Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Rayón Viña, Investigadora Postdoctoral Severo Ochoa en el departamento de Filosofía, Universidad de Oviedo
Imaginemos el siguiente problema: estamos intentando enviar basura al espacio para evitar que siga acumulándose en la Tierra, pero todavía no somos capaces de hacerlo de manera eficiente. ¿Cómo podríamos solucionarlo?
Cuando planteé esta pregunta a mi alumnado de grado en Ingeniería, durante la asignatura de Ecodiseño, una de las soluciones propuestas fue construir ascensores que pudieran propulsar los residuos fuera de la Tierra. Desde una lógica estrictamente técnica, la respuesta tenía sentido: habían identificado un problema y diseñado una posible solución.
Pero entonces les dije que quizá el problema no era cómo enviar mejor la basura al espacio. Quizá el problema era que generábamos tanta basura que habíamos llegado a considerar razonable expulsarla del planeta.
El ejercicio, claramente, tenía “trampa”. No pretendía comprobar si podían imaginar mejores tecnologías, sino si podían cuestionar el problema que se les había entregado. Y lo planteé porque estaban cursando el módulo de ética ecológica de la asignatura.
Los límites del diseño
Cuando hablamos de los límites de la tecnología, desde la ingeniería se piensa en aquellas cosas que aún no somos capaces de construir, de desarrollar, de optimizar. Sin embargo, desde la perspectiva de la filosofía, cuando hablamos de los límites de la tecnología nos referimos a aquellas cosas que, aunque se puedan hacer, quizás no se deben hacer.
Una parte importante de la formación técnica enseña a optimizar soluciones dentro de unas condiciones dadas. La filosofía introduce otra posibilidad: detenerse, antes de resolver el problema, a analizar si debemos abordar el problema de raíz. Porque podemos ser extraordinariamente buenos resolviendo un problema y, aun así, estar resolviendo el problema equivocado.
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Lo que la filosofía aporta a la ingeniería
Esto resulta especialmente relevante en un momento de la historia en el que la innovación tecnológica avanza a gran velocidad. Ante la inteligencia artificial, la movilidad eléctrica, los coches autónomos o la transición energética, buena parte de la conversación pública gira en torno a cómo conseguir tecnologías más eficientes, más rápidas o más potentes, pero no siempre nos paramos a pensar si estamos resolviendo, o quizás alimentando más el problema.
La formación técnica necesita también de la filosofía porque esta aporta, al menos, tres habilidades especialmente valiosas para quienes diseñan y desarrollan tecnología.
Una mirada crítica al problema
La primera es aprender a cuestionar el problema antes de intentar resolverlo. En ingeniería, muchas tareas llegan ya formuladas para buscar eficiencia, velocidad o rendimiento. La filosofía nos enseña, no obstante, que estos planteamientos no son neutrales: conviene preguntarse quién ha definido el problema, qué objetivos se han dado por supuestos, qué alternativas han quedado fuera y quiénes se verán afectados por la solución.
Pensemos, por ejemplo, en la inteligencia artificial: podemos preguntarnos cómo construir modelos más rápidos, precisos o potentes. Pero también podemos detenernos un instante y pensar: ¿qué decisiones queremos realmente automatizar? ¿Y a quién afecta? [¿Qué recursos necesita?] ¿Qué usos queremos priorizar y de cuáles podríamos prescindir?
Mirar más allá de la eficacia
La segunda enseñanza es aprender a mirar más allá de la eficacia. Una solución puede funcionar perfectamente y, al mismo tiempo, vulnerar derechos o desplazar sus costes hacia personas, comunidades o ecosistemas que apenas aparecen en el proceso de diseño. Las teorías éticas permiten introducir preguntas que una especificación técnica no siempre recoge: ¿quién se beneficia? ¿Quién asume los riesgos? ¿Qué daños estamos dispuestos a aceptar? ¿Hay límites que no debemos cruzar?
En las clases de ecodiseño trabajamos con la idea de que un diseño no debe evaluarse solo por lo que consigue, sino también por cómo distribuye sus efectos. Aprenden que toda decisión tiene una consecuencia más allá de lo técnico, y que la tecnología no es ajena al mundo en el que se implanta, sino que es una parte importante de ella porque transforma el mundo social, político y ambiental del que forma parte.
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¿Quién asume los costes de un diseño?
La tercera enseñanza es aprender a cambiar de perspectiva. Quien diseña o utiliza una tecnología ocupa a veces una posición muy distinta de quien asumirá sus costes, sobre todo, ambientales. Lo estamos viendo, por ejemplo, en la implantación de centros de datos.
Cambiar de perspectiva significa preguntarse qué ocurre si dejamos de mirar únicamente desde el lugar de quien disfruta del servicio y nos situamos también en el de quienes viven en los territorios donde se instalan esas infraestructuras, de quienes proporcionan la energía o los materiales necesarios para mantenerlas, o de quienes asumirán sus consecuencias ambientales a largo plazo.
La pregunta deja entonces de ser únicamente cuánto puede hacer una tecnología y pasa a ser también cómo se distribuyen sus beneficios y sus costes.
Un diálogo imprescindible y constante
Nada de esto significa, no obstante, que la filosofía deba situarse por encima de la ingeniería. La primera también necesita de la segunda para imaginar futuros posibles. Los grandes desafíos contemporáneos difícilmente pueden abordarse desde una sola disciplina.
Necesitamos profesionales de la ingeniería que sean capaces de preguntarse qué merece la pena construir, y filósofos capaces de dialogar con quienes pueden convertir otras formas de imaginar el mundo en soluciones reales. El encuentro entre ambas disciplinas es imprescindible si queremos no solo imaginar sociedades más justas, sino también construirlas.
Beatriz Rayón Viña no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. No todo lo que es posible es deseable: lo que la filosofía aporta a la ingeniería – https://theconversation.com/no-todo-lo-que-es-posible-es-deseable-lo-que-la-filosofia-aporta-a-la-ingenieria-291892
