Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Navas Martín, Investigador en la Unidad de Referencia en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente, Instituto de Salud Carlos III

“En abril, aguas mil”. “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. “Por los Santos, la nieve en los altos”. Durante siglos, generaciones enteras en España han aprendido a interpretar el tiempo atmosférico a través de frases como estas. No son simples adornos del lenguaje rural. Representan pequeños saberes populares construidos a partir de la observación de agricultores, pastores y comunidades que dependían directamente del clima para organizar su vida cotidiana.
Cada refrán funciona, además, como un acto comunicativo cuyo sentido depende no solo de su significado literal, sino también del contexto, de la situación en la que se emplea y de la intención de quien lo utiliza.
Hoy, sin embargo, muchas de estas expresiones producen una sensación extraña. Siguen siendo familiares, pero cada vez parecen describir peor la realidad que observamos. El calor llega antes, las noches cálidas se prolongan, las nevadas son menos previsibles y los ritmos estacionales resultan menos reconocibles. No se trata solo de que haga más calor, sino de que cambian los patrones climáticos sobre los que se construyó buena parte de esa sabiduría popular. El último informe de síntesis del IPCC apunta precisamente en esa dirección, al señalar cambios en distintos fenómenos climáticos, entre ellos el aumento de las temperaturas extremas y de los episodios de lluvia intensa. El refranero sigue siendo el mismo; el clima, en cambio, está dejando de serlo.
Esta aparente contradicción plantea una cuestión poco explorada. El cambio climático no solo altera los ecosistemas, la disponibilidad de agua, los cultivos y la salud. También modifica los referentes culturales mediante los cuales las sociedades han interpretado históricamente la naturaleza.
Una forma de transmitir información ambiental
Antes de que existieran observatorios meteorológicos, modelos climáticos o aplicaciones móviles, las comunidades humanas necesitaban anticipar el comportamiento del tiempo. Había que saber cuándo sembrar, cuándo recoger, cuándo guardar el ganado, cuándo esperar lluvias o cuándo protegerse del frío.
Los refranes constituyeron una forma eficaz de almacenar y transmitir información ambiental, sobre todo las relacionadas con el clima. Su fuerza residía en dos características: condensaban regularidades observadas durante largos periodos y las transformaban en fórmulas socialmente reconocibles, fáciles de recordar y de transmitir entre generaciones.
Desde una perspectiva contemporánea, podríamos considerarlos una forma de conocimiento empírico colectivo. No pretendían describir con exactitud lo que ocurriría cada año, sino señalar tendencias suficientemente frecuentes como para resultar útiles.
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En abril, aguas mil
Cuando se decía “en abril, aguas mil”, no se afirmaba que todos los días de abril fueran lluviosos. Se expresaba una expectativa climática compartida según la cual abril debía ser, en términos generales, un mes asociado a lluvias primaverales beneficiosas para el campo.
El problema es que los datos recientes muestran una realidad mucho más irregular. Abril de 2023 fue, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el abril más cálido y seco desde el inicio de la serie en 1961, con solo el 22 % de la precipitación normal. Y abril de 2024 volvió a ser muy cálido y muy seco, con precipitaciones que apenas alcanzaron la mitad de su valor normal en la península. En cambio, abril de 2025 fue húmedo en el conjunto de la España peninsular, aunque las lluvias se repartieron de forma muy desigual. En algunas zonas del oeste peninsular, Galicia, Aragón, Extremadura o Canarias el mes fue húmedo o muy húmedo, mientras que áreas del litoral mediterráneo, Baleares y el interior de Murcia registraron un abril seco o muy seco. Además, una parte de las precipitaciones más abundantes se concentró en días concretos. Por eso, el refrán no envejece solo porque algunos abriles sean más secos, sino porque la lluvia pierde regularidad. Puede faltar en unos territorios y concentrarse con más intensidad en otros momentos y lugares.
Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo
Algo parecido ocurre con “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. El Centro Virtual Cervantes recuerda que ese “cuarenta de mayo” equivale al 9 de junio y que el refrán recomienda permanecer abrigado hasta asegurarse de que ha desaparecido el frío. El refrán presupone una primavera que podía conservar rasgos frescos hasta comienzos de junio. Sin embargo, episodios recientes de calor muestran que las temperaturas propias del verano aparecen cada vez antes en el calendario. Mayo de 2022 fue extremadamente cálido, el más cálido del siglo XXI, y junio de ese mismo año registró una de las olas de calor más tempranas de la serie.
No significa que nunca vuelva a hacer frío en mayo o a comienzos de junio. Significa que la expectativa cultural que sostenía el refrán pierde parte de su capacidad descriptiva.
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El refrán como saber popular
Los refranes forman parte de lo que solemos llamar saber popular. No proceden de laboratorios ni de tratados científicos, sino de la experiencia práctica de comunidades que han convivido durante generaciones con un territorio concreto.
Desde la sociología del conocimiento, el refranero puede entenderse como un saber situado. No nació en abstracto, sino en sociedades agrarias donde la vida cotidiana estaba mucho más expuesta al clima que la actual. Su autoridad no procedía de una institución científica, sino de la repetición, la utilidad y el reconocimiento colectivo. Donde hoy recurrimos a series temporales, registros instrumentales o modelos climáticos, muchas comunidades rurales acumulaban experiencia en forma de refranes útiles para la vida cotidiana.
Los refranes muestran, por tanto, que el conocimiento no siempre circula en forma de teoría escrita. También puede transmitirse como frase breve, consejo, advertencia o sentencia. Esa forma de saber tiene su propia lógica. No busca exactitud, sino orientación; no describe el mundo tal como es, sino tal como tiende a comportarse.
Por eso los refranes no son solo frases pintorescas. Son creaciones culturales. Organizan la experiencia, construyen sentido común y transmiten una determinada forma de mirar la naturaleza. Al repetirse generación tras generación, ciertas observaciones dejan de parecer opiniones particulares y se convierten en evidencias compartidas.
Cuando el clima cambia más rápido que el saber popular
Los datos recientes no permiten afirmar que cada refrán haya dejado de cumplirse en todos los lugares y todos los años. Esa no sería una buena lectura científica. Más bien muestran algo más sutil. Muchos refranes fueron construidos sobre regularidades climáticas que hoy están cambiando.
El refranero no debería leerse como una superstición superada por la ciencia ni como una fuente exacta de predicción. Su valor está en mostrar cómo las sociedades han construido sentido a partir de la observación prolongada del entorno.
Por eso, cuando un refrán climático envejece, no solo pierde utilidad una frase. Se desajusta una forma heredada de interpretar el tiempo y organizar la experiencia cotidiana.
Los viejos refranes siguen teniendo valor como patrimonio lingüístico, memoria rural y testimonio de una España que organizaba buena parte de su vida alrededor de los ritmos del campo. Pero también pueden funcionar hoy como indicadores culturales del cambio climático. Nos recuerdan que lo que está cambiando no es únicamente el clima, sino también el saber popular que durante siglos dio sentido a muchos refranes.
Tal vez por eso, cada vez que escuchamos “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo” en una primavera de temperaturas veraniegas, no estamos solo ante una frase antigua. Estamos ante la huella de un clima anterior, conservada en el lenguaje.
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Miguel Ángel Navas Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿’Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo’? Los refranes que ya no se cumplen debido al cambio climático – https://theconversation.com/hasta-el-cuarenta-de-mayo-no-te-quites-el-sayo-los-refranes-que-ya-no-se-cumplen-debido-al-cambio-climatico-284457
