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Cuando Anne Carson recorrió (y describió) el Camino de Santiago

Cuando Anne Carson recorrió (y describió) el Camino de Santiago

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen García Navarro, Profesora Titular de Universidad (Filología Inglesa), Universidad de Almería

Peregrinos en el Camino de Santiago. Formatoriginal/Shutterstock

Dice la poeta, ensayista, profesora y traductora Anne Carson (Toronto, 1950) –ahora también Premio Nobel de Literatura– que en el último disco de Rosalía, Lux, están presentes Cristo, el sacrificio y la redención.

También dice que sus conciertos –como el de Chicago, al cual asistió– serían el destino de un público entregado a un ritual no exento de mística. Música, letra, danza e imagen (en vivo y en vídeo) forman un todo donde se mezclan admiración, fervor y júbilo.

A Carson y a su acompañante les llevó un día entero llegar al lugar del concierto, como dos peregrinos enfocados en alcanzar su destino. Ella sabe de lo que habla: en Tipos de agua relató, en forma de diario, su experiencia del Camino de Santiago en 1983.

Sanar el dolor

Portada del libro de Anne Carson 'Tipos de agua'.

Vaso roto Ediciones

En este caso, no estamos ante otros trabajos de Carson en los que reescribe algunos textos clásicos. El relato refleja su búsqueda del sentido del dolor por distintas pérdidas vitales para ella (su hermano, su padre, un amante, el mismo Dios, como dice Carson). Ante esta necesidad, la escritora se pone en marcha: deja atrás un océano y dos continentes y en Saint-Jean-Pied-de-Port (Francia) inicia su Camino con la vista puesta en Santiago y, más tarde, en Fisterra. Hace el recorrido con otra persona, a quien llama “mi Cid”, figura decisiva durante el trayecto, ante la que no ocultará la fragilidad o el cansancio.

La peregrina necesita mantener una llama encendida hasta llegar a la ciudad de las mil campanas. Al leerla es también posible recordar el poema “Na Catedral” de Rosalía de Castro, dedicado al Pórtico da Gloria y publicado en su libro Follas Novas. Para Carson, Santiago es su punto de pensamiento hasta llegar al mar.

Para mitigar esa sed que tiene de conocimiento del sentido del dolor necesita ir hacia el agua, presente a lo largo del Camino en arroyos, ruido de grifos en los albergues, ríos y sus puentes, y en el océano a la llegada a Fisterra. El encuentro con ella la acerca a las posibilidades de transformación que vivirá durante su recorrido por el Camino Francés.

Carson escribe su diario sobre el Camino para el presente, aunque su duelo tiene su origen en una “herida entre nosotros y Dios”. Es un lamento que se traslada a la escritura, impregnada de preguntas sobre el amor, la culpa y la expiación. ¿Encontrará luz para ver más allá de lo evidente (esfuerzo físico, piedras en los senderos)?

El diario es guardián del recuerdo y testigo de los hechos que acontecen durante el caminar. Por eso la perspectiva no solo es doliente, pues registra sus impresiones –expresadas a menudo con matices líricos– como una sucesión de días y noches, con vivencias que forman un todo. Lo que Carson contempla y oye se refleja en el diario. Cada detalle da forma y significado a lo que se vive, como el sonido de la lluvia durante la noche, el frío a la salida de Burgos, la subida a la aldea de O Cebreiro –en la provincia de Lugo–.

Gente y compañía

Cada entrada del diario está encabezada por una cita de distintos poetas japoneses, como Basho o Zeami, entre otros. Encontramos también a Antonio Machado en dos ocasiones. Acompañan al texto matices poéticos, de erudición y, por momentos, una ligera ironía.

El diario es privado y también documento público. Sus páginas encierran una continuidad, nos hacen sentir que caminamos junto a Carson y su “Cid”. Asistimos a una experiencia que acontece en cada página. Es repetición necesaria para llegar a la última etapa: un día tras otro los pasos acercan el destino.

Mientras, se viven encuentros con otras personas, surgen espacios de silencio entre la peregrina y su acompañante. Apenas hay dulzura entre ellos. No en vano, Carson se compara a sí misma y a su “Cid” con seres que se fuerzan el uno a la otra a avanzar, enfrentándose, ya en tierras de León, al agotamiento, “dos pequeños animales atrapados aullando hacia Finisterre”.

Esto también es Camino

El Camino también proporciona oportunidades para abrirse al momento en el que transcurre el relato.

Carson reflexiona que todo cuanto ve y experimenta conduce hasta Eros, criatura poco manejable, presencia constante, según dice, en todas las formas de amor en los distintos órdenes de la vida. Por ello, lo vivido hasta ahora en el Camino da paso a otras maneras de leer algunas zonas dolorosas de la experiencia humana, abriéndose así a nuevas miradas y significados.

Eros se hace presente en los momentos más inesperados, como cuando una noche la peregrina oye a una mujer “gritar, suavemente” en el dormitorio de un albergue. La narradora siente que debe tomar partido por esa persona que llora en el espacio compartido. Así, comienza a recitar la letra de una canción de la guerra civil española que su madre le cantaba cuando Carson era niña:

“conforme pasan las horas, Miguel, amor mío,

te quiero más y más:

¿Es esa la razón por la que Miguel, amor mío,

no estás aquí?”.

El llanto cesa. La mediación ha venido con el reconocimiento del pesar de la otra persona. Eso también es Camino, expresa Carson, “tu amargura sana mi corazón”.

Como indica la escritora, el trayecto es una milenaria escuela de itinerancia, permite la legitimación de la tristeza íntima, pero también derriba la desconfianza, invitándonos a aligerarnos del peso de lo inservible.


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The Conversation

Carmen García Navarro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuando Anne Carson recorrió (y describió) el Camino de Santiago – https://theconversation.com/cuando-anne-carson-recorrio-y-describio-el-camino-de-santiago-294725

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