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Cómo las lluvias intensas pueden provocar que las aguas urbanas contaminadas lleguen a ríos y playas

Cómo las lluvias intensas pueden provocar que las aguas urbanas contaminadas lleguen a ríos y playas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisenda Ballesté, Profesora agregada en Microbiologia, Universitat de Barcelona

Lluvias intensas en Barcelona, 29 de septiembre de 2026. Edu Mangas/Shutterstock

Cuando llueve, el agua refresca el aire, limpia las calles y se escurre por los sumideros hacia la red de alcantarillado. Nos despertamos en una ciudad más limpia y con un aire más respirable, pero bajo el suelo que pisamos la situación es muy distinta.

Una vez en el alcantarillado, el agua de lluvia se encuentra con las aguas residuales procedentes de nuestros hogares. Allí se mezcla con el agua de la ducha, de los grifos de la cocina y del lavabo, así como con la procedente de los inodoros. Esta agua transporta materia fecal y sus bacterias, y todo aquello que se haya arrojado al desagüe: toallitas, productos de limpieza, etc.

Si todo funciona correctamente, las aguas residuales circulan por la red de saneamiento hasta llegar a las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR). Normalmente, de ellas sale un agua mucho más limpia que se vierte a los ríos o al mar a través de unas tuberías conocidas como “emisarios”.

Como describía el cantautor valenciano Raimon, “en mi país la lluvia no sabe llover: o llueve poco o llueve demasiado; si llueve poco es la sequía, si llueve demasiado es la catástrofe”. Y, por desgracia, tenemos varios casos recientes. Por ejemplo, en la playa de Nueva Icaria en Barcelona hubo varios episodios en verano del año pasado y en las costas valencianas tras la dana de octubre de 2024. Aunque aquel episodio fue excepcional por su magnitud y las vidas que se llevó, las lluvias extremas forman parte de un escenario climático cada vez más habitual.

Cuando las depuradoras no pueden asumir tanta agua

El agua llega al alcantarillado y de allí a las EDAR. Pero las depuradoras se han diseñado para asumir un caudal dependiente del número de habitantes. No pueden asumir caudales muy superiores sin riesgo de desbordamiento o de que el sistema de tratamiento deje de funcionar correctamente. Para evitar que colapsen, las redes de saneamiento disponen de puntos de alivio conocidos como descargas de sistemas unitarios (DSU), que pueden situarse en ríos, arroyos o en el mar. En Barcelona, por ejemplo, la mayoría descargan al mar, pero también al río Besós.

El agua de lluvia mezclada con agua residual sin tratar se vierte al medio a través de estos puntos. Esta agua arrastra la materia orgánica, bacterias fecales y residuos que se arrojan al inodoro. Pero también desplaza contaminantes urbanos como metales pesados, aceites e hidrocarburos de los vehículos. De este modo, estos contaminantes terminan llegando a los torrentes y al océano.

Estos vertidos no suelen representar un grave problema para la salud pública, pero sí degradan la calidad del agua y obligan al cierre de playas o a restringir usos recreativos tras episodios de lluvia intensa.

Playas con bandera roja por contaminación

En España, la calidad microbiológica de las aguas de baño está regulada por el Real Decreto 1341/2007. Esta normativa utiliza la bacteria Escherichia coli y los enterococos como indicadores de contaminación fecal. En función de su abundancia, las aguas se clasifican como excelentes, buenas, suficientes o insuficientes. Aunque la mayoría de las playas presentan una calidad excelente, tras episodios de lluvia intensa muchas amanecen con bandera roja. Lo que significa la prohibición temporal del baño hasta que los niveles de contaminación vuelven a la normalidad.

Los datos de calidad del agua son públicos y pueden consultarse en tiempo real en el Sistema de Información Nacional de Aguas de Baño (Náyade) y en los informes anuales elaborados por el Ministerio de Sanidad. Sin embargo, una limitación es que fuera de la temporada de baño no se realiza un seguimiento de la calidad del agua. Tampoco se contempla el análisis de otros contaminantes que pueden tener efectos a largo plazo sobre la salud y los ecosistemas, como los plásticos o compuestos químicos.

Ciudades mejor preparadas para las lluvias intensas

Muchos municipios llevan años adoptando medidas para reducir los vertidos y disminuir la escorrentía que arrastra contaminantes desde las calles hasta el mar. En los nuevos desarrollos urbanísticos es habitual implantar redes separativas que recogen por conductos independientes las aguas residuales y las pluviales. Esta medida es eficaz, aunque difícil de aplicar en ciudades con redes de saneamiento ya consolidadas.

En urbes como Barcelona, Sevilla, Madrid o Alicante se han construido depósitos de retención de aguas pluviales, conocidos como tanques de tormenta. Estos depósitos almacenan temporalmente el agua hasta que las depuradoras pueden asumir su tratamiento. Barcelona dispone actualmente de 11 depósitos anti-DSU que evitan que unas 900 toneladas de materia en suspensión lleguen cada año al mar.




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Otra estrategia consiste en implantar sistemas urbanos de drenaje sostenible. Estas soluciones buscan aumentar la infraestructura verde mediante jardines inundables, cubiertas vegetales, pavimentos permeables o zanjas de infiltración. De este modo se reduce la cantidad de agua que llega al alcantarillado durante las tormentas. Parte de la lluvia se infiltra en el subsuelo, recarga los acuíferos y puede aprovecharse para el riego o el baldeo de las calles.

Es de esperar que en los próximos años disminuyan los vertidos gracias a la nueva directiva europea sobre aguas residuales urbanas. Esta directiva exige la elaboración de planes de gestión y el seguimiento de estos vertidos para conocer cuándo se producen y qué volumen vierten. La norma también contempla medidas destinadas a reducir su impacto, como la construcción de tanques de tormenta, la instalación de rejillas o tamices para retener sólidos y la adopción de mejoras urbanísticas que disminuyan la escorrentía.

Durante décadas hemos intentado evacuar el agua de lluvia lo más rápido posible. Hoy sabemos que, a menudo, es preferible retenerla, infiltrarla y aprovecharla. Parte de la solución a los problemas podría consistir, precisamente, en permitir que el agua de la lluvia vuelva a comportarse como lo haría en la naturaleza.

Elisenda Ballesté recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el programa europeo Interreg POCTEFA para actividades de investigación.

– ref. Cómo las lluvias intensas pueden provocar que las aguas urbanas contaminadas lleguen a ríos y playas – https://theconversation.com/como-las-lluvias-intensas-pueden-provocar-que-las-aguas-urbanas-contaminadas-lleguen-a-rios-y-playas-293122

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