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Animales que no necesitan gafas

Animales que no necesitan gafas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rick Visser, Profesor de Fisiología Animal, Universidad de Málaga

Primer plano de un halcón peregrino. Adriaan Westra / Pexels. , CC BY-SA

Posiblemente uno de los sentidos que más fascinación nos produzca sea el de la vista. Los fotones provenientes del exterior entran en nuestros ojos a través de la pupila y, conducidos por un sofisticado sistema de lentes, chocan con la retina, que tapiza el fondo del ojo. En ella, se localizan unas células especiales, fotorreceptoras, capaces de generar minúsculas señales eléctricas cuando son estimuladas por esos fotones.

Todas estas corrientes individuales se transmiten de unas células a otras para llevarlas hasta la corteza cerebral, que interpreta la información y genera la imagen que nosotros percibimos. Es decir, aquello que “vemos” no es necesariamente la realidad que nos rodea, sino la interpretación que hace nuestro cerebro de ella.

Sabemos cómo es la calidad de nuestra visión humana (con sus lógicas variaciones entre individuos), pero ¿cómo es comparada con la del resto de nuestros compañeros del reino animal?

Las comparaciones son odiosas

Al ser la imagen que vemos una mera interpretación, realmente no podemos saber con exactitud cómo ven el resto de los animales. En la calidad y cualidades de la imagen, influyen la disposición, estructura y fisiología de los ojos, así como la complejidad del sistema nervioso. Por tanto, solo podemos hacer suposiciones de cómo se compara la visión de un determinado animal con la nuestra, atendiendo a la sofisticación de sus ojos y de su sistema nervioso, así como a determinadas pruebas funcionales.

Además, antes de querer coronar a un animal como el que mejor visión tiene, debemos preguntarnos qué entendemos por “ver mejor”. ¿Ve mejor el que posee mejor resolución visual? ¿El que puede diferenciar mayor gama de colores? ¿El que mejor distingue objetos en la oscuridad? Todo dependerá de cuáles sean las necesidades particulares de cada uno en el entorno en el que habita.

Las rapaces, reinas de la agudeza visual

En general, las aves nos ganan a los humanos en esto de la vista. Frente a los cuatro tipos básicos de células fotorreceptoras implicadas en la visión que posee el ojo humano (los bastones, encargados de detectar solo la intensidad lumínica, y tres tipos de conos, que diferencian la información de los colores), la mayoría de las aves poseen seis tipos de células sensibles a la luz en sus retinas, incluyendo cuatro tipos de conos. Así, mientras el cerebro humano debe generar toda su gama conocida de colores a partir de la intensidad de luz roja, verde y azul que detectamos, las aves suman también la información de la luz ultravioleta.

Pero, incluso dentro de las aves, hay categorías. Las rapaces diurnas (Falconiformes) son consideradas los animales con la mayor agudeza y resolución visual. Se cree que el halcón peregrino (Falco peregrinus) puede diferenciar detalles finos de objetos distantes con el doble de precisión que los humanos. Esto es fundamental para permitirles localizar a sus presas (pequeños roedores, anfibios y reptiles) mientras sobrevuelan los campos a gran altura.

Este prodigio de la agudeza visual se basa en una serie de adaptaciones tanto estructurales como neuronales. Estas aves poseen ojos muy grandes en relación con su cuerpo, ligeramente achatados y con un cristalino muy eficaz. Además, la densidad de células fotorreceptoras en sus retinas es sensiblemente mayor que en los humanos, especialmente en la fóvea (la región de la retina con mayor agudeza visual, que corresponde con aquel punto en el que “fijamos la vista”). De hecho, al contrario que nosotros, que poseemos solo una, las rapaces diurnas poseen dos fóveas, lo que les permite seguir presas en movimiento con nitidez.

Un mundo de colores: el camarón mantis

Si nos olvidamos de la agudeza visual y nos centramos en los colores, debemos fijarnos en el camarón mantis (Haptosquilla trispinosa). Este fascinante crustáceo marino no solo es tremendamente colorido por sí mismo, sino que posee la mayor variedad de fotorreceptores sensibles al color en sus ojos compuestos (12 y, en algunas especies, hasta 16). Gracias a esta variedad de células fotorreceptoras, no solo pueden detectar la luz visible, sino también luz ultravioleta y luz polarizada.

Seguramente, un camarón mantis no pueda ver sus propios colores.
William Warby / Pexels., CC BY-SA

Ya que nuestro cerebro debe elaborar toda la gama de colores que percibimos a partir de la proporción de información recibida de nuestros tres tipos de conos, podríamos pensar que un animal que posee tal despliegue de estas células debe ser capaz de percibir una cantidad inconmensurable de colores. Sin embargo, en pruebas específicas de reconocimiento de colores, el camarón mantis no supera a los humanos. Esto evidencia que no solo es importante la estructura y composición de los ojos, sino también el procesado de la información que sea capaz de llevar a cabo el cerebro del animal.

La vida en oscuridad: depredadores nocturnos

Otros animales no se caracterizan por su gran agudeza visual, pero nos ganan con creces en condiciones de oscuridad. Los depredadores nocturnos y crepusculares, como las rapaces nocturnas (Estrigiformes) o ciertos felinos, poseen adaptaciones que les permiten ver bien en condiciones de luz escasa, a costa de perder nitidez y percepción del color.

El tapetum lucidum, la estructura que hace brillar los ojos de este gato.
Wikimedia Commons., CC BY-SA

Para ello, suelen presentar ojos grandes en proporción a su cuerpo, pupilas con gran capacidad de dilatación y un aumento significativo de fotorreceptores tipo bastón frente a los de tipo cono.

Además, bastantes animales nocturnos han desarrollado una estructura reflectante, llamada tapetum lucidum, detrás de la retina. Esta permite que los fotones que hayan conseguido atravesar la retina sin incidir sobre ningún fotorreceptor reboten y tengan una segunda oportunidad de alcanzar a uno, esta vez desde el fondo del ojo. Parte de estos fotones rebotados podrán volver a salir por la pupila y son la razón de que, en la oscuridad, los ojos de estos animales parezcan irradiar luz –provocando más de un susto a algún caminante nocturno desprevenido–.

¿Quién ve mejor?

Hay muchos otros ejemplos de animales que, por adaptación a sus hábitats y modos de vida, poseen características únicas de visión. Esta enorme diversidad, junto al hecho de que no podemos saber nunca a ciencia cierta qué o cómo ven los animales, implica que es imposible establecer un ranking absoluto. Eso sí, la próxima vez que mire a un animal, recuerde: puede que él le vea mejor.

The Conversation

Rick Visser no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Animales que no necesitan gafas – https://theconversation.com/animales-que-no-necesitan-gafas-280941

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