Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Hurtado Barroso, Profesora lectora, Departamento de Ciencias Biomédicas, Universitat Internacional de Catalunya
Cada día hacemos nuestras rutinas de skincare (autocuidado de la piel), bebemos agua embotellada y, a menudo, comemos alimentos envasados. Además, cocinamos con sartenes antiadherentes para evitar que la comida se pegue y regresamos de la compra en nuestro coche, generando emisiones contaminantes y cargados con varias bolsas de plástico en el maletero. Quienes reciclan pueden dar fe de que el contenedor habilitado para ese material omnipresente se llena mucho más rápido que el de resto de residuos.
Rodeados de disruptores endocrinos
Como muchos de los materiales y productos citados forman parte de nuestra vida cotidiana, rara vez nos detenemos a pensar en su composición o en las sustancias que pueden liberar al medio ambiente. Pero es que además implican una exposición constante, aunque muchas veces invisible, a los llamados disruptores endocrinos, compuestos capaces de imitar, bloquear o interferir con el sistema hormonal de los seres vivos. Dichas sustancias pueden entrar en el organismo a través de la alimentación, el agua, el aire o el contacto con la piel.
La exposición a los disruptores endocrinos se ha relacionado con diferentes problemas de salud, causados por las alteraciones fisiológicas que desencadenan. Se sabe que aumentan el riesgo de padecer obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, así como trastornos cognitivos y de la conducta.
Los investigadores también han detectado un incremento de la incidencia de algunos tipos de cáncer –en especial aquellos dependientes de hormonas, como el de mama y de próstata–, alteraciones en la inmunidad, problemas óseos y de crecimiento y problemas reproductivos y de fertilidad. Esta última categoría incluye la alteración y precocidad de la pubertad y la menopausia, como veremos en profundidad a continuación.
Efectos en la salud femenina
Concretamente, los disruptores endocrinos pueden interferir con la función del los ovarios, al alterar la señalización hormonal y la síntesis de hormonas esteroides. Esto se ha relacionado con una disminución de la reserva ovárica y posibles cambios en la edad de inicio de la menopausia, así como con una mayor intensidad de algunos síntomas asociados a la transición menopáusica.
Por ejemplo, fueron reveladoras las conclusiones de un análisis transversal realizado en 2015 con 31 575 mujeres de 30 o más años. Los investigadores observaron que aquellas con mayor exposición a disruptores endocrinos presentaban, en comparación con las de menor contacto, una edad de menopausia significativamente más temprana, con una diferencia estimada de entre 1,9 y 3,8 años.
En la misma línea, la exposición a determinados disruptores, como los compuestos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados y los ftalatos, se ha asociado con una menopausia más temprana, una menor reserva ovárica, alteraciones en los niveles de hormonas sexuales, trastornos del sueño y una mayor frecuencia de sofocos durante la transición menopáusica. Se trata de sustancias presentes en superficies antiadherentes e impermeables, envases alimentarios, cosméticos y juguetes, entre otros productos de uso cotidiano.
Regulación insuficiente
Dada la acumulación de evidencias, se han puesto en marcha diversas medidas regulatorias y preventivas. Así, el reglamento europeo REACH (Registration, Evaluation, Authorisation and Restriction of Chemicals) ha restringido el uso de disruptores endocrinos como el bisfenol A (BPA), el perclorato y varios ftalatos en productos cotidianos e industriales.
Sin embargo, las autoridades reguladoras todavía no han establecido una definición homogénea y universalmente aplicable para este tipo de compuestos, de los que actualmente se habrían identificado ya más de 100. Además, los niveles seguros de exposición tampoco están completamente fijados debido a la limitada información disponible sobre sus características. Esto incluye las relaciones dosis-respuesta, los efectos a largo plazo, las interacciones entre mezclas de sustancias y las exposiciones acumulativas.
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Entonces, ¿qué podemos hacer?
En todo caso, es recomendable reducir el uso de productos que contienen disruptores endocrinos ya identificados y sustituirlos por alternativas más seguras.
Algunas medidas prácticas incluirían evitar el uso de plásticos y optar por materiales como el vidrio (por ejemplo, en utensilios y recipientes de cocina); utilizar medios de transporte más respetuosos con el medio ambiente; lavar adecuadamente frutas y verduras expuestas a pesticidas para disminuir su carga química; beber agua filtrada o del grifo cuando sea seguro hacerlo; y elegir productos cosméticos y de cuidado personal con formulaciones más respetuosas con la salud y el medioambiente.
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Sara Hurtado Barroso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Plásticos, cosméticos, pesticidas… ¿cómo pueden afectar a la llegada y los síntomas de la menopausia? – https://theconversation.com/plasticos-cosmeticos-pesticidas-como-pueden-afectar-a-la-llegada-y-los-sintomas-de-la-menopausia-282902

