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Baloncesto en silla de ruedas: cómo puede ayudar la ciencia a quienes entrenan sentados

Baloncesto en silla de ruedas: cómo puede ayudar la ciencia a quienes entrenan sentados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Isabel Buceta Toro, Vicedecana Grado Nutrición Humana y Dietética, Universidad Pontificia de Salamanca

arnaldo moreno/Shutterstock

Cuando hablamos de igualdad en el deporte, solemos pensar en recursos, visibilidad mediática o apoyo institucional. Sin embargo, existe un factor menos visible y a menudo olvidado: la falta de evidencia científica específica en el deporte adaptado. Esta carencia no solo limita el rendimiento deportivo, sino que también perpetúa desigualdades en el acceso a una preparación adecuada, segura y basada en el conocimiento.

Un ejemplo claro lo encontramos en el baloncesto en silla de ruedas, una de las modalidades de deporte adaptado más profesionalizadas y con mayor desarrollo competitivo. A pesar de ello, gran parte de los métodos de evaluación física y planificación del entrenamiento que se utilizan siguen basándose en modelos diseñados para deportistas sin discapacidad. Esto plantea una pregunta clave: ¿podemos hablar de igualdad real cuando la ciencia deportiva no tiene en cuenta las particularidades de estos atletas?

Recientemente, investigadores de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Universidad de Alicante hemos publicado los resultados de un estudio que aporta nuevas evidencias sobre la aplicación de la cineantropometría –la disciplina que estudia la forma, proporción y composición corporal– en jugadores y jugadoras de baloncesto en silla de ruedas de alto nivel. El trabajo pone de manifiesto la necesidad urgente de desarrollar referencias específicas para el deporte adaptado.

La importancia de la talla sentada y la masa libre de grasa

El estudio muestra que el cuerpo de los jugadores de baloncesto en silla de ruedas no es igual en todos los casos, y que estas diferencias están relacionadas, en parte, con el grado de funcionalidad de cada deportista.

Los jugadores con mayor capacidad funcional tienden a presentar una mayor masa corporal y una mayor cantidad de músculo y otros tejidos no grasos, mientras que estas cifras son menores entre quienes tienen una afectación funcional más elevada. Además, las mujeres presentan, de media, una mayor proporción de grasa corporal que los hombres.

¿Y qué implica todo esto? Que no basta con utilizar los mismos valores de referencia para todos los jugadores. Para evaluar si la composición corporal de un deportista está dentro de lo esperable, es necesario tener en cuenta sus características funcionales. Por eso, uno de los resultados más importantes del estudio ha sido elaborar unas tablas de referencia específicas para estos deportistas.

Estas tablas permiten comparar a cada jugador con otros deportistas que tienen un nivel de funcionalidad similar. Así, los profesionales pueden interpretar mejor los cambios en su composición corporal a lo largo del tiempo, adaptar el entrenamiento y detectar características que pueden ser relevantes para el rendimiento.

También pueden contribuir a identificar talento deportivo de una manera más ajustada a las particularidades del baloncesto en silla de ruedas.

En definitiva, contar con referencias específicas ayuda a evitar que los deportistas con discapacidad sean evaluados utilizando estándares pensados para personas con características funcionales diferentes. Se trata de disponer de una herramienta que tenga en cuenta cómo es realmente el cuerpo de quienes practican este deporte al más alto nivel.

Medidas de grasa y masa muscular

El estudio también pone de relieve una limitación importante: muchas de las fórmulas utilizadas para estimar la grasa y la masa muscular se desarrollaron a partir de deportistas sin discapacidad. Estas fórmulas combinan medidas como el peso, la talla o los pliegues cutáneos, pero pueden ser menos precisas cuando se aplican a personas con discapacidad física, cuyas características y distribución de la masa muscular y grasa pueden ser diferentes.

La alternativa es utilizar referencias específicas para estos deportistas, que permitan evaluar su composición corporal teniendo en cuenta sus características funcionales y no comparándola con valores que no reflejan adecuadamente su realidad.

Poca investigación en el deporte adaptado

La falta de evidencia científica específica no es exclusiva del baloncesto en silla de ruedas. Se repite en numerosas disciplinas del deporte adaptado, donde la investigación sigue siendo escasa, fragmentada o inexistente. Como consecuencia, los equipos técnicos disponen de menos herramientas basadas en la evidencia, los deportistas reciben intervenciones menos ajustadas y la brecha entre el deporte convencional y el adaptado se mantiene.

Si utilizásemos la cineantropometría aplicada desde un punto de vista inclusivo se podría optimizar el rendimiento deportivo, reducir el riesgo de lesiones y personalizar tanto el entrenamiento como la nutrición. Pero para que esto sea posible, es imprescindible invertir en investigación adaptada a las características reales de estos deportistas. Sin esa investigación específica, creamos una barrera estructural que limita el desarrollo deportivo, condiciona la toma de decisiones profesionales y perpetúa desigualdades invisibles.

Hablar de igualdad en el deporte adaptado implica ir más allá del discurso y reconocer también el derecho a una ciencia deportiva de calidad. La realización de este tipo de estudios y su transferencia a la sociedad son posibles gracias al respaldo del Plan de Apoyo a la Investigación 2025-2026 de la Sociedad Internacional para el Avance de la Cineantropometría (ISAK) y a las subvenciones para Grupos de Investigación Emergentes (GE2026) del Programa para la promoción de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación de la Comunitat Valenciana (Conselleria de Educación, Cultura y Universidades). Garantizar este apoyo continuado es el único camino para seguir cerrando brechas y haciendo avanzar el deporte inclusivo.

The Conversation

María Isabel Buceta Toro recibe fondos de Fundación ONCE.

José Miguel Martínez Sanz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Baloncesto en silla de ruedas: cómo puede ayudar la ciencia a quienes entrenan sentados – https://theconversation.com/baloncesto-en-silla-de-ruedas-como-puede-ayudar-la-ciencia-a-quienes-entrenan-sentados-274881

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