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El derecho a la salud existe, pero lo ejercemos poco

El derecho a la salud existe, pero lo ejercemos poco

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen da Casa Pérez, Profesor doctor Permanente Laboral, Universidad Pontificia de Salamanca

HOBBIT13/Shutterstock

Solemos darnos cuenta de la importancia de la salud cuando nos falla. Lo mismo nos pasa con los derechos fundamentales: solo se echan de menos cuando no está garantizado su acceso, y el derecho a la salud es uno de ellos.

¿Qué pasaría si la ciudadanía fuera consciente de (y ejerciera) su derecho al bienestar físico, mental y social de las personas? Desde nuestro punto de vista reduciría, a largo plazo, los costes derivados de un uso inadecuado de la sanidad.

Derecho a participar en las decisiones que afectan a la propia vida

El derecho a la salud no se reduce a la atención médico-sanitaria. La Organización Mundial de la Salud plantea libertades relacionadas con la autodeterminación de las personas sobre su salud y su cuerpo, y dimensiones esenciales del derecho a la salud como el derecho a una alimentación adecuada o el derecho a participar en las decisiones que afectan a la propia vida.

Las desigualdades económicas, territoriales o administrativas que dificultan el acceso a una alimentación suficiente, segura, culturalmente adecuada y sostenible, generan brechas de salud evitables. Reconocerlo implica asumir que la salud no depende solo de decisiones individuales, sino de condiciones sociales que deben garantizarse colectivamente.

Para esto último, el derecho a la comunicación es fundamental. Al fin y al cabo, las condiciones que permiten comunicarse, comprender información y recibir apoyo son imprescindibles para ejercer la autonomía, entender los tratamientos y relacionarse con los sistemas sanitarios.

Lejos de ser añadidos o periféricos, estos derechos forman parte intrínseca del derecho a la salud porque condicionan, posibilitan y sostienen la vida en condiciones de dignidad.




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Alfabetización en salud

La alfabetización en salud nos permite comprender mejor qué sucede en nuestros cuerpos y saber plantear preguntas acerca de su funcionamiento, además de entender los tratamientos, tomar decisiones informadas o hacer un buen uso de los sistemas sanitarios. Por otro lado, la alfabetización ayuda a adquirir hábitos saludables a largo plazo, con repercusiones claras sobre el bienestar físico y mental de la población.

La prevención está también íntimamente ligada a la alfabetización y, en este sentido, las nuevas tecnologías pueden impulsar exponencialmente el fomento de la salud. Quien más quien menos ha buscado en internet información sobre los síntomas o el significado de términos y siglas que aparecen en nuestros informes médicos, antes incluso de preguntar a profesionales sanitarios, pese a saber que la respuesta puede ser cuestionable.




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Peregrinaje entre especialistas

Para contrarrestar esta tendencia vale la pena promover una adecuada comunicación transdisciplinar, que facilite el cuidado de las personas y la confianza de estas hacia los sistemas sanitarios. El trabajo en red de los profesionales sanitarios podría garantizar una atención integral y evitar el “peregrinaje” entre especialistas, que con frecuencia genera frustración y abandono en quienes necesitan atención.

También es necesario visibilizar las barreras estructurales que dificultan el acceso a servicios de salud especializados, como la logopedia, la fisioterapia o la nutrición clínica. Se ha demostrado que nuestro código postal determina el acceso a profesionales (esto suele tener que ver a su vez con las barreras económicas). Por otra parte, la burocracia y el capacitismo institucional dan lugar a una fragmentación que genera brechas persistentes entre los sistemas educativos, sanitarios y sociales.

Todos estos problemas se podrían solventar con iniciativas de movilización social que fomenten la salud comunitaria en los barrios. Existen multitud de ejemplos como el “Plan comunitario de salud de Teis”, “Salubrízate” en Galicia o la iniciativa “Garrido Cuida” en Salamanca.

Garantizar el derecho a la salud implica asumir que el bienestar de una comunidad no se construye solo desde los hospitales, sino desde la educación, la accesibilidad, la alimentación, la comunicación y el trabajo coordinado entre profesionales y ciudadanía. Avanzar hacia sistemas más justos exige reconocer esta complejidad y apostar por modelos que pongan a las personas en el centro. Solo así podremos fortalecer comunidades que se cuidan, se acompañan, conocen y defienden sus propios derechos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El derecho a la salud existe, pero lo ejercemos poco – https://theconversation.com/el-derecho-a-la-salud-existe-pero-lo-ejercemos-poco-274883

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