Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Clavero Pineda, Científico titular CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)
A finales del siglo XIX se descubrió que la malaria era transmitida por mosquitos y las campañas de salud pública se centraron en reducir sus poblaciones, atacando la fase larvaria acuática de estos insectos. Comenzó una desecación masiva de cuerpos de agua, y pronto aparecieron las primeras propuestas de usar peces depredadores de mosquitos como medida adicional. Los primeros trabajos mostraron interés por unos pequeños peces que hasta entonces habían pasado desapercibidos: las gambusias.
La mayor parte de las más de 40 especies del género Gambusia habitan islas del Caribe y territorios aledaños. El nombre científico del género deriva del término cubano “gambusino”, variación del gamusino castellano, un animal imaginario que en Cuba tomó forma de pez diminuto.
Dos especies nativas de Estados Unidos, la oriental (G. holbrooki) y la occidental (G. affinis), tienen amplias áreas de distribución, que incluyen los lugares de trabajo de los primeros investigadores que proponían el uso de peces en el control de mosquitos. Esta casualidad las convirtió en estrellas de la lucha contra la malaria.
Esos primeros investigadores sabían que las gambusias no eran especialistas en el consumo de larvas de mosquitos. También se conocía que las zonas de mayor incidencia de malaria en EE. UU. coincidían con áreas de presencia de gambusias. Todos estos “peros” se perdieron rápidamente en la vorágine de la promoción entusiasta. Para 1915 se había acuñado un nuevo nombre para las dos especies estadounidenses: pez mosquito (mosquitofish). Este término publicitario fijaba las exageraciones sobre su efectividad.
Las primeras introducciones de gambusias se producen a principios del siglo XX. En 1920 había en EE. UU. numerosos centros de cría que las distribuían gratuitamente, un modelo que se replicaría en muchos lugares, España incluida.
Los de Buen y los gambusinos
Sadí de Buen fue uno de los seis hijos de Odón de Buen, fundador del Instituto Español de Oceanografía, y Rafaela Lozano Rey, hermana de Luis Lozano Rey, el estudioso de los peces más importante de España. Sadí cursó medicina, se formó en parasitología y se interesó por la malaria y los mosquitos que la transmiten. Todo en plena explosión de entusiasmo global en torno a las gambusias.
A principios del siglo XX, la malaria hacía estragos en muchas zonas de España, particularmente en Extremadura, el Bajo Guadalquivir y el litoral mediterráneo. En 1921, la oficina de pesquerías de EE. UU. organizó el envío de varios cientos de gambusias orientales desde Carolina del Norte hacia Europa. La información sobre ese transporte es confusa, pero parece que el destino de los peces era Italia. En cualquier caso, buena parte de los animales murieron en el camino, y los supervivientes acabaron en acuarios del Instituto Español de Oceanografía, en Madrid, a cargo de Fernando de Buen, hermano de Sadí.
En julio de 1921 los hermanos De Buen liberaron en Talayuela, Cáceres, “unas pocas parejas de gambusias”. Se estableció allí una abundante población desde la que los De Buen emprendieron la siembra en todo el país con el apoyo del Servicio Nacional Antipalúdico.
En apenas 25 años había gambusias en casi todo el país, incluyendo Canarias y Baleares, y se animaba a continuar expandiéndolas aún más. Pero los De Buen no llegaron a verlo. Sadí fue asesinado en septiembre de 1936, en los comienzos de la Guerra Civil, tras ser detenido en Córdoba por las fuerzas sublevadas contra la República. La mayor parte del resto de la familia tomó el camino del exilio y se asentó en México.
Hay libros, artículos y programas de radio que cuentan cómo Sadí de Buen y sus gambusias estuvieron a punto de erradicar la malaria, pero el golpismo franquista lo impidió. En este relato falla el papel de la gambusia.
El mito de la gambusia sanadora
Tras más de 120 años de uso de la gambusia en el control de mosquitos, no hay evidencias claras de la eficacia de esta estrategia. Las gambusias acaban con los insectos en ambientes controlados en laboratorios o pequeños cuerpos de agua, pero en el medio natural la cosa no funciona tan bien porque es más compleja. Las hembras de mosquito pueden detectar peces y seleccionar lugares sin ellos para realizar sus puestas, mientras las larvas pueden prosperar en microhábitats en los que la depredación es menos eficiente.
De lo que no hay ninguna duda es de los enormes impactos ambientales generados por las gambusias, que afectan a numerosos organismos acuáticos y a sus ecosistemas. En España ha sido la causa principal del declive de tres pequeños peces, parientes lejanos de la propia gambusia y hoy muy amenazados: el samaruc (Valencia hispanica), el fartet (Apricaphanius iberus) y el salinete (Apricaphanius baeticus). No existen en ningún otro lugar del mundo.
Esos impactos se intuyeron desde el principio. En 1922, Sadí de Buen llevó algunas gambusias a una reunión de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Su tío Luis Lozano Rey llamó allí la atención sobre el poco interés que se había prestado a la fauna ibérica de peces, especialmente al fartet y al samaruc, para cumplir el papel que se asignaba a la gambusia. Fernando de Buen hizo convivir en acuarios a gambusias y fartets durante dos semanas y observó daños graves en estos últimos. En 1929 escribió un artículo sobre la “invasión de nuestras aguas dulces” por las gambusias que él mismo había cuidado y liberado, advirtiendo de sus impactos negativos.
Tanto en España como en el resto del mundo, la gambusia se había convertido en una estrella indiscutible; su expansión fue imparable. A la vez que se distribuían por España, las gambusias de los De Buen se enviaron a Italia y de allí pasaron a otros países europeos y al Magreb. Mientras, desde EE. UU. se seguían mandando ejemplares a otros países. Esta expansión ha continuado hasta la actualidad. Hoy los mosquitofish son uno de los peces más ampliamente distribuidos en el mundo.
Arruinar una buena historia
No cabe ninguna duda sobre el mérito científico y civil de Sadí de Buen y sus colaboradores. Tampoco sobre el papel que su labor tuvo en la reducción y erradicación de la malaria en España. Y menos aún sobre la barbarie de su asesinato. Sin embargo, el mensaje erróneo sobre la gambusia es perjudicial en la actualidad y podría serlo más aún en el futuro.

Anónimo – Fundación Pablo Iglesias
Por un lado, aceptar el papel de la gambusia en el enorme éxito que fue la erradicación de la malaria lleva a relativizar sus consecuencias ecológicas, que pueden verse como un mal menor. La realidad es que los impactos de la invasión fueron, son y seguirán siendo enormes. No hay beneficios tangibles que puedan compensarlos.
Por otro, aún hoy se usan gambusias para combatir enfermedades transmitidas por mosquitos. Algunas de estas están extendiéndose a áreas de las que habían desparecido o nunca habían ocurrido, por efecto del cambio climático y otros factores. Mantener el mito de la gambusia como enemigo infalible de los mosquitos puede fomentar nuevas olas de invasión que llevarían asociadas nuevas pérdidas de biodiversidad.
Homenajeemos a Sadí de Buen tanto como podamos, pero abandonando el mito de sus gambusinos sanadores.
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Miguel Clavero Pineda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Sadí de Buen, los gambusinos y el mito de la erradicación de la malaria – https://theconversation.com/sadi-de-buen-los-gambusinos-y-el-mito-de-la-erradicacion-de-la-malaria-283720
