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La campaña importa: ¿cómo adelantó Lula a Bolsonaro en la recta final de las elecciones presidenciales?

La campaña importa: ¿cómo adelantó Lula a Bolsonaro en la recta final de las elecciones presidenciales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Beatriz Fernández, Profesora de Comunicación Política en el IESA y la UNAV, Universidad de Navarra

Un simpatizante lleva una bandera con la imagen de Lula durante un mitin de campaña en Porto Alegre el pasado 19 de octubre. cabuscaa/Shutterstock

La suerte parecía echada después de la primera vuelta brasileña. Flávio Bolsonaro había quedado por delante de Luiz Inácio Lula da Silva, con el 47,03 % de los votos válidos frente al 45,16 % del presidente. La ventaja era estrecha, pero suficiente para alimentar una expectativa: el impulso electoral del candidato de la derecha podría consolidarse en el balotaje (segunda vuelta), especialmente porque parecía atraer a una parte sustancial de los votantes de las candidaturas eliminadas.

Pero sucedió otra cosa. El 25 de octubre, solo tres semanas después de la primera vuelta, Lula fue reelecto con 64,26 millones de votos, el 51,79 % de los sufragios válidos, frente a los 59,83 millones y el 48,21 % de Flávio Bolsonaro.

Una diferencia de aproximadamente 4,43 millones de votos en un país de dimensiones continentales. Se invirtió la ventaja que había dejado la primera vuelta. Los resultados oficiales lo dimensionan: Lula sumó más de diez millones de votos respecto de la primera ronda; su adversario, alrededor de 3,7 millones.

Por qué importan las campañas

¿Qué ocurrió durante esas tres semanas? ¿Qué hizo bien Lula o qué hizo mal Bolsonaro para que una elección que parecía cantada terminara reeligiendo al presidente? La respuesta replantea una pregunta esencial: ¿cuánto pueden cambiar las campañas un resultado electoral?

La respuesta breve es que las campañas importan, aunque no siempre lo hacen del mismo modo, ni con la misma intensidad, ni para todos los electores. Brasil ofrece una oportunidad particularmente interesante para examinar cómo interactúan las condiciones estructurales de una elección con la estrategia, la movilización y la capacidad de disputar el significado de los acontecimientos.

Una parte de la literatura sobre comportamiento electoral pone el acento en los factores relativamente estables que condicionan el voto: identificación partidista, evaluación de la economía, características sociales de los electores y aprobación de los gobiernos. Desde esa perspectiva, los factores estructurales pesarían más que la coyuntura electoral.

En su revisión How Do Campaigns Matter?, Gary C. Jacobson concluye que las campañas producen efectos relevantes. La cuestión es cuándo, cómo, para quiénes y a través de qué mecanismos. Una campaña puede persuadir a electores indecisos, modificar los criterios con los que evalúan a los candidatos, activar predisposiciones que permanecían latentes o movilizar a personas que, sin un estímulo adicional, habrían preferido abstenerse.

Brasil permite observar esa lógica en una elección a gran escala. El porcentaje de participación pasó de aproximadamente el 78,9 % en la primera vuelta al 80,8 % en la segunda.

El milagro de la movilización digital

Le pregunté a mi colega Carlos Fara, quien fuera presidente de la International Association of Political Consultants, qué había hecho Lula tan bien o Flávio Bolsonaro tan mal durante las tres semanas que separaron ambas votaciones. Su respuesta apuntaba a varias dimensiones: más participación, la capacidad de agitar el temor a una victoria de Bolsonaro, anuncios de fuerte atractivo electoral, movimientos hacia el centro. “La campaña cuenta, sobre todo en la última milla”.

Y, por supuesto, un factor imposible de subestimar: “Es Lula”. Un dirigente con décadas de experiencia, una marca política reconocible y una capacidad de conexión con amplios sectores de la sociedad brasileña.

Rafael Rubio, colega investigador y observador electoral en estos comicios, pone el foco en otro elemento: el canal de WhatsApp de la campaña de Lula. Su capacidad para reunir y organizar a millones de personas ha resultado especialmente llamativa.

El protagonista de esa operación fue André Janones, diputado federal y uno de los principales artífices de la movilización digital de Lula. Su Exército do Lula reunió a 10,8 millones de seguidores en WhatsApp durante la recta final. Janones buscaba superar la depresión colectiva de los partidarios tras la derrota en primera vuelta y construyó una “milicia virtual” en apenas tres semanas.

La relevancia del caso no reside simplemente en la cifra de seguidores. Tener una audiencia no equivale a movilizarla. La diferencia está en la capacidad de transformar una comunidad dispersa en una red que distribuye contenidos, reproduce argumentos y mantiene activa la participación cuando la campaña entra en su fase más exigente.

WhatsApp, además, facilita la circulación de mensajes entre contactos y grupos, y permite que los contenidos lleguen a espacios de confianza interpersonal. La comunicación deja de depender exclusivamente de la exposición pública del candidato y se desplaza hacia redes donde los propios ciudadanos actúan como intermediarios.

La última milla electoral no se gana únicamente hablando con los votantes, sino organizando a quienes están dispuestos a hablar con terceros y no-votantes.

Cuando el debate se convierte en un meme

La campaña también se juega en episodios que, en apariencia, duran apenas unos segundos. En el primer debate televisivo del balotaje, Flávio Bolsonaro decidió escribir “corrupto” en la palma de su mano para señalar a Lula. La maniobra pretendía reforzar una acusación conocida y activar un marco interpretativo desfavorable al presidente. Sin embargo, el gesto terminó convertido en material de parodia, impulsado desde el comando de Lula, y circuló ampliamente en redes sociales. Muchos ciudadanos subieron a las redes una foto mostrando su profesión escrita en la mano. El recurso se volvió en contra de su autor, como un predecible bumerán.

El episodio hace una advertencia: la viralidad no equivale a la persuasión. Un meme puede ampliar la visibilidad de un mensaje, reforzar a los convencidos o ridiculizar al adversario sin modificar la preferencia de ningún elector. Su importancia se entiende mejor cuando se analiza dentro del conjunto de la campaña y no como una explicación autosuficiente del resultado.

“Nueve dedos” y encuadre

Otro incidente importante ocurrió en el segundo debate, apenas a horas del balotaje. Bolsonaro se refirió a Lula como “nueve dedos” (en alusión al meñique que perdió Lula en un accidente laboral a los 17 años), y le costó muy caro. Lula agarró al vuelo la oportunidad y dio la vuelta a ese comentario.

Ambos episodios son ejemplos de framing (teoría del encuadre), pero también de los límites del control estratégico sobre el mensaje. En comunicación política, el significado no siempre pertenece a quien emite el mensaje. Depende de la interpretación de las audiencias, de los códigos culturales disponibles y de la capacidad y rapidez de los adversarios para apropiarse de una escena y resignificarla.

La desinformación desde la óptica de la influencia

En Brasil, la competencia no se desarrolló en un espacio informativo neutral. La desinformación, los contenidos manipulados y las controversias sobre la distribución algorítmica de publicaciones formaron parte del entorno electoral. El portal de verificación Newtral documentó la circulación de bulos sobre los candidatos y el proceso electoral. Pese a la obvia ventaja competitiva que el comando de Lula supo articular a traves del WhatsApp, Lula acosó a Meta por supuestas restricciones en la distribución de sus contenidos, que la empresa rechazó.

El ecosistema informativo se ha convertido en parte de la arquitectura de la competencia política. Las plataformas no sustituyen a los votantes, pero sí participan en las condiciones bajo las cuales estos reciben información, reconocen temas y evalúan alternativas.

La última milla puede decidirlo todo

Existe la tentación de atribuir el vuelco electoral a una puntual acción brillante: un debate, un vídeo, un mensaje viral o una operación de movilización. Es una forma atractiva de narrar la política porque ofrece un protagonista, una secuencia y un desenlace. Pero la causalidad electoral suele ser menos lineal.

Lula llegó a la segunda vuelta con activos que ninguna campaña improvisa en tres semanas: una trayectoria política desgastada pero excepcional, un conocimiento importante de la comunicación política, y una base electoral consolidada. La campaña no inventó de la nada esos recursos. Los activó, conectó con nuevas audiencias y les dio un reempaque adecuado a las circunstancias.

La campaña importa precisamente porque opera dentro de esas condiciones de partida. Puede alterar la participación, cambiar el peso relativo de los temas, producir efectos de encuadre y facilitar la coordinación de los simpatizantes.
La victoria de Lula no demuestra que la movilización digital sea una fórmula mágica replicable en cualquier país: demuestra que incluso cuando las preferencias parecen relativamente consolidadas, el resultado sigue dependiendo de cómo se organizan, se expresan y se movilizan en el tiempo limitado de una campaña. Por eso también importa tanto la última milla…

The Conversation

Carmen Beatriz Fernández consultora política en DatastrategIA. No trabajó en la campaña brasileña como consultora.

– ref. La campaña importa: ¿cómo adelantó Lula a Bolsonaro en la recta final de las elecciones presidenciales? – https://theconversation.com/la-campana-importa-como-adelanto-lula-a-bolsonaro-en-la-recta-final-de-las-elecciones-presidenciales-294303

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