victoria de la Gran Marcha del Ejército Rojo es un homenaje efímero, pero de gran significado y trascendencia en la vida nacional. Recuerda al pueblo que las delicias de hoy no cayeron del cielo por azar, que costaron lágrimas, sudor y sangre, y que son la herencia de los padres fundadores. Hace reflexionar a las nuevas generaciones que ellos se han convertido en lo que son gracias al legado de sus predecesores, gracias a la dirección del Partido. A los chinos de hoy les corresponde hacerse inmortales y ser recordados por las herencias patrimoniales que hoy construyen, las cuales legarán a las próximas generaciones para que gocen de una vida mejor. La generosidad de los chinos por sus hijos, el sacrificio de los padres por sus retoños, es la poderosa fuerza espiritual que no deja de nutrir ni de hacer grande a la China de hoy, mejor que la de ayer y solo superada por la China del mañana.

El autor es experto en relaciones internacionales y analista político. Cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito del periodismo y el análisis de la actualidad internacional.

MIL OSI